Mirando como niños.

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Por Froy.

Charles. – ¿Que estás viendo?

Froy. – Una foto que encontré en mis cosas.

Charles. – U’ mm, una foto cuando éramos niños.

Una vieja foto a colores, de esas cámaras tipo rollo marca Konica, aparatos sencillos que debías esperar meses para hacerlas revelar.

Con los pelos largos, rostros paspados, curtidos por el sol, ropa limpia y zurcida de los rotos, cicatrices frescas de raspones en la rodilla, en una actitud desafiante, imbatible ante el mundo, un mundo nuevo, donde unas piedras, cuerdas, latas, cortezas de madera, servían para construir un centro de juegos. Uyyy, como olvidar nuestra pelota, cuánto queríamos a esa pelota, ese pedazo de cuero vacío que nos daba tanta felicidad, jamás existía peros para dejar de jugar, sea en la lluvia, la noche, el calor, el invierno, mientras había aire en los pulmones, un corazón fuerte, voluntad de ganar, ¡No había limites! Una pileta milagrosa ayudaba a mitigar la sed que el sol nos castigaba en las tardes calurosas de verano.

Las criaturas pequeñas bajo nuestros pies, sapos, hormigas, langostas, arañas y murciélagos eran parte de la clase de biología y botánica de la niñez. De un tiempo a esta parte se fue al olvido, fue cambiado por la moneda de ser adulto.

Fue difícil ser niños, no por los juegos, no por las carencias y los peligros de la naturaleza, sino por los problemas que los grandes nos escondían, no teníamos voz en ese tiempo para decir lo que pensábamos o queríamos, el dinero, la comida, las enfermedades, los problemas de pareja, el alcohol, la guerra y muchos otros, solo escuchábamos decir de los mayores: ¡Qué sabes tú de eso! ¡Cada cosa tiene y llega a su tiempo! ¡En esta casa mando yo, y estas son mis reglas, punto!

El mundo ha cambiado desde que tengo uso de razón, abuelos olvidados, incontables cuentos jamás contados, nuestros niños de ahora atados con el celular a las manos, permanecen encerrados al lado de la televisión niñera, video juegos, computadora, internet, tan solo para evitarles los peligros de la sociedad; privarlos de sus centros de juegos con la excusa: ¡Te vas caer! ¡Te van picar! ¡Te vas resfriar! Y el quitarles el interactuar con la naturaleza para descubrir en ella lo hermoso de esta tierra, para apreciarla, admirarla y respetarla.

Será difícil para ellos, lo fué para nosotros y lo será para los que vengan. Dejemos que se rían de sus ingenuas ocurrencias, el camino de descubrir su mundo, que jueguen, que se diviertan en sus jardines con sus mentes infantiles, inocentes criaturitas del Dios supremo, hasta el momento en que despierten de esta realidad, este universo.

Exhale un suspiro de melancolía, guarde la foto en su lugar, cerré el cuaderno que los cuidaba. Charles dándome golpes en el hombro agrega:

– Fue un buen tiempo, más el reino de los cielos es de los niños.

– ¡No dejas de serlo mientras juegues como ellos!