CONTRABANDO CARNAVALERO

47

Todos pensamos que el contrabando viene en grandes camiones con acoplado y por poco con un cartel que dice que es lo que llevan. Cuando vamos por las ferias tarijeñas o visitamos ciertas zonas donde hay tiendas que comercializan de todo, nos preguntamos cómo llegan todos eso productos hasta aquí si es que supuestamente hay un control estricto en las fronteras, en especial con la Argentina.

Nosotros mismos informamos sobre la incautación de gran cantidad de mercadería que pretendía ser introducida al país de manera ilegal, hasta mostramos cómo se destruye y, más de una vez, reclamamos porque pensamos que eso debería ir destinado a los pobres u hogares de niños y ancianos. En fin, de ahí que reaccionamos y cuestionamos el porqué hay tanto producto extranjero en nuestros mercados, si los camiones que lo llevan son detenidos a tiempo. Sucede que los contrabandistas saben qué hacer en estas situaciones y de alguna forma tienen gente que de a poco, se encarga de transportar los productos “uno por uno”, ese contrabando hormiga es el que escapa del control y afecta a los productores que ven como lo suyo no se vende y lo foráneo ilegal si, por la diferencia enorme de precio. El empresario debe pagar una cadena de obligaciones que va desde lo más elemental que son los sueldos, hasta lo más agarrado de los pelos como es el segundo aguinaldo. Obvio que en medio está el pago de impuestos y otras obligaciones sociales y laborales que ponen en vilo su esfuerzo e inversión.

El contrabando hormiga es muy difícil de detectar y compromete a muchas personas, no solo a las  que llevan sino también a las que dejan pasar. Si no se puede concretar un tarea de control efectiva y eficiente, se deben tener mecanismos que, aunque sea temporalmente, liberen a las empresas nacionales o regionales, de ciertos compromisos para evitar que quiebren y generen un problema social de magnitud. Por supuesto que, mientras tanto, la guerra contra el contrabando debe continuar.