Los obispos se juegan la vida ante la represión de Ortega en Nicaragua

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El Comercio

“Bueno, hermano, ahora sí literalmente esto me está costando sangre”. Este fue el mensaje que Silvio Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, le envió a uno de sus hermanos luego de la agresión física que él y otros religiosos sufrieran a manos de paramilitares el 9 de julio en Nicaragua.

Diez días después, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, acusó de golpistas a los obispos de la Conferencia Episcopal Nicaragüense (CEN) por sumarse al pedido de adelanto de las elecciones generales a marzo del 2019.

Solo tres meses antes, el régimen orteguista había urgido a esos mismos clérigos a actuar como mediadores en el diálogo nacional para salir de la crisis iniciada hace cien días.