Aprendiendo de nuestros errores

5

Miles de personas lucharon contra el fuego en Sama, en distintos frentes, el coraje y la convicción fueron su sello, ese que el incendio no pudo borrar, no pudo vencer, el pueblo con su inmenso corazón lo hizo… se impuso, le ganó a la desesperanza e incertidumbre que se iban apoderando de nosotros.

Sin duda habrá, y tiene que haber, un antes y un después, lo que nos queda es aprender la lección y exigir que las autoridades elaboren un plan de contingencia y desarrollen los mecanismos necesarios para que nunca más pasemos por lo mismo, quedan las cicatrices y seguro dolerán por mucho tiempo, se fueron tres vidas y eso es mucho, demasiado, intolerable, inaceptable. Se debe organizar en primera instancia la limpieza de los lugares afectados, no nos referimos a lo que se quemó sino más bien a todo aquello que se usó y desechó por los voluntarios, botellas y vasos plásticos, refrescos en estuches de igual material, etc, no se puede reprochar nada porque a quienes se les entregaba, estaban arriesgando sus vidas por miles de nosotros que nos quedamos ayudando de otra manera pero no tan cerca de los cerros en llamas. Es urgente la recolección de todo lo utilizado para preservar lo poco que queda de este símbolo de Tarija.

De hecho que la rehabilitación de las miles de hectáreas dañadas es un reto por delante, cómo recuperamos el terreno perdido, surgió una iniciativa para plantar lapachos, ceibos, etc que podría darle vida a todas las áreas damnificadas, es cuestión de voluntad , el resto viene luego. La unidad del pueblo no sólo debe servir para apagar incendios sino también para pedir a las autoridades que se reúnan y trabajen, de la manera más transparente, deponiendo actitudes políticas que sólo alejan pero cuando hay intereses de por medio, acercan mentirosamente a muchos.