VIE
SEP
21
Opinion

NUEVA EDUCACIÓN: GESTIONAR LA MEMORIA, ANTES QUE MEMORIZAR

Por ethic.es
El filósofo José Antonio Marina reivindica un modelo educativo que no se limite a la acumulación de conocimientos.

«Por qué necesitamos una nueva teoría de la inteligencia? Porque aún no hemos dado con la correcta. La Psicología actual está hecha con muy buen material, cada ingrediente es fantástico. Es lo que llamo la ‘pedagogía de la hamburguesa’. Ahora hace falta organizar todos esos ingredientes, no basta con que estén unos encima de otros». Así ha introducido José Antonio Marina su ponencia en el I Simposio de Inteligencia Ejecutiva y Educación organizado por la Universidad de Nebrija y Santander Universidades, que se celebra los días 18 y 19 de mayo. El filósofo e investigador, uno de los referentes mundiales en pedagogía actual, aboga por un nuevo modelo educativo: «La función principal de la inteligencia no es conocer, es dirigir la conducta». E incide en la almendra del debate actual sobre educación: ¿Es mejor llenar el cerebro de un niño de conocimientos, o enseñarle a gestionarlos?
Y ahí, precisamente, entra el estudio de las funciones ejecutivas, posiblemente, la mayor aportación que la neurociencia ha hecho a la pedagogía hasta el momento, y objeto de estudio durante las dos jornadas que ha durado el simposio. Sus organizadores se remiten a las palabras del doctor en Piscología y Filosofía Stuart Shanker: «Estamos en medio de una revolución en la teoría y la práctica educativas. Los avances científicos en diversos campos apuntan a una misma conclusión: que el modo de comportarse de un alumno en la escuela puede depender del modo en que sepa autorregularse. Algunos investigadores creen que la autorregulación debería ser considerada como un indicador más importante de los desempeños educativos que el cociente intelectual». En la Universidad de Nebrija añaden: «No se trata de una moda educativa más, sino del modelo de inteligencia, de aprendizaje y de educación más completo y potente del que disponemos en la actualidad».
La autorregulación debería ser un indicador más importante que el cociente intelectual
El centro de desarrollo de la infancia de la Universidad de Harvard acaba de publicar un documento titulado Building the Brain “Air-Traffic Control” System, (Construyendo el cerebro de un controlador aéreo) enfocado, precisamente, a desarrollar esas funciones ejecutivas, que son esenciales, pero no nacemos con ellas: «Son las que nos permiten controlar los impulsos, hacer planes, y focalizarlos. Nacemos con el potencial de desarrollarlas durante la infancia y la adolescencia. Ayudar a adquirirlas es una de las mayores responsabilidades de la sociedad», ha dicho Marina durante su ponencia.
El filósofo ha determinado su ubicación, en el lóbulo frontal: «Es el que tarda más en madurar. El epistemólogo Jean Piaget hizo mucho daño cuando afirmó que la maduración psicológica es independiente de la educación. Porque están íntimamente relacionadas. Hay que fortalecer las funciones ejecutivas, se puede, con educación. No aumentamos la inteligencia, pero sí la atención voluntaria y el control del esfuerzo. Si no, estaremos retrasando la maduración del lóbulo frontal hasta los 20 ó 21 años de edad».
Es fácil comprender la relación entre las funciones ejecutivas y la educación. En primer lugar, porque son funciones que deben fortalecerse educativamente, y, en segundo lugar, porque su buen manejo permite elaborar una pedagogía eficiente y liberadora. Según las conclusiones del simposio, «ayudan a que el alumno pueda pasar de una disciplina externa a la autodisciplina, de una motivación extrínseca a la automotivación y de una regulación emocional externa a la autorregulación de un aprendizaje impuesto a un autoaprendizaje».
Marina reivindica, en la educación, un modelo dual de inteligencia: «Por un lado la generadora o computacional, que capta información, y la guarda en la memoria. Es como cuando caminando esquivamos, instintivamente, una rama que no habíamos visto, para que no nos dañe un ojo. El sistema trabaja fuera del nivel de nuestra consciencia, utiliza por sí mismo una información adquirida previamente. Y la otra es la inteligencia ejecutiva: es como un guía que, con la información que ha recogido la memoria, la organiza y la gestiona. Ahí sí entran en juego la voluntad y las decisiones de la persona». Y concluye: “Esta es la que hay que desarrollar, y tiene una aplicación clarísima para la educación. Ese es el cambio de modelo: que en las aulas se deje de alimentar solo la inteligencia computacional, y se eduque la ejecutiva”.

Opinion

Big data: La herramienta definitiva para sobrevivir en un mundo salvaje

Por ethic.es
En Big Data For Social Good 2018, diferentes expertos debaten acerca de una de las aplicaciones más relevantes que el ‘big data’: la preparación ante desastres naturales y la prevención frente al cambio climático.
Con la llegada del big data, cada día nos enfrentamos a un inmenso abanico de variables que pueden cambiar el planeta. Vivimos en un mundo cada vez más digitalizado en el que la actividad humana genera una inmensa cantidad de datos. Toda esta información, junto a un análisis avanzado de la misma, ayuda a afrontar los efectos del cambio climático y otros retos de este siglo: desde señalar zonas de riesgo de inundación hasta analizar el nivel de analfabetismo en zonas de difícil acceso o predecir la difusión de enfermedades como el Zika. Esto es lo que se denomina Big Data for Social Good, una serie de proyectos e iniciativas basadas en datos que funcionan como motor hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por la ONU para 2030.
LUCA (la unidad de Telefónica especializada en datos) ha organizado el evento Big Data For Social Good 2018, como punto de encuentro y espacio de debate alrededor de una de las aplicaciones más relevantes que el big data puede tener en su faceta más social: la preparación ante desastres naturales y la prevención frente al cambio climático. «A priori, cuando la naturaleza se rebela, nos encontramos ante escenarios de máxima incertidumbre, donde la salud y calidad de vida de las personas están amenazadas. El análisis y la toma de decisiones basada en datos puede permitir obtener mejores respuestas y generar planes de acción más eficientes frente a catástrofes futuras y los efectos del cambio climático», dicen sus organizadores. No en vano, el evento lleva el siguiente encabezamiento: Ready for a wild world (Preparados para un mundo salvaje)
El cambio climático está generando situaciones de extrema pobreza
Abrió la ponencia Kyla Reid, directora de Servicios Móviles para Identidad Digital e Innovación Humanitaria en GSMA, una organización de operadores móviles y compañías relacionadas, que cuenta con más de mil asociados: «Hay muchas vías por las que la industria de los teléfonos móviles pueden ayudar en los problemas que asuelan el mundo, como por ejemplo reducir el impacto del cambio climático, aumentando la capacidad de resiliencia de los ciudadanos, así como la capacidad de reaccionar ante emergencias y desastres naturales: hablamos de casi dos mil millones de personas afectadas en todo el mundo. Pero también de más de 15 millones de personas que mueren cada día por enfermedades infecciosas, la mayoría en países en vías de desarrollo».
Reid aprovechó para definir la postura de GSMA frente a estos escenarios: «Nuestro papel como organización aglutinadora de gran parte de esa industria es usar la tecnología móvil para afrontar las crisis que afectan a tantas personas. Esto, claro, pasa por el buen uso del big data». Reid pone algunos ejemplos: «Telefónica, Vivo y Luca han implantado su tecnología en Brasil, para obtener datos inmediatos de la polución ambiental en las grandes ciudades, y de qué manera afecta a la salud de la población» Y concluye: «La clave es introducir la tecnología y desarrollarla a nivel local, para que cada país pueda usar esas herramientas y todos esos datos, y aprovecharlos en acciones humanitarias».
Natalia Winder Rossi, responsable de Protección Social en FAO, aprovechó su espacio para alertar sobre la situación mundial: «767 millones de personas viven hoy en la extrema pobreza. Dos de cada tres, viven en zonas rurales. Su subsistencia depende en su mayoría de la agricultura, la pesca y los recursos naturales. Todo esto se acentúa por el hecho de que el 87% de estas personas viven en zonas muy vulnerables al cambio climático, por lo tanto su medio de vida es extremadamente frágil hoy en día». Winder aportó algo de luz: «Los datos pueden ayudar a reducir el impacto de la hambruna en el mundo». Y presentó el proyecto de colaboración entre la FAO y Telefónica: «Nuestro objetivo es desarrollar y promover el uso de las tecnologías digitales e internet para que la población local a pequeña escala, como familiar y granjeros, puedan acceder a esos datos y usarlos para afrontar, e las crisis naturales que afectan a sus medios de subsistencia. Me refiero a poder acceder a algo que nos parece muy normal, como información meteorológica, para poder anticiparse a una sequía o inundaciones, por ejemplo. Estamos formando ahora a los productores locales y familias de Ecuador, El Salvador, Perú, Colombia y Guatemala».
Alberto López, director de Desarrollo de Negocio de la operadora satelital Digital Globe, mostró las capacidades de la vasta red de satélites geoespaciales para recabar datos en tiempo real hasta de la aldea más recóndita «Todos los días, satélites monitorizan los daños del cambio climático y los desastres medioambientales. La información directa que recaban permite realizar, con una rapidez hasta ahora desconocida, medidas de contingencia y prevención a nivel local para las poblaciones afectadas, hasta las más pequeñas, que son las más vulnerables».
Emmanuel Letouzé es director y cofundador de Data-Pop Alliance, una coalición global de Big Data para el desarrollo creada en 2013 por Harvard Humanitarian Initiative (HHI), MIT Media Lab y el Overseas Development Institute (ODI). En su intervención dejó claro el valor de la información hoy en día: «El recurso con más valor del mundo ya no es el petróleo como hasta ahora; son los datos». Y añadió: «La clave es usar todos los algoritmos resultantes de esa ingente información para convertirnos en sociedades más resilientes, capaces de afrontar las grandes crisis climáticas, sanitarias y de pobreza que asuelan a gran parte de la Humanidad».
«El recurso con más valor del mundo ya no es el petróleo como hasta ahora; son los datos»
Emmanuel Letouzé
La nube de datos es enorme, pero no siempre está al alcance de todos: en estas situaciones, las iniciativas más pequeñas también pueden ayudar a sociedades enteras. Así lo demostró Chema Alonso, CDO de Telefónica y previamente, fundador y CEO de Eleven Paths, empresa filial de Telefónica Digital centrada en la innovación en productos de seguridad. Aprovechó su ponencia para presentar su proyecto Pigram, una aplicación gratuita que permite seguir comunicándose vía SMS cuando se cae la red por un desastre natural. «Funciona a través de canales alternativos a los 3G y 4G», explica y añade: «Nuestro objetivo es anticiparnos. Y para eso, creamos herramientas de antemano para resolver problemas que surgen derivados de desastres naturales».
Existen otras soluciones creativas, como la que expuso Patrick López, vicepresidente de Innovación en Red de Telefónica: «Hemos sido la primera operadora del mundo en utilizar tecnología de Loon: consiste en globos que flotan a 20 kilómetros de altura, y se conectan con la red de tierra para dar conectividad a los servicios de emergencia».
Una vez más, se trata de una solución para favorecer la conectividad en casos extremos. El acceso al big data y su uso en favor de la Humanidad es, hoy por hoy, una herramienta imprescindible para encarar el cambio climático y sus consecuencias. Sin duda, el mayor reto al que nos enfrentamos este siglo. Los organizadores de la ponencia resumen todo lo allí expuesto con una pregunta: «¿Qué ocurriría si todos nos pusiéramos de acuerdo y consiguiéramos gestionar de manera óptima esos datos para crear patrones y tomar mejores decisiones?». La respuesta, está en nuestra mano.

Opinion

MIL PALABRAS (201) La gestión del tiempo

Si yo fuera un hombre de leyes quizás hallaría una explicación mucho más práctica y sencilla; pero me decanté por el periodismo y ahora, en el otoño de mi vida, creo que tomé la decisión correcta para pensar en dedicarme en serio, de un modo profesional, a mi vocación, la literatura. Pero de eso ya tendremos tiempo de hablar aunque en esta columna un servidor escribe, expone sus ideas y usted las lee y alguna vez, si nos encontramos por la calle, me las comenta, lo cual, dicho sea de paso, me ayuda mucho. De modo que vayamos al meollo del asunto.
Durante toda la semana se ha mantenido (y mantendrá) la controversia sobre la Ley de Organizaciones Políticas y, en particular, sobre las elecciones primarias convocadas para el mes de enero. Más allá de las sugerencias del Tribunal Supremo E lectoral y el debate (en fin, es lo que hay) en la Asamblea Legislativa, uno se pregunta en qué parte de nuestra reciente historia democrática perdimos la esencia de la misma; en otras palabras, dónde nos olvidamos que el voto del pueblo, ese sufragio universal por el que pelearon nuestros padres y madres, es soberano, incuestionable y vinculante. Me refiero, naturalmente, al referéndum del 21 de febrero de 2016 en que Bolivia (o una parte de ella) dijo NO a la posibilidad de reelección del presidente Evo Morales en los comicios generales de octubre del año que viene. Sí, lo entiendo, ahí está el fallo del Tribunal Constitucional y ese “derecho humano” del primer mandatario a perpetuarse en el poder por activa o por pasiva; pero todo me parece un debate tan ocioso como innecesario si al fin y al cabo todos asumiéramos que en democracia el voto popular no merece mayor escrutinio. Simplemente se debe cumplir, honrar y respetar. Ya está.
Por supuesto, Bolivia es diferente. A pesar de pregonarse la descolonización a los cuatro vientos, mantenemos esa doble moral altoperuana que tanto daño nos ha hecho en nuestra historia y que incluso, fíjese usted en lo que le digo, nos llevó a perder el mar. Ahora, por remover tanto el cesto de las manzanas (alguna podrida y otra demasiado verde) estamos al borde de perder la democracia. Se está abriendo paso al subterfugio político y la manipulación para habilitar una segura candidatura de Evo y Álvaro que no tenga posible discusión en un ámbito eminentemente legal. Pero usted comprenderá, muy señor mío, que lo legal no es siempre lo justo. Y éste, perdóneme usted, es uno de aquellos casos. Porque ya me explicará alguien cómo se pueden convocar elecciones primarias en tiempo récord a sabiendas que se juega con un as bajo la manga.
A día de hoy no existe un partido u organización política que pueda estructurar una elección primaria en el corto espacio de un mes. O quizás sí. Será, en todo caso, una chapuza producto de la improvisación y la celeridad (metele nomás) que únicamente beneficiará al Movimiento Al Socialismo (MAS) que no sólo tiene una candidatura sólida sino también la cintura suficiente para gestionar los tiempos. Y esa es la clave en todo proceso político: la gestión del tiempo.
PD: Le prometo que la próxima columna será un relato.

Opinion

MIL PALABRAS (202) Un don divino

Por Ramón Grimalt

Lo trajeron con una bala en el pecho y la camisa hecha jirones para tratar de frenar la hemorragia. Él había visto ese tipo de herida muchas veces. Pero nunca en un niño. Se preguntó qué carajo hacía aquel proyecto de persona aún por pulir en medio de la vorágine. Alrededor estaba la respuesta. Lejanos sonaban aún los ecos de la protesta ciudadana contra el gobierno que había hipotecado el futuro del país en un contrato de venta de gas a California mientras mucho más cerca, casi en su oído, ululaban las ambulancias y las patrullas de policía.

-¡Todavía está con vida, doctor Rengel! Le espetó una enfermera que tomaba el pulso cardiaco a la víctima, un retaco que no debía pasar de los seis años. Sin duda, un nuevo caso de estar en el momento inadecuado. Sí, aquello también lo había visto. Y vivido.

-Primero limpiaremos la herida. Luego métanlo al quirófano. Yo procederé a la extracción. Afirmó el médico de la sala de emergencias con un aplomo impostado. Ciertamente la herida se veía mal, fatal, siendo más precisos, y seguramente la bala se había alojado en un área vital.
La enfermera limpió la herida. El niño no se quejaba. Estaba lo bastante aturdido para dejar que su mente volara a algún lugar incierto más allá del caótico horizonte que le había tocado vivir. Afuera, la ciudad, bullía. El doctor se preguntaba si su familia estaría a salvo. Pensó en sus hijos. Suspiró aliviado al recordar que habían suspendido las clases.

-La herida está limpia, doctor. Anunció la eficiente enfermera mientras su compañera enjugaba el sudor que perlaba la frente de aquella pequeña víctima de la intolerancia adulta.

-Adminístrele un calmante-ordenó el doctor-Esto podría dolerle un poco.
La enfermera buscó una vena en el brazo del niño y administró el calmante. El doctor se dispuso a extraer el proyectil. Por el orificio dedujo que se trataba de un arma corta, con toda probabilidad un revólver. “Quién puede ser tan cruel y malvado de disparar a un niño a quemarropa” se decía mientras retiraba los restos de la camisa que vestía. Entonces sobrevino una imagen de su infancia. Estaba en la arboleda de don Fabián. Allí crecían los manzanos más robustos y hermosos de la comarca. Pedro, su hermano mayor, encabezaba la operación. Cinco chicos, todos de la pandilla, se habían puesto de acuerdo para conseguir la mayor cantidad de manzanas rojas y llevarlas a casa de la abuela Emma, famosa por su tarta cocida a fuego lento. Entre ellos estaba, naturalmente, Amancio que era el más bajito de todos. Por ello, una vez cruzada la cerca, lo animaron a que trepara a lo más alto del viejo manzano e hiciera caer sus frutos. “Date prisa, se hace de noche”, le apuraba Pedro mientras el resto vigilaba que no aparecieran los perros del dueño de aquel campo. Cuando los escucharon ladrar aún en la lejanía de la casa de piedra y teja verde los chicos se sobrecogieron. “¡Dale! ¡Vámonos!” insistió Pedro, mientras Amancio se sostenía con las rodillas de una rama lo bastante firme y con la mano derecha sacaba una manzana detrás de otra. El Rubio, uno de los chicos de la pandilla, advirtió que el labrador había soltado a los perros que ladraban como poseídos por un espíritu maligno.

“¡Largo! ¡Salgamos de aquí!” dijo a gritos Pedro. “¡Salta!” Le pidió a su hermano aún enredado con las rodillas en la rama del manzano. Pero Amancio estaba paralizado. Sobre todo cuando un tiro rasgó la leve penumbra. “¡Joder! ¡Nos están disparando!” alertó Josele orinándose en sus pantalones demasiado cortos. “¡Salta de una puta vez!” insistió Pedro desesperado. Pero su esfuerzo fue en vano. Un segundo disparo, quizás al azar, derribó al niño. “¡Coño! ¡Me lo han matado! ¡Han matado a mi hermano!” Gritaba Pedro mientras don Fabián aparecía como un espectro abriéndose paso entre las primeras sombras de la noche con una escopeta aún humeante. “Yo no quería… Yo… Pensé que eráis ladrones”, explicaba a balbuceos el campesino.
El doctor Amancio Rengel hizo un alto para abrirse la camisa. El calor era infernal, pero aquel no era el motivo. Buscó una cicatriz en su pecho, hoy muy lejana, sin duda el recuerdo de don Fabián. Entonces un médico rural cuyo nombre había se tomó el trabajo de retirar uno a uno los fragmentos de plomo albergados en una herida muy aparatosa que requirió trece puntos de sutura. “Esto será más complicado”, consideró y pidió anestesia cuando una cuadrilla de rescatistas ingresaba portando un hombre de mediana edad que no dejaba de quejarse herido en una pierna.
-Escalpelo-pidió a la enfermera-Demeese, por favor.

Fue entonces, cuando iba a hacer una incisión, que el doctor sintió que un escalofrío recorría su espalda. De pronto se le comprimió el pecho y la cicatriz de la vieja herida latía como si aún estuviera en carne viva. En un principio pensó que sobrevenía un infarto.
-¿Le pasa algo, doctor? Preguntó alterada la enfermera.
-N-nada-dijo el médico arrastrando las palabras-Es una leve molestia. Ya pasará.
Pero no pasaba, se hacía más intensa. Amancio escuchó una vez de boca de un contador de cuentos que recorría ciudades y pueblos que los supervivientes son premiados con el don divino de la sanación. Él mismo se ponía como ejemplo. Ante un grupo de niños formando un corro a su alrededor el cuentacuentos narró su experiencia en un campo de batalla. El enemigo había tomado por asalto una trinchera y la compañía apenas podía resistir la defensa de una casamata. Un soldado enemigo disparó su arma contra el comandante del puesto de avanzada y falló en primera instancia; cuando recargó el viejo cuentacuentos interpuso su cuerpo y recibió el balazo. El oficial huyó con sus hombres y el valiente recluta fue capturado. Allí, en el campo para prisioneros de guerra, se declaró una epidemia de viruela. “Me llamaron a limpiar la letrina del capitán a cargo. Escuché que el oficial pedía un vaso de agua, serví uno y se lo acerqué. Lo que me sucedió es increíble. Aún ignoro qué fuerza me impulsó a absorber su dolor. Poco después la enfermedad había desaparecido”.
Amancio movió la cabeza pretendiendo cerrar los cajones de su memoria.
-¡Doctor! ¡El niño! Alertó la enfermera.
Amancio Rengel estaba atónito. No había una explicación científica. La bala emergía entre la carne y la piel del pequeño atraída por un potente imán que no era otro que la herida en el pecho del médico.
-¡Cuidado! Gritó la enfermera ante aquel hecho extraordinario.
Pero Amancio había pasado de la estupefacción a una paz interior jamás sentida. La antigua herida capturó la bala deshaciéndola en pedazos de plomo que se incrustaron allá donde don Fabián había apuntado cuarenta años atrás. No había dolor. El proceso resultó intenso y breve. Poco a poco el niño fue recobrando la consciencia y el doctor Rengel el latido de su atribulado corazón.
-¡Esto no es posible! ¡Ay, mi querido Pablito! Celebró emocionada la madre del niño herido abrazándolo con fuerza.
La enfermera se persignó.
-Doctor-lo que ha pasado…
-¿Es real, quiere usted decir?
-Sí, doctor Rengel. ¿Ha sucedido?
-Pues mire usted, Berta-dijo Amancio-Quizás todo es un sueño del que nadie quiere despertar.
Y el médico se despojó de los guantes, el barbijo, la cofia y la bata, se bajó las mangas de la camisa y miró al cielo más azul celeste del mundo.
-Tienes extrañas formas de manifestarte, viejo. Dijo. Y alguien allá arriba sonrió.

Opinion

Por qué la edad promedio de un emprendedor exitoso es 45 años

BBC
Una investigación de MIT destruye el mito de que solo los emprendedores jóvenes son más exitosos.
En muchas ocasiones, juventud y fama suelen ir de la mano.
Más aún cuando se trata de gigantes empresas tecnológicas que se han transformado en un ícono de la nueva economía y cuyos fundadores las crearon cuando eran unos veinteañeros como Bill Gates, Steve Jobs o Marck Zuckerberg.
Casos como estos han contribuido a reforzar el mito de que para crear una startup tienes que ser un joven genio con una idea brillante que revolucionará el mercado y pondrá a Wall Street a tus pies.
Pero una investigación realizada en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Estados Unidos, reveló que la edad promedio de un emprendedor exitoso que funda una empresa en el país es de 45 años.
Para llegar a esa conclusión, un equipo de expertos estudió una extensa base de datos con información de la Oficina del Censo estadounidense, separando en grupos los distintos tipos de empresas, su trayectoria desde que fueron creadas y la edad de los pioneros.
Del total de compañías, seleccionaron aquellas que se acercaban a una prototípica startup tecnológica considerando factores como si la firma recibió financiamiento de inversionistas con capital de riesgo, si registró patentes y si una parte importante de sus trabajadores estaban altamente calificados en áreas como ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas.
También consideraron si la empresa estaba ubicada en un centro de innovación como Silicon Valley.
Aquellas que cumplían con esos requisitos fueron analizadas en detalle y resultó que, en promedio, la edad de sus responsables no bajaba de los 40 años.
El rutilante “elixir” de la juventud
Ahora bien, el perfil de los fundadores varía mucho según el tipo de industria.
En el caso de las startups dedicadas al desarrollo de software, el promedio de edad es de 40 años. Pero los emprendedores jóvenes también son habituales.
Sin embargo, los jóvenes son menos comunes en mercados como el petrolero, gasífero o biotecnológico, donde la edad promedio es de 47.
¿Por qué entonces pensamos habitualmente que los emprendedores son siempre gente joven?
Los investigadores creen que se debe a que tienen una mayor exposición en redes sociales y medios de comunicación.
Porque incluso cuando analizaron al 0,1% de las startups con más crecimiento en sus primeros cinco años, se encontraron nuevamente con que los fundadores, en promedio, iniciaron su aventura empresarial a los 45 años.
Más años, más éxito
“Los emprendedores mayores tienen una tasa de éxito sustancialmente superior”, escribieron en un artículo de la revista Harvard Business Review los autores del estudio, Pierre Azoulay, Benjamin Jones, J. Daniel Kim y Javier Miranda.
Los emprendedores mayores tienen una tasa de éxito sustancialmente superior que los más jóvenes.
“Nuestra evidencia apunta a que el desempeño emprendedor aumenta rápidamente con la edad hasta llegar a su punto más alto hacia finales de los 50”.
Aunque puede haber muchos factores que expliquen la ventaja de tener más años al momento de iniciar un emprendimiento, detectaron que la experiencia laboral juega un papel determinante.
En general, aquellos fundadores con al menos tres años de experiencia tienen 85% más probabilidades de éxito que los que no habían tenido empleos previos relevantes.
Pero… ¿y qué pasa con Steve Jobs?
Los expertos también analizaron aquellas empresas excepcionales que tuvieron fundadores jóvenes del estilo de Bill Gates, Steve Jobs, Jeff Bezos o Sergey Brin y Larry Page de Google.
Steve Wozniak y Steve Jobs, fundadores de Apple, cuando comenzaron la empresa.
En este segmento, encontraron que la tasa de crecimiento de sus firmas (en términos de capitalización de mercado) alcanzó un máximo cuando sus creadores tenían una edad intermedia.
Por ejemplo, Appl e sacó al mercado el iPhone cuando Jobs tenía 52 años. Y Amazon tuvo una impactante tasa de crecimiento cuando Bezos tenía ya 45.
“Estos destacados fundadores no habrían llegado a su punto más alto cuando eran muy jóvenes”, dicen los investigadores.
¿Por qué el capital de riesgo le llega a los más jóvenes?
Aunque algunos inversionistas de riesgo -que se dedican a financiar empresas que están comenzando- pueden estar influidos por las historias de éxito de los jóvenes genios tecnológicos, la razón más probable para explicar sus apuestas es otra muy diferente.
Emprendedores más jóvenes pueden ser un mejor negocio para los inversionistas.
Los expertos creen que muchos capitalistas de riesgo ponen su dinero en aquellas startups que les pueden dar mejores retornos y no necesariamente en aquellos proyectos que tienen un mayor potencial de crecimiento.
“Es posible que los fundadores jóvenes tengan más restricciones financieras que los más experimentados, y que eso los lleve a entregar mayores ventajas a los inversionistas con precios más bajos”.
Es decir, que “emprendedores más jóvenes pueden ser un mejor negocio para los inversionistas” , concluyen los expertos.

Opinion

MIL PALABRAS (203) Tobillo izquierdo

Por Ramón Grimalt
Lo primero que vio fueron sus pies. Siempre le habían llamado la atención. Quizás por la forma de los dedos, siempre irregular o porque el empeine mostraba un puente que cruzaba un mar de dudas. Lo cierto es que los fotografió, sucios de tierra, las uñas ennegrecidas por el trasiego y, en el derecho, un hematoma a la altura del tobillo que, dedujo, se podía a deber a una torcedura anterior a su muerte. Ah, claro. Ella había sido asesinada y su cadáver arrojado al río Choqueyapu.
Mauro estaba acostumbrado a fotografiar muertos; de eso comía. Ahí estaba, siguiendo sus propias reglas, nada convencional, por supuesto. Siempre había ignorado a la Policía. Para él no existía aquello de “Línea Policial. No pasar”. Mauro Pogliesso, porteño, con más de una década en La Paz, se movía a sus anchas, cómodo, sin presiones. Si alguno de aquellos pacos se interponía o pretendía hacerlo, bastaba una mirada de su inmediato superior: “al gauchito no se lo toca, ¿está claro?”. Y el fotógrafo lo agradecía con una mirada clara y celeste como el cielo que cubre esta ciudad que alguien bautizó “maravillosa” y que a él, acostumbrado a la vorágine bonaerense, le provoca una irrefrenable sensación de permanente ansiedad. De hecho, cada año se prometía volver a casa, visitar a sus padres, tertuliar en algún cafetín o simplemente dejarse caer por el Colón. Pero siempre surgía algo. Siempre había un muerto que retratar.
-¿Qué se sabe, Pedrito? Preguntó al teniente a cargo de la investigación. Era un tipo joven, bajito, de rasgos aymaras, el cabello al cepillo y un lunar debajo del ojo izquierdo que le otorgaba un aspecto que a Mauro le resultaba inquietante.
-Poco. Es una chiquita. Le calculo unos veintipocos.
-¿Tenés algo más?
-La botaron desde allá arriba-indicó el oficial apuntando con el dedo… un promontorio, cercano a la estación del teleférico en la curva de Holguín, en el barrio de Obrajes- Su cuerpo está muy maltratado, jefe.
-¿Maltratado?
-Mirá nomás la cantidad de plantas que hay por acá. Rudo, ¿no?
Mauro asintió sin decir nada. Buscó un cigarrillo en el bolsillo interior de su campera pero recordó que se lo había fumado poco después de la declaración informativa de un hijo de puta que golpeaba a su pareja por deporte. A esas cosas no se acababa de acostumbrar nunca. Peor cuando la denunciante se presentaba en la oficina de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia con la cara convertida en el mapa físico de la luna, un cráter aquí y otro allá, Mar de la Tranquilidad incluido. Sí, también tenía que fotografiarla.
-Si vos quieres sacar fotos, metele, hermano-dijo el policía moviendo las manos con elocuencia, lo que resultaba extraño en un nativo de Achacachi siempre opaco-Mirá que ya va a anochecer.
Y eso hizo Mauro calculando, a ojo de buen cubero, que le quedaban quince minutos de luz natural. De modo que echó un vistazo alrededor, advirtió que el terreno estaba blando, húmedo, después de la lluvia de todo el día y agradeció estar calzado con aquel par de botas militares de resistencia garantizada que le prometió el vendedor, en realidad un truhán de poca monta. Pisó un charco, maldijo; saltó unas piedras apelmazadas de moho, puteó en arameo; se puso en cuclillas para pasar debajo del tronco de un eucalipto caído como un guerrero fatigado tras una larga y cruenta batalla. Vio que dos policías habían tenido el decoro de cubrir el cuerpo con unas frazadas, salvo los pies, naturalmente. Aquel gesto de piedad contrastaba con los comentarios soeces que compartían. Mauro los miró con desprecio y bajaron el tono, incluso se apartaron para que el fotógrafo pudiera hacer su trabajo. Si su mente hubiera sido una grabadora habría registrado el sonido del atardecer, el tráfico, las bocinas de los vehículos de transporte público, la música chicha a todo volumen de algún minibús y la parsimonia de las cabinas del teleférico. Pero no había tiempo para ello. Tenía que regresar a la redacción lo antes posible. Se afanó en su tarea vaciando la mente de cualquier prejuicio cuando recordó, casi de un modo fugaz, que su hija, Marita, había salido de compras con unas amigas y en principio, a aquella hora de la tarde, las seis y cuarto, debía estar en casa.
-¡Mierda! Exclamó sobresaltando a la pareja de policías. Hurgó en el bolsillo izquierdo de su bluyín y sacó el teléfono celular. Comprobó que apenas tenía diez por ciento de batería y maldijo su suerte. Admitió, sin embargo, que al menos podía hacer una llamada. Buscó el número de Marita en el directorio y pulsó la tecla CALL.
-¡Me cago en todo! Reaccionó al escuchar: “DEJAR MENSAJE TIENE COSTO”. Por alguna razón su hija había apagado el puto móvil e insistió una vez y otra obteniendo la misma respuesta. Mauro sintió que sudaba a pesar de la baja temperatura. La transpiración pegaba la tela de la camisa de algodón a la espalda mientras la sangre se atropellaba a borbotones en sus venas; incluso sus sienes latían hasta provocarle un reflejo de jaqueca que poco a poco afectaba su visión. Una nube oscura y densa ocupaba un espacio cada vez más reducido en su ojo izquierdo y su pecho se vaciaba de golpe como si un vampiro hubiera absorbido toda su energía. De pronto todo daba vueltas. El paisaje se desvanecía confundiéndose el asfalto y la naturaleza brava de aquel barranco, la última luz del día y las luminarias de la avenida. Mauro apenas podía tenerse en pie. Se sentó tambaleándose en una roca mientras trataba de que el teléfono no cayera de su temblorosa mano derecha. Ahora necesitaba más que nunca un cigarrillo. Sólo uno. Y su mirada volvió al cadáver.
-¿Qué? ¿Ya tienes suficiente? Le preguntó el teniente Pedro Quispe sin hallar respuesta.
“Dale, carajo. Contestá” pidió el fotógrafo a una hija que no daba señales de vida. Y su tormento, era precisamente ese porque su cerebro operaba a mil por hora evocando imágenes pasadas, presentes y futuras: el día del nacimiento de Marita, sus primeros pasos, cuando se cayó de un columpio partiéndose el labio inferior, la bronca con aquel crío de quien estaba enamorada y tanto la hacía sufrir, las lecciones de fotografía en el Montículo, el beso en la frente que le dio antes de salir a la facultad y ese tatuaje que nada le gustaba. “Tatuaje”. La palabra se repetía con la insistencia de un latido insoportable. Entonces se puso en pie; las rodillas parecían un par de esponjas, pero aún tenía resto para caminar hasta el lugar donde se había producido el levantamiento del cadáver.
-Lo siento, pero no puedes contaminar las pruebas, pues. Le dijo el teniente sin evitar que Mauro alzara el extremo de una frazada con un tigre estampado.
-No puedes…
Y Mauro recordó haberle dicho a Marita que era mala idea tatuarse el nombre de Javicho y un corazón en el tobillo izquierdo.

Opinion

Autonomía una esperanza aún no perdida

Por Carlos Cabrera Iñiguez
Docente Universitario
Nuestro “ESTATUTO DE AUTONOMÍA DEPARTAMENTAL DE TARIJA”, aprobado en Grande y en Detalle por la Asamblea Autonómica Provisional del Departamento de Tarija en Marzo de 2008 rezaba en su Preámbulo “NOSOTROS, LIBRES E IGUALES, DEPOSITARIOS DE LA ESPERANZA DEL PUEBLO DEL DEPARTAMENTO DE TARIJA, ORGULLOSOS EXCLAMAMOS AL MUNDO ENTERO-LOS TARIJEÑOS PASAMOS ANTE LA ADVERSIDAD, ABRIENDO SURCOS DE ESPERANZA-“.
Precisamente eso es lo que no hemos perdido y nuestros sentimientos aún siguen latentes en los corazones de todos quienes tenemos el privilegio de vivir en esta hermosa tierra con la ESPERANZA de mejores días.
Cuando la Universidad Autónoma “Juan Misael Saracho” con la participación de autoridades, docentes y estudiantes en un gran gesto democrático visitó las principales ciudades del departamento recorriendo sus calles para decirle SI A LA AUTONOMÍA y al ESTATUTO AUTONÓMICO DEPARTAMENTAL invocando paz y unidad departamental, sentíamos un firme compromiso del pueblo para con la autonomía departamental, ellos nos decían es un anhelo de todos: CONSOLIDAR ESTE PROCESO AUTONÓMICO.
Nuestra Autonomía ha tenido que transitar por caminos sinuosos, a veces con la complicidad de la indiferencia de muchos, pero ahí está, esperando que nuestros políticos y autoridades hagan un buen uso de ELLA para beneficio del pueblo.
Porqué la palabra AUTONOMÍA a la mayoría del pueblo ya no le impresiona ni le provoca emoción ni pasión como antes, al contrario lo vemos al pueblo con una gran apatía y displicencia cuando los políticos y dirigentes hablan de ELLA.
¿Porqué el desencanto del pueblo? , sencillamente porque los frutos de la autonomía no se están dando, parecería que solo sirvió para hacer elecciones y elegir autoridades. Observamos la escasa coordinación entre nuestras autoridades y el pueblo, sigue vigente ese complejo narcisista de antaño (en muchas de nuestras autoridades), donde la autoridad quería todo el poder para sí, siguen en su tarea de incrementar su poder y predominio, absorbiendo la mayor cantidad de recursos para que ellos sean los únicos que determinen su destino. No hay un desprendimiento para compartir el poder ni de acercar sus decisiones al pueblo, son reacios a dar competencias y recursos para que las regiones y comunidades junto a sus autoridades locales decidan el destino de esos recursos en base a sus propias prioridades y necesidades.
Observamos día a día esa absurda disputa de poder entre nuestras autoridades, hablan diferentes idiomas en materia de desarrollo, quieren imponer sus ideas no aceptan sugerencias, no hay un criterio monolítico de lo que se debe hacer en materia de desarrollo en el departamento, son inmunes a las sugerencias y apasionados por el poder, están pensando cómo ganar las próximas elecciones, aunque el gran perdedor por ahora sea el pueblo.
Algunos políticos utilizaron la autonomía para dividirnos y acomodaron sus discursos de acuerdo a las circunstancias y a sus intereses. Cuando están en la oposición se vuelven autonomistas recalcitrantes y cuando están en función de gobierno la palabra autonomía les causa alergia.
La clase política tiene una gran deuda con el proceso autonómico y con el pueblo, tienen tiempo para reivindicarse y resarcir las esperanzas de una Tarija desilusionada. La clase política nos dijeron que la autonomía era para unirnos y el remedio a todos los males de Tarija. El pueblo sigue esperando con estoicismo que germine la semilla prometida por nuestros políticos, de la cual se espera brotará ese árbol cuya sombra nos cobijará a todos.
Parafraseando al gran político, abogado y Presidente del Gobierno de España entre 1976-1981 Dn. Adolfo Suarez, diríamos para terminar “El proceso autonómico tampoco puede ser una vía para la desunión del sentimiento de pertenencia de todos los tarijeños y no tarijeños que habitamos este bello departamento para con nuestra querida Bolivia: La autonomía no puede, por tanto, convertirse en un vehículo de exacerbación regional, ni mucho menos debe utilizarse como palanca para dividirnos “

Opinion

Por qué es buena idea usar papel de aluminio para mejorar la señal de tu wifi

BBC News Mundo
Sin gastar dinero ni recurrir a complicados procesos técnicos puedes mejorar tu conexión inalámbrica a internet.
El truco no es nuevo, pero es bueno saber que la ciencia demuestra que sí funciona.
Gracias a las luchas cotidianas para tener una buena señal wifi en casa, se ha hecho popular el mito de que el papel aluminio funciona como método para direccionar la señal inalámbrica.
Pues bien, según investigadores de la Universidad de Darthmouth, rodear las antenas del router con papel aluminio o una lata sirve para mejorar la señal, reducir la interferencia y crear barreras para aumentar la seguridad de tu conexión.
*¿Por qué recomiendan envolver las llaves del auto en papel de aluminio?
Los routers que se usan en las casas generalmente son omnidireccionales.
“Esto mejora la eficiencia de la infraestructura inalámbrica en edificios, al mitigar el impacto de los aislamientos, particiones y diseños interiores del edificio”, dicen los ingenieros de Darthmouth.
¿Cómo funciona?
Las antenas de los routers que se usan en los hogares generalmente son omnidireccionales, es decir, su señal se dispersa por todos lados.
Al ponerle una barrera de papel aluminio, la señal se vuelve direccional, es decir, apunta en un solo sentido.
Así, en un apartamento al router se le puede poner una lámina de papel aluminio que solo apunte a la sala.
El papel aluminio puede evitar que otras personas se conecten a tu red.
Las demás habitaciones perderán señal, pero ésta se concentrará en el lugar que la necesitas.
Impedir que la señal llegue a algunos lugares puede tener sus beneficios. Por ejemplo, puede ser útil que evites que llegue a un espejo, para que que la señal no se reflecte y no afecte tu conexión.
Seguridad
Direccionar la señal reduce la interferencia pero también mejora la seguridad de tu wifi.
La cobertura de aluminio puede servir para que la señal no le llegue a personas que posiblemente querrían robar tu wifi o que estén intentando acceder para cometer algún tipo de fraude o ataque.
Con este truco puedes direccionar el wifi a ciertas zonas de tu casa
Los investigadores de Darthmouth llevaron este truco casero a un nivel más sofisticado, y crearon un sistema que imprime modelos 3D que apuntan la señal hacia donde uno quiera. Luego de que la figura se imprime en plástico, se forra en papel aluminio y listo.
Suena bastante sencillo, pero ya que muchos no tenemos acceso a una impresora 3D, con un poco de paciencia y creatividad podremos crear los paneles de aluminio para direccionar nuestra señal wifi sin gastar mucho dinero.

Opinion

MIL PALABRAS (201) LA GESTIÓN DEL TIEMPO

Si yo fuera un hombre de leyes quizás hallaría una explicación mucho más práctica y sencilla; pero me decanté por el periodismo y ahora, en el otoño de mi vida, creo que tomé la decisión correcta para pensar en dedicarme en serio, de un modo profesional, a mi vocación, la literatura. Pero de eso ya tendremos tiempo de hablar aunque en esta columna un servidor escribe, expone sus ideas y usted las lee y alguna vez, si nos encontramos por la calle, me las comenta, lo cual, dicho sea de paso, me ayuda mucho. De modo que vayamos al meollo del asunto.
Durante toda la semana se ha mantenido (y mantendrá) la controversia sobre la Ley de Organizaciones Políticas y, en particular, sobre las elecciones primarias convocadas para el mes de enero. Más allá de las sugerencias del Tribunal Supremo E lectoral y el debate (en fin, es lo que hay) en la Asamblea Legislativa, uno se pregunta en qué parte de nuestra reciente historia democrática perdimos la esencia de la misma; en otras palabras, dónde nos olvidamos que el voto del pueblo, ese sufragio universal por el que pelearon nuestros padres y madres, es soberano, incuestionable y vinculante. Me refiero, naturalmente, al referéndum del 21 de febrero de 2016 en que Bolivia (o una parte de ella) dijo NO a la posibilidad de reelección del presidente Evo Morales en los comicios generales de octubre del año que viene. Sí, lo entiendo, ahí está el fallo del Tribunal Constitucional y ese “derecho humano” del primer mandatario a perpetuarse en el poder por activa o por pasiva; pero todo me parece un debate tan ocioso como innecesario si al fin y al cabo todos asumiéramos que en democracia el voto popular no merece mayor escrutinio. Simplemente se debe cumplir, honrar y respetar. Ya está.
Por supuesto, Bolivia es diferente. A pesar de pregonarse la descolonización a los cuatro vientos, mantenemos esa doble moral altoperuana que tanto daño nos ha hecho en nuestra historia y que incluso, fíjese usted en lo que le digo, nos llevó a perder el mar. Ahora, por remover tanto el cesto de las manzanas (alguna podrida y otra demasiado verde) estamos al borde de perder la democracia. Se está abriendo paso al subterfugio político y la manipulación para habilitar una segura candidatura de Evo y Álvaro que no tenga posible discusión en un ámbito eminentemente legal. Pero usted comprenderá, muy señor mío, que lo legal no es siempre lo justo. Y éste, perdóneme usted, es uno de aquellos casos. Porque ya me explicará alguien cómo se pueden convocar elecciones primarias en tiempo récord a sabiendas que se juega con un as bajo la manga.
A día de hoy no existe un partido u organización política que pueda estructurar una elección primaria en el corto espacio de un mes. O quizás sí. Será, en todo caso, una chapuza producto de la improvisación y la celeridad (metele nomás) que únicamente beneficiará al Movimiento Al Socialismo (MAS) que no sólo tiene una candidatura sólida sino también la cintura suficiente para gestionar los tiempos. Y esa es la clave en todo proceso político: la gestión del tiempo.
PD: Le prometo que la próxima columna será un relato.

SACA PUNTAS

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SUMA

El Colegio de Comunicadores Sociales de Tarija ya tiene su personería jurídica y está organizando la elección de sus dirigentes. En buena hora la organización de los profesionales en el área de la comunicación, desde donde puedan normarse las reglas éticas para los profesionales no solo de los medios de prensa, sino también de las instituciones públicas como privadas.

RESTA

La respuesta esquiva de la Dirección de Ingresos Municipales respecto a la falta de controles a las tiendas que ofertan productos de contrabando, desligando toda responsabilidad, cuando es una realidad palpable en el centro de la ciudad como en diferentes barrios de la capital.