LUN
JUL
23
Opinion

La Habana-Cuba: XXIV Foro de Sao Paulo

Por: Nelson Aguilar Rodríguez, de Izquierda ex dirigente MAS Cercado.
Resumen: Con la presencia de los presidentes de Cuba, Miguel Díaz-Canel; Venezuela, Nicolás Maduro; Bolivia, Evo Morales; y El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, asistieron al Palacio de Convenciones de La Habana a la sesión final de la vigésimo cuarta edición del Foro de Sao Paulo , que duro tres días (15-16 de Julio/2018), con la asistencia de más de 625 delegados de partidos, movimientos políticos de izquierda y 168 organizaciones populares de toda América Latina y la presencia de 51 países (América Latina, Asia, África y Europa).En este contexto, los delegados y delgadas e invitados e invitadas al XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, desde La Habana, Cuba, en representación de América Latina y el Caribe, de Asia, África, de Europa y América del Norte.
1. Convocamos a fortalecer el movimiento mundial en defensa de la Paz. La realidad impone sumar fuerzas para presionar, por todos los medios posibles.
2. Advertimos que los representantes del gran capital transnacional – gubernamentales y privados, militares y económicos, mediáticos e ideológicos – están operando con niveles de concertación superiores a los que conocemos. Concluimos, por tanto, que se impone un ejercicio práctico del internacionalismo mutuo entre todas las fuerzas de izquierda de América Latina y el Caribe, Asia, África, Europa y América del Norte.
3. Observamos con preocupación cómo la derecha imperial opera de forma concertada en el Consejo de Seguridad de la ONU; a favor del sionismo en Medio Oriente; para cercar militarmente a Rusia en Eurasia; para impedir que la República Popular China, en Asia, continúe su avance como potencia económica mundial con propuestas de paz y cooperación; para destruir, en América Latina, los proyecto de justicia social, democráticos y de internacionalismo latinoamericano y caribeño que impulsan nuestras fuerzas políticas; y para fragmentar el Caribe mediante distintas fórmulas, incluidas las coloniales como Puerto Rico.
4. Ratificamos la vigencia de las siguientes causas y líneas de actuación reivindicadas por el XXIII Encuentro del Foro de Sao Paulo, efectuado en Managua el pasado año:
– Convertir la defensa de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), mayor acontecimiento unitario de los últimos 200 años, en objetivo político prioritario a promover por todos nuestros partidos, movimientos sociales y populares, desde cada escuela, universidad o espacio de creación intelectual. Sembrar la idea integracionista en la conciencia de nuestros pueblos, ya de por sí será un avance frente a la política divisionista impulsada por los Estados Unidos y sus aliados. Confiamos en el valor de las ideas justas: aseguremos que ellas sean escuchadas por cada uno de los gobiernos de Nuestra América.
– Transformar en objetivo de toda la izquierda y de los sectores patriotas y demócratas de América Latina y el Caribe, la defensa intransigente de los presupuestos de la Proclama de América Latina como Zona de Paz.
– Repudiar el militarismo nacido de las entrañas del Imperialismo, que carece de límites y de escrúpulos, es una necesidad política, ligada a la sobrevivencia de nuestros pueblos. Dar forma concreta a este repudio, en cada acción política cotidiana, es una cuestión de principios que ratificamos.
– Rechazar de forma enérgica, la idea absurda e inadmisible de que esta región del mundo pertenece a las élites de poder de los Estados Unidos o de cualquier país del mundo. Que cada día sea para la Casa Blanca un recuerdo concreto de lo afirmado por la II Declaración de La Habana: “… esta gran humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia…”.
– Concertar en cada espacio internacional que lo permita, por encima de diferencias subalternas de tipo nacional o sectorial, toda acción que debilite los niveles de dominación y hegemonía de los Estados Unidos en nuestros países, es esencial y posible. El Imperio ha optado por priorizar los componentes de la guerra cultural y de símbolos. Rescatemos, como respuesta ofensiva, las tradiciones de libertad de cada uno de nuestros países. Honremos a los que las forjaron. Impidamos que la banalidad cultural del Norte que nos desprecia, se imponga sobre la rica historia de los países que representamos.
– Conocer con rigor cómo está desarrollando la derecha internacional sus planes de desestabilización, contra las experiencias de gobierno y populares de carácter emancipatorio en América Latina y el Caribe, constituye una necesidad de primer orden. Ello será más eficaz si creamos un sólido sistema de intercambio de informaciones y experiencias colectivas. El Foro de Sao Paulo puede jugar en este campo un papel central, en particular haciendo esfuerzos en la formación política.
– Al igual que los delegados al XXIII Encuentro de Managua, por entender que se trata de causas vigentes:
– Reafirmamos la importancia del acercamiento y la acción concertada entre la izquierda de Europa y la de América Latina y el Caribe. Nos comprometemos en esta nueva etapa a tornar más sistemático y eficaz la acción antiimperialista unitaria entre ambas regiones. El PIE y el Foro de Sao Paulo están en condiciones de posibilitar este objetivo.
– Denunciamos, esta vez con razones adicionales, el papel injerencista de la OEA, que sigue siendo utilizada por el gobierno de los Estados Unidos como su Ministerio de Colonias. La actuación de su secretaría general, marcada por una despreciable supeditación a los intereses de la Casa Blanca, así lo prueba todos los días. La OEA, junto al Grupo de Lima, constituyen los Caballos de Troya actuales contra la unidad latinoamericana y caribeña. Hagamos todo lo posible para impedir que continúen su avance destructor.
– Condenamos la guerra no convencional y de amplio espectro, aplicada por el imperialismo yanqui y sus aliados europeos, latinoamericanos y caribeños contra la Revolución Bolivariana. Esta se ha convertido para la Casa Blanca en el objetivo estratégico inmediato a derrotar. Sea para nosotros, por tanto, el objetivo mayor de solidaridad en estas circunstancias. Como hace un año atrás, en Managua, el Foro de Sao Paulo se mantiene en estado de alerta y en sesión permanente de solidaridad internacionalista contra la intervención internacional hacia Venezuela.
– Mantenemos intacta la solidaridad con lo(as) argentinas(os) y brasileñas(os), hondureñas(os) y paraguayas(os) que se resisten a aceptar el retroceso al neoliberalismo en sus respectivos países, luego de experiencias de gobierno que, por caminos propios, buscaron el crecimiento económico, la mejor redistribución de la riqueza, la garantía de derechos sociales, la ampliación de la participación popular y la democracia, asegurar la soberanía nacional y fortalecer la integración regional en el ámbito de los BRICS, todo para combatir las desigualdades sociales, regionales y de género, el racismo, o que, simplemente, retaron por su política exterior la lógica hegemonista de la política exterior de los Estados Unidos.
– Reafirmamos nuestra absoluta convicción de apostar por la paz, en concordancia con la Declaración de la CELAC, que en enero de 2014 declaró América Latina como zona de paz. Por eso, respaldamos el pedido de las fuerzas políticas y sociales de Colombia para que el gobierno colombiano cumpla con la implementación de los Acuerdos de la Habana, mantenga abierto el proceso de diálogo con el ELN y de pasos certeros para acabar con el asesinato de ex combatientes y líderes sociales, políticos, ambientales y defensores de DDHH. Denunciamos las acciones de la ultraderecha nacional e internacional para boicotear la Paz. Es evidente que la Casa Blanca, el sionismo internacional y las fuerzas más retrógradas del continente, persisten en lograr que los grupos oligárquicos de Colombia sigan siendo tropa de choque a favor de los intereses transnacionales en América del Sur. Es vital la lucha contra esta estrategia, que ya colocó a uno de los países de la CELAC como miembro de la agresiva OTAN.
– Rechazamos de forma enérgica la política intervencionista de los Estados Unidos en los asuntos internos de la Nicaragua sandinista, país en el que se está implementando la fórmula que viene siendo aplicada por el imperialismo norteamericano a los países que no responden a sus intereses hegemónicos, causando violencia, destrucción y muerte mediante la manipulación y la acción desestabilizadora de los grupos terroristas de la derecha golpista, que boicotean la búsqueda del diálogo, el cual constituye el mejor camino para superar la actual crisis y alcanzar la paz, lo que es indispensable para la continuación del proceso de transformaciones sociales impulsado por el FSLN desde el gobierno presidido por el Comandante Daniel Ortega y que ha reducido de manera notable la pobreza y la desigualdad social en ese hermano país.
– Nos solidarizamos con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y con el gobierno del compañero presidente Salvador Sánchez Cerén, que enfrentan con energía la guerra mediática, la guerra jurídica, el boicot económico y otras formas de desestabilización, y nos comprometemos a acompañarlos como observadores internacionales en la elección presidencial del 3 de febrero de 2018.
– El XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo convoca y alienta a Bolivia y Chile a encontrar, cuidando las sensibilidades de ambos países, una salida al enclaustramiento marítimo boliviano en base al diálogo y el derecho internacional, y que contribuya a una verdadera integración de nuestros pueblos.
– Renovamos el rechazo del Foro de Sao Paulo a la política de la Casa Blanca, que criminaliza a los emigrantes latinoamericanos y caribeños y, de manera particular, a los hermanos centroamericanos. Un mundo sin fronteras y con ciudadanía universal es el norte de nuestra lucha emancipadora.
– Rechazamos cualquier forma de racismo, intolerancia y discriminación. Impulsamos el ejercicio pleno de los derechos económicos, culturales, sociales y políticos de las mujeres, y la eliminación de la cultura patriarcal.
– Demandamos la retirada de las fuerzas de la MINUSTAH que, siguiendo un mandato del antidemocrático Consejo de Seguridad de la ONU, mantienen ocupado Haití desde hace más de una década.
– Condenamos el narcotráfico, el tráfico de personas y el terrorismo, y denunciamos la doble moral de un sistema que dice combatir al crimen organizado, mientras protege a sus grandes promotores y principales responsables. Defendemos el cultivo legal y el uso tradicional benéfico de la hoja de coca.
– Proclamamos el acceso al agua como derecho humano y los demás bienes comunes (tierra, aire puro, energía etc.,) luchamos contra la depredación del medio ambiente, la amenaza a la biodiversidad y al ecosistema en general.
– Apoyamos las exigencias de los pequeños Estados insulares del Caribe a ser resarcidos por los daños humanos de la esclavitud y a acceder a recursos que permitan su resiliencia frente al cambio climático.
– Demandamos el levantamiento incondicional, total y definitivo del bloqueo económico, financiero y comercial del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, y la indemnización al pueblo cubano por los daños y perjuicios causados por más de medio siglo de agresiones de todo tipo.
– Exigimos la devolución al pueblo de Cuba del territorio ocupado por la ilegal base naval estadounidense en Guantánamo.
– Apoyamos el reclamo histórico de Argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
– Exigimos la eliminación de todas las bases militares estadounidenses que existen en la región (77en total, que junto a la IV Flota, cubren todo el espacio regional), y de todas las bases militares extranjeras de cualquier país, dondequiera que se encuentren.
– Defendemos los derechos y las culturas de los pueblos originarios y afrodescendientes, y asumimos sus luchas para la restitución y ejercicio pleno de sus derechos históricos.
– Demandamos la descolonización total del Caribe y apoyamos de manera particular la independencia de Puerto Rico, al conmemorarse el 25 de julio de 2017, ciento veinte años de la invasión militar estadounidense contra esta nación caribeña. Asimismo, nos pronunciamos por la eliminación de toda forma de coloniaje y neocoloniaje.
– Respaldamos, en apego a la autodeterminación de los pueblos, la postulación del presidente Evo Morales para las elecciones de 2019, y rechazamos los planes desestabilizadores impulsados por la derecha de ese país, la OEA y la embajada de Estados Unidos.
– Exigimos la libertad inmediata de Lula, después de una condena y prisión sin pruebas y el derecho a ser candidato presidencial en las elecciones de octubre en Brasil, respetándose la voluntad de la mayoría del pueblo brasilero. Lula Live! Lula Inocente! Lula Presidente!
5. Como hace un año atrás, ratificamos que América Latina y el Caribe siguen en pie de lucha!. Y mantienen la decisión de actuar con optimismo, decisión y mayor sentido unitario.
¡Hasta la Victoria Siempre!,….Venceremos.

Opinion

Revolución y tecnología en el compromiso de la fundación policial

Por CNL DESP Gustavo Félix Garnica Peñarrieta
Director Nacional de Interpol Bolivia

Gracias a la tecnología, la policía tiene ante sí un brillante futuro, y no sólo porque pueda buscar sospechosos en Google. Hay otras dos tendencias, menos visibles, que tratan de hacer todavía más fácil y efectivo su trabajo, pero a costa de suscitar unos espinosos interrogantes a propósito de la privacidad y las libertades civiles.
La primera es que la actividad de la policía, como tantas otras en esta época de “big data”, está siendo repensada sobre la expectativa de que un mayor y más profundo análisis de información acerca de delitos del pasado, combinado con sofisticados algoritmos, puede predecir los del futuro. Esta es una práctica conocida como “patrullaje por predicción” y, aunque sólo tiene unos pocos años de antigüedad, muchos profesionales la ven como toda una revolución del trabajo policial. La policía boliviana se encuentra entusiasmada con ella
Lo que atrae de la idea del “patrullaje por predicción” es que es mucho mejor prevenir un delito antes de que se produzca que llegar después y ponerse a investigarlo. De manera que, aunque los policías puedan no sorprender a un delincuente en acción, su presencia en el lugar adecuado y en el momento oportuno ayude al menos a disuadirle que actúe. Esa lógica parece tener solidez.
Luego está el problema de los delitos no denunciados. Mientras que la mayoría de los homicidios son denunciados, muchas violaciones y acosos domésticos no lo son. A pesar de la ausencia de esas denuncias, la policía sigue desarrollando maneras de informarse cuando algo extraño ocurre en los vecindarios de su jurisdicción.
Si para predecir delitos futuros y guiar el trabajo policial solamente se utilizan datos sobre delitos que han sido denunciados, algunos tipos de delitos pueden quedar completamente fuera de estudio, y por lo tanto sin perseguir.
Por supuesto que la policía ya está estudiando las redes sociales en busca de señales de malestar. Pero, a diferencia de Facebook, no ven el panorama en su conjunto: las comunicaciones privadas y las acciones “silenciosas”, sobre qué vínculos se hace clic o qué páginas web se abren, son invisibles para ellos. Además, si bien la policía necesita una orden para evaluar los datos privados de alguien, Facebook puede buscar los datos de sus usuarios cuando quiera hacerlo. Desde la perspectiva de la policía, podría ser realmente ventajoso tener a Facebook haciéndole todo ese trabajo, ya que las investigaciones que realiza Facebook no tienen que pasar por el juez.
La propuesta de una actuación policial por predicción podría ser real, pero también peligroso. La policía necesita someter sus algoritmos al escrutinio externo y corregir sus sesgos. Las redes sociales necesitan establecer unos estándares claros de cuánto hay de actuación policial predictiva en lo que realmente hacen y hasta dónde quieren llegar en la reproducción del perfil de usuarios.
Aunque Facebook pueda ser más efectivo que la policía en la predicción del delito no se le puede permitir que asuma esas funciones policiales sin que observe también las mismas reglas que dejan claro lo que la policía puede y no puede hacer en una democracia. No podemos sortear los procedimientos legales y subvertir las normas democráticas en nombre de la eficiencia.

Opinion

Entre justos y pecadores

Por Ramón Grimalt
Acabo de llegar de Cochabamba. Fui a producir un documental sobre la campaña ME IMPORTAN de Aldeas Infantiles SOS que, por cierto, tiene que ver con el tratamiento que los periodistas y medios de comunicación realizamos sobre las niñas, niños y adolescentes en diferentes situaciones de vulnerabilidad, que algún día le contaré con más detalle. En fin, visité la zona sur, el distrito nueve, uno de los bolsones de pobreza estructural del país, donde la mayoría de las viviendas no está registrada en el catastro, falta agua potable y alcantarillado y la violencia intrafamiliar es moneda corriente. Para hacerlo corto y preciso: se trata de un retrato de esa Bolivia invisible que sólo es noticia cuando un golpe mal dado, al influjo de una tutuma rebosante de chicha, acaba en un cementerio o en un hospital en el mejor de los casos.
Lo cierto es que uno no es de piedra y, la verdad, quedé muy impresionado. En medio del infierno, allá donde el exalcalde José María Leyes sólo llega con una gigantografía que no cabe ni por asomo en una mochila china, me encontré con historias de superación personal que consiguieron sensibilizarme aún más con la problemática de cientos de niñas, niños y adolescentes con un pasado turbulento, un presente complicado y un futuro incierto. Ellos, de algún modo, son conscientes de ello; sin embargo, mire usted por dónde, alguno tiene la voluntad de salir del arroyo y luchar a brazo partido contra viento y marea. No daré nombres, por supuesto, pero conocí una joven de dieciséis años que atiende a seis hermanos trabajando a destajo; una mujer de veinte que se levanta a las cuatro de la mañana para cocinar platos típicos que vende en un puesto callejero y que en su momento le permitieron pagar la deuda contraída por un rufián que la abandonó y un hombre, viudo de una mujer alcohólica, que se enfrentó a su propia desgracia para recuperar a dos de sus hijos después de diez años en un hospicio. Cada uno de ellos, es la prueba fehaciente de que es posible creer en una segunda oportunidad.
A ver, esto no se trata de un discurso motivacional, de esos de Paulo Coelho y esa vaina de tener fe en la humanidad. Usted como yo sabemos que estamos rodeados de verdaderos hijos de puta dispuestos a saltar a la yugular por el simple placer de ver desangrar a su presa lentamente, como suelen hacer las hienas, sólo que a estos bichos los disculpo porque son irracionales, salvo que se demuestre lo contrario, por supuesto. Personalmente he perdido la fe en el ser humano después de pasarme más de veinte años en la trinchera, revolcándome en todo tipo de lodo y materia fecal (los políticos medran aparte, comprenderá usted) para luego contarlo en la tercera edición de un noticiero y así pagar las cuentas pendientes. Pero de vez en cuando me topo de narices con oasis de esperanza, esa gente que llegado el día del Juicio Final, se salvará de la hoguera. Desafortunadamente son un puñado de justos, aquellos que se desmarcan de los pecadores, o sea el común denominador de una sociedad individualista, egoísta y materialista donde el único patrón para mesurar es el volumen de la billetera. La clave está, siempre lo digo y lo escribo, en el olfato para detectar a uno de otro o una de otra, porque la mujer no se salva de la quema. Es muy difícil, se necesita mucho oficio, calle, piedra, lluvia, calor y frío; es preciso conocer la condición humana y tener siempre presente que todos, cada uno de nosotros, venimos de la estirpe de Caín, ese tipo que se cargó a su hermano por envidia y desde entonces cargamos esa culpa que sólo nosotros podemos redimir. Si nos importa hacerlo, claro está.

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Outsiders II: Pastores y políticos

Por Antoni Gutiérrez-Rubí / Santiago Castelo
Recientemente, en México, se desató una polémica por la aparición de unos panfletos que difaman a la Virgen de Guadalupe, ícono de los católicos mexicanos, y acusan a la Iglesia de ser parte de la «mafia del poder».
Los volantes, que van firmados por la coalición que impulsa a Andrés Manuel López Obrador, ocasionaron un importante revuelo, incluso un comunicado del Episcopado Mexicano. AMLO y su equipo de campaña salieron, rápidamente, a manifestar que desconocían los materiales y acusaron a sus rivales de hacer campaña sucia. «En nuestro movimiento hay católicos, evangélicos y librepensadores», explicó el candidato. La religión se ha colado, definitivamente, en la campaña mexicana. Ya había dado un primer paso en diciembre, cuando el Partido Encuentro Social (PES) —el partido evangélico más importante del país— se sumó a la coalición de AMLO y puso a la religión en el centro del debate público.
Sucede que, en México, la población evangélica ha crecido mucho en los últimos años y ya son más de 10 millones de personas las que se identifican con alguna iglesia protestante. México no es la excepción, sino la regla. En Latinoamérica, según un estudio del Pew Research, la identificación con el catolicismo disminuyó durante las últimas cuatro décadas, pasando del 92% al 69%, mientras que el porcentaje de evangélicos aumentó del 4% al 19%. Se estima que uno de cada cinco latinoamericanos es evangelista.
Otro informe, en este caso de Latinobarómetro, mostraba que la diferencia entre unos y otros se redujo un 22% en poco más de 15 años.
La influencia política del evangelismo se ha puesto en evidencia en el último tiempo: Fabricio Alvarado en Costa Rica, Jimmy Morales en Guatemala, Marcelo Crivella y el creciente poder de la bancada evangélica en Brasil, Gerardo Amarilla en Uruguay o el papel del voto evangélico en el plebiscito colombiano, entre otros tantos ejemplos.
Veamos, a continuación, algunos de sus rasgos característicos y ventajas comparativas:
1. Una agenda conservadora. Los evangélicos, por lo general, defienden el statu quo y se amparan en valores conservadores y en modelos tradicionales de familia. Por ello,suelen oponerse al matrimonio igualitario, a la legalización del aborto, a las leyes de identidad de género, entre otras reformas progresistas. Su incidencia —directa o indirecta— en la política pone a sus causas (o contra causas) en el centro del debate. Por ejemplo, durante la campaña costarricense, Fabricio Alvarado, el predicador que sorprendió a todos al ganar la primera vuelta y poner en jaque al candidato oficialista, no dudó en expresar su absolutorechazo al dictamen de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que exigía a sus miembros reconocer y garantizar el matrimonio igualitario. En Colombia, los movimientos evangélicos levantaron la bandera de la «ideología de género» para oponerse a la distribución de unos manuales sobre diversidad sexual y, después, rechazar el proceso de paz por considerar innecesario y excesivo su enfoque de género.
2. Pragmatismo. No se guían por el eje ideológico tradicional izquierda-derecha, sino que son más bien pragmáticos: votan, apoyan y acompañan a quienes siguen o, al menos, no ponen en peligro su agenda. Así, en Colombia, su voto fue clave en la victoria del «no» en el plebiscito y ahora apoyarán a Iván Duque, el candidato de Uribe; pero en México, como vimos, impulsan a AMLO. En Brasil, solían apoyar a Lula, pero, luego, la bancada evangelista fue decisiva en el impeachment a Dilma Rousseff y hoy están más cerca de Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha que está segundo en las encuestas.
3. El rol de la familia en campaña. Para reafirmarse en la defensa de estos valores tradicionales, los candidatos evangelistas suelen recurrir a su familia. Por ejemplo, la hija de Alvarado, con tan solo 6 años, se convirtió en un personaje clave de la última campaña costarricense. El vídeo de su canción «Papito» ya ha superado los 24 millones de reproducciones en YouTube (esto es, cuatro veces la población del país). «Mi papi es fuerte, para mí un héroe, me da sin reservas todo su amor. Él es mi maestro, mi más grande ejemplo, me ha enseñado a amar a mi Dios», dice la letra. La música es un elemento esencial en las experiencias espirituales evangélicas.
4. Infuencers pre-Instagram Los pastores son verdaderos influencers en sus comunidades. Son líderes de opinión reconocidos, creíbles, carismáticos y con una notable capacidad de persuasión. Por ello, cada vez más, los políticos —cualquiera sea su religión— se reúnen con ellos para pedirles su apoyo. En Chile, por ejemplo, Sebastián Piñera y Alejandro Guillierdirectamente sumaron pastores a sus comandos de campaña. Años atrás, los candidatos llegaban al público evangélico a través de otro tipo de influencers: estrellas de fútbol, como Bebeto y João Leite, que luego se transformaron en políticos.
5. Competencias mediáticas. La figura del telepredicador nace en Estados Unidos en la década de los años cincuenta y llega a Latinoamérica algunas décadas después de la mano de Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD). Macedo, en menos de veinte años, construyó un verdadero imperio mediático, con dos periódicos, treinta emisoras de radio y la cadena TV Récord, la segunda red de televisión más importante de Brasil. Los programas de la IURD, pese a su contenido religioso, siguen la receta —estética, dinámica, código— de cualquier show de entretenimiento y se hacen con una audiencia nada despreciable. La consigna «Pare de Sufrir» —que es el título que lleva su programa de televisión más popular— ya está instalada en el imaginario colectivo latinoamericano.
6. Liderazgo carismático. Las iglesias evangélicas son, de alguna manera, escuelas de liderazgo para sus pastores y predicadores, quienes siempre han destacado por su capacidad de oratoria, por sus cualidades carismáticas y por un singular talento para atraer y conectar emocionalmente con sus fieles y discípulos. El movimiento evangélico ha desarrollado, a lo largo de los años, nuevas estrategias proselitistas y una especial capacidad de adaptación y aculturación.
7. Conexión con sectores populares. Las iglesias evangélicas tienen una fuerte presencia en los barrios y sectores populares. Ocupan espacios (físicos y simbólicos) que están desatendidos por los Gobiernos y tejen redes de solidaridad entre la comunidad. Ofrecen un amplio abanico de servicios, desde acceso a la salud y a la educación hasta bolsas de trabajo. Esta llegada a los sectores populares es una de sus grandes ventajas comparativas. Javier Corrales, profesor de Ciencia Política en el Amherst College y columnista en The New York Times, destaca que los evangélicos «están consiguiendo votantes entre gente de todas las clases sociales, pero principalmente entre los menos favorecidos» y así «están logrando convertir a los partidos de derecha en partidos del pueblo».
La influencia de las iglesias evangélicas en la política latinoamericana actual es innegable. También es lógica y justa. Uno de cada cinco latinoamericanos se identifica como evangélico. Sus representantes tienen aptitudes, experiencia y contactos. Un currículum nada despreciable para una política carente de líderes e inmersa en una profunda crisis de confianza y representación. Seguramente, en un futuro no muy lejano, veremos más pastores políticos.

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MIL PALABRAS

Entre justos y pecadores
Por Ramón Grimalt
Acabo de llegar de Cochabamba. Fui a producir un documental sobre la campaña ME IMPORTAN de Aldeas Infantiles SOS que, por cierto, tiene que ver con el tratamiento que los periodistas y medios de comunicación realizamos sobre las niñas, niños y adolescentes en diferentes situaciones de vulnerabilidad, que algún día le contaré con más detalle. En fin, visité la zona sur, el distrito nueve, uno de los bolsones de pobreza estructural del país, donde la mayoría de las viviendas no está registrada en el catastro, falta agua potable y alcantarillado y la violencia intrafamiliar es moneda corriente. Para hacerlo corto y preciso: se trata de un retrato de esa Bolivia invisible que sólo es noticia cuando un golpe mal dado, al influjo de una tutuma rebosante de chicha, acaba en un cementerio o en un hospital en el mejor de los casos.
Lo cierto es que uno no es de piedra y, la verdad, quedé muy impresionado. En medio del infierno, allá donde el exalcalde José María Leyes sólo llega con una gigantografía que no cabe ni por asomo en una mochila china, me encontré con historias de superación personal que consiguieron sensibilizarme aún más con la problemática de cientos de niñas, niños y adolescentes con un pasado turbulento, un presente complicado y un futuro incierto. Ellos, de algún modo, son conscientes de ello; sin embargo, mire usted por dónde, alguno tiene la voluntad de salir del arroyo y luchar a brazo partido contra viento y marea. No daré nombres, por supuesto, pero conocí una joven de dieciséis años que atiende a seis hermanos trabajando a destajo; una mujer de veinte que se levanta a las cuatro de la mañana para cocinar platos típicos que vende en un puesto callejero y que en su momento le permitieron pagar la deuda contraída por un rufián que la abandonó y un hombre, viudo de una mujer alcohólica, que se enfrentó a su propia desgracia para recuperar a dos de sus hijos después de diez años en un hospicio. Cada uno de ellos, es la prueba fehaciente de que es posible creer en una segunda oportunidad.
A ver, esto no se trata de un discurso motivacional, de esos de Paulo Coelho y esa vaina de tener fe en la humanidad. Usted como yo sabemos que estamos rodeados de verdaderos hijos de puta dispuestos a saltar a la yugular por el simple placer de ver desangrar a su presa lentamente, como suelen hacer las hienas, sólo que a estos bichos los disculpo porque son irracionales, salvo que se demuestre lo contrario, por supuesto. Personalmente he perdido la fe en el ser humano después de pasarme más de veinte años en la trinchera, revolcándome en todo tipo de lodo y materia fecal (los políticos medran aparte, comprenderá usted) para luego contarlo en la tercera edición de un noticiero y así pagar las cuentas pendientes. Pero de vez en cuando me topo de narices con oasis de esperanza, esa gente que llegado el día del Juicio Final, se salvará de la hoguera. Desafortunadamente son un puñado de justos, aquellos que se desmarcan de los pecadores, o sea el común denominador de una sociedad individualista, egoísta y materialista donde el único patrón para mesurar es el volumen de la billetera. La clave está, siempre lo digo y lo escribo, en el olfato para detectar a uno de otro o una de otra, porque la mujer no se salva de la quema. Es muy difícil, se necesita mucho oficio, calle, piedra, lluvia, calor y frío; es preciso conocer la condición humana y tener siempre presente que todos, cada uno de nosotros, venimos de la estirpe de Caín, ese tipo que se cargó a su hermano por envidia y desde entonces cargamos esa culpa que sólo nosotros podemos redimir. Si nos importa hacerlo, claro está.

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LA POLICIA COMUNITARIA DE LOS INCAS: EL “TUKUY RIKUY”

Cnl. DESP. Vladimir Yuri Calderón Mariscal
(ExDocente de Historia Policial en la Universidad Policial “Mcal. Antonio José de Sucre”)

En una pasada gestión, el alto mando policial puso en vigencia el Plan Estratégico Integral de Seguridad Pública y Ciudadana “TUKUY RIKUY”, destinado a mejorar los planes preventivos y operativos desarrollados por la Policía Boliviana con el propósito de reducir el índice delictivo y restablecer la sensación de seguridad ciudadana en el Estado Plurinacional de Bolivia. Sin embargo, es bueno conocer donde y cuando se origina este concepto ideológico, sin necesariamente decantar en Etimología o Semántica.
El Imperio Incaico en la historia de la América precolombina, entre los siglos XV y XVI, abarcó parte de los actuales territorios de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y noroeste de Argentina.
El territorio del vasto imperio del Tahuantinsuyo se subdividia en el Chinchasuyo al norte, el Collasuyo al sur, el Antisuyo al este y Contisuyo al oeste. La capital del imperio fue la ciudad de Cuzco, en el actual Perú. El Tahuantinsuyo, antes de la llegada de los españoles contaba con 14 millones de habitantes, y hacia el siglo XVIII, por guerras civiles y enfermedades infectocontagiosas, fue diezmada a 1,5 millones.
Dentro de su compleja estructura territorial y social se encontraban los JUNUS (diez mil familias) cuyo Gobernador era el JUNUKURAKA; las provincias más pobladas se denominaban WAMANIN (cuarenta mil familias) gobernadas por el WAMANIN APU. Al lado del soberano, aun por encima del CONSEJO IMPERIAL, había un alto dignatario suplente del Inca, el INCA-RANTIN. Entre el Consejo Imperial y los JUNU existía otra dignidad de mucha importancia, la del TUKUY RIKUY (“el que lo ve todo”), su principal función era la labor de VIGILANCIA en el distrito de su jurisdicción que por lo general era una provincia, siendo el directo responsable del debido cumplimiento y observancia de las leyes y mandatos del Cuzco, enmendando errores, reparando injusticias, sancionando infracciones. De jerarquía inferior al TUKUY RIKUY, se encontraba el LLAJTAKAMAYUJ, especie de inspector que visitaba las viviendas para ver el cuidado y diligencia que el varón y mujer tenían acerca de su casa y familia.
Los cronistas e historiadores de la época precolombina relatan la labor sacrificada de este “primer policía” en su afán de mantener el orden y el cumplimiento de las disposiciones normativas del Inca, así como la ejecución de drásticas sanciones a los infractores, siendo algunas de ellas las lapidaciones a los adúlteros y la muerte tortuosa de los que cometían delitos contra el honor y el pudor de las mujeres, así como la pena de muerte de los violadores sexuales de las doncellas y la amputación de los miembros superiores de los ladrones; delitos que en la actualidad forman parte de nuestra economía jurídica penal.
Como bien podemos advertir, la sabiduría ancestral de la cultura incaica, estructuró a sus autoridades jerárquicas de tal manera que no dejaron de lado la importante función policial expresada en el TUKUY RIKUY cuya alta comisión delegada por el Inca fue la de imponer el cumplimiento de las leyes, la conservación del orden público y la defensa de la sociedad, ahora expresados de manera explícita e inequívoca en el Art. 251 de la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia que señala la Misión Específica de la Policía Boliviana. Por tanto la función policial, como la conocemos ahora, y mas aun el concepto de POLICIA COMUNITARIA, erróneamente considerado como moderno, tiene sus SIMIENTES en una organización policial primigenia, que veía en el Tukuy Rikuy como el policía del Tahuantinsuyo.

Opinion

MIL PALABRAS

PARA ELISA
La sepultó en silencio, con aquella dignidad tan suya. No tuvo necesidad de llamar a los hijos; hacía tiempo que habían dimitido. Pero él se quedó cuando todos se marcharon. Bueno, también estaba ella, como siempre, a su lado, mirándolo con esos ojos acuosos, limpios y claros, pero al mismo tiempo tristes, desangelados, sentada en el pórtico, tejiendo, remendando o pelando patatas o judías o lo que tuviera que pelar. Siempre callada, sin reproches. Y así se fue.
En realidad, él se lo veía venir. Las señales que aquel cuerpo menudo y frágil, resultaban inequívocas. También el diagnóstico del médico, ese matasanos con las paredes del consultorio empapeladas de diplomas, que ambos visitaron en la capital. “Mire, lamento decírselo, pero usted padece de un cáncer”, les dijo el facultativo agravando el gesto. “Existe un tratamiento, pero es muy caro. Entiendo que no lo podrían cubrir, ¿verdad?” remató sin anestesia. Y él y ella cruzaron una mirada sin subtítulos. De regreso a Vallejo, sentados en el fondo del autocar, no se separaron ni un segundo dejando que la vida transcurriera como si aquella tarde plomiza, que amenazaba lluvia, no existiera, ni tampoco la mala noticia comunicada por el doctor.
Al fin, él quebró el hielo.
-Podemos vender la casa. Total los chicos ya son mayores y…
Ella lo interrumpió abruptamente.
-Ni se te ocurra. Ni una palabra a ellos. Esto lo llevaremos tú y yo.
Y él asintió con la cabeza. Movió aquel tarro de miel coronado con un viejo sombrero de fieltro heredado de su abuelo y entrelazó las manos. Se fijó en sus dedos. Estaban ajados por el frío y la tierra, las uñas sucias y romas, y los nudillos gastados, casi a flor de piel. Aquellas manos grandes, otrora potentes, habían arado, sembrado y cosechado, durante demasiado tiempo. Ahora sólo ansiaba descansar; no quería tener que preocuparse de adquirir nuevas semillas en el mercado, ni de cavar un pozo en procura de agua para el sembradío, menos de vender sus productos al mejor postor. Pero no sería posible. Elisa se estaba muriendo y no había nada que él pudiera hacer al respecto. De pronto, mientras reconocía las colinas que rodeaban el valle y el vehículo de línea se adentraba en las entrañas de aquel paisaje yermo cruzando un camino vecinal empedrado, Alberto Comín, decidió que su prioridad debía ser que su mujer tuviera un plácido adiós.
“Será un proceso lento. Eso se lo puedo asegurar. ¿Si habrá dolor? Es probable”, sentenció el médico acostumbrado a transmitir sentencias devastadoras provocando terremotos emocionales de consecuencias insospechadas en los familiares de sus pacientes. Alberto percibió que su esposa, con quien había compartido el lecho durante cuarenta y tres años, se estremecía. Por primera vez sintió una suerte de miedo primigenio que tardó unos minutos en reconocer y procesar. Era el miedo a la pérdida, a la ausencia repentina, un vacío sin fondo visible al que se aproximaba sin remedio. “Como le comenté existen medicinas. No se imagina usted cómo ha avanzado la industria farmacéutica. Hoy se hacen maravillas. Pero yo no soy Dios, ni pretendo serlo”, comentó el doctor arreglándose una elegante corbata de seda. Alberto apretó los dientes en un involuntario gesto de rabia contenida. El tratamiento estaba fuera de sus posibilidades financieras. Consideró, por un instante, vender la casa, sus tierras, pero lo descartó al preguntarse dónde podrían ir. Además siempre estaban las palabras de su padre, ahí mismo, como una entidad moral omnisciente: “La tierra. A pesar de todo, jamás de desprendas de la tierra”. Escuchó la voz paterna, grave, cascada por el tabaco negro, barato, que compraba en el estanco de don Valerio, repetir aquella frase severa, admonitoria, que trascendía los límites naturales del cementerio del pueblo para quedarse por siempre en su memoria. Pero Elvira merecía la pena, siquiera, intentarlo.
-¿Cuánto crees que vale la casa?
Ella alzó la vista y se quedó ahí mismo, petrificada, buscando una respuesta en el techo del vehículo que había reducido la velocidad al pasar por el Salto del Ángel, una cornisa pedregosa donde se habían producido al menos cuatro accidentes fatales por la impericia de los choferes.
-No. La casa no se toca.
-Entonces, las tierras…
Sólo ella era capaz de sonreír de aquella manera. Era dulce, pero al mismo tiempo, clara y contundente, sin dejar un resquicio para la duda.
-Ya veo, las tierras tampoco se tocan.
Alberto correspondió la sonrisa con una mueca que arrugó aún más la castigada comisura de su boca.
-Encontraremos una salida. Ya lo verás. Siempre lo hemos hecho. Dijo Elisa tratando de sonar convincente. La procesión iba por dentro.
No se dijeron palabra hasta llegar a la plaza. Un pasajero se persignó devotamente; otro miró a su alrededor frunciendo el ceño, quizás contrariado por el paisaje que lo envolvía como un uniforme manto de polvo; tres monjas, de riguroso hábito negro, comentaban entre ellas. Alberto respiró hondo, aliviado. Detestaba la gran ciudad, con sus ruidos y vaivenes, el bullicio de la gente atestada en el metro, las voces de ida y vuelta, las sirenas de las fábricas anunciando el final de la jornada laboral y las luces de neón que promocionaban algún espectáculo decadente, moderno. La quietud de su pueblo natal era todo lo que necesitaba. No se imaginaba una vida fuera de Vallejo. Pero tampoco sin Elisa. Entrecerró los ojos para evitar que lo deslumbrara el sol poniente y distinguió la sombra de un hombre que lo saludaba. Era don Valerio.
-¿Qué? ¿Qué tal la capital? Le preguntó el estanquero.
-Sabes que no me gusta.
-Um-rezongó Valerio- Algo anda mal…
Alberto lo miró directamente a los ojos.
-La vida. Es la vida.
Valerio metió las manos en los bolsillos de su pantalón de pana y comprendió que aquel abnegado campesino no estaba para charlas intrascendentes. Alberto esperó a que el ayudante del chofer le alcanzara su maleta y también cargó la de Elisa. Ambos caminaron por la Calle Mayor. Hacía fresco, la gente sacaba una silla a la puerta de sus casas para esperar la cena entre amenas tertulias destinadas a resolver la crisis económica, y un grupo de niños correteaban tras una pelota de trapo. A lo lejos se escuchaba el rumor de un tango cansino contrarrestado por el profesor Soriano y su guitarra española desde el tercer piso de la escuela. Alberto sabía que Elisa adoraba la música. Con frecuencia la sorprendía tarareando una ranchera en la intimidad de su habitación mientras hacía la cama o fregaba el piso de la cocina. Entonces la abrazaba por la cadera y ella dejaba caer la cabeza atrás para que él le besara la base del cuello. Antaño, aquel ritual terminaba en sexo; ahora los acompañaba el recuerdo de tardes interminables y noches breves, cuerpos desnudos que comulgaban en la oscuridad, miradas furtivas y encuentros fugaces, casi clandestinos, para que los chicos no se despertaran. Una vez Elisa le preguntó si era feliz. Alberto no le respondió. Ella frunció la nariz, desconcertada e insistió. “Hoy estoy feliz”, dijo y ella, cubriendo su blanca desnudez con una sábana, se levantó del lecho, miró por la ventana que daba a los campos recién cultivados y sonrió como ella sólo lo sabía hacer dejando que su rostro resplandeciera al contacto con la primera luz del día, un tanto difusa. Alberto la halló hermosa y única, como una flor extraña en un jardín uniforme y monótono. Ella, pensó, era feliz. No le importaba que un día dejara de llover convirtiendo el río en una quebrada rocosa y las parcelas en eriales.
-Ya verás cómo esta vez sí cosecharemos-dijo animando a su marido-Estoy segura.
-Pero ni siquiera sé cómo la tierra aceptó la semilla…
-Ella lo sabe, Alberto. Es como una madre que sabe que lleva un crío en sus entrañas.
El campesino era incapaz de rebatir un argumento expuesto con aquella sencilla solidez. En el fondo sabía, no obstante, que sin agua el campo continuaría siendo una extensión yerma, abandonada a su desgracia. “No, amor. No todo está en esos libros que tanto te gusta leer”, le dijo con la mente, contemplando su otoñal belleza como un artista embelesado ante una creación definitiva, un lienzo generoso que acogía sin chistar trazos de admiración plena.
Calle abajo, a punto de cruzar el puente de piedra que era el límite mismo del pueblo, Alberto recordó aquella mañana y no pudo contener una lágrima. Elisa, perceptiva, se dio cuenta.
-¿Y por qué eso?
-No es nada.
-Lo es.
-Puede ser-replicó Alberto deslizando una mirada al cielo que oscurecía poco a poco-Es todo esto. Lo que nos está pasando.
-Aquí no pasa nada. Sólo que me voy porque la vida me llama.
-¿La vida?
-No te pido que lo entiendas.
Alberto notó cierto tono de condescendencia. De pronto se sintió más ignorante que de costumbre. Maldijo su suerte por no haber podido estudiar. Era lo que tocaba. Como hijo mayor se quedó en el pueblo, deslomándose bajo un sol de justicia arrimando el hombro a su padre.
-Quizás es este clima tan seco. ¿Has visto el pueblo? Sólo hay viejos y niños. Quienes pudieron están en la capital.
-¿Y lamentas haberte quedado? ¿Cambiarías tu destino?
Alberto Comín se acarició el occipital. Repasó su vida; la vio proyectada como en un filme en cámara rápida, sin interrupciones, y viendo el contorno de su casa recortándose sobre la superficie del cielo, negó con la cabeza sin decir palabra.
-¿Lo ves? Esto es lo que somos-aseveró Elisa con el rigor de quien lleva varias lecturas en la mochila-Nada podrá cambiarlo.
-Lo cambiaría un poco de lluvia. Siquiera un poquito. Deseó el campesino de ojos tristes.
-Ten esperanza, Alberto.
-No soy creyente y lo sabes. Replicó con sequedad y algo de torpeza.
Elisa sonrió de nuevo.
-No es cosa de Dios. O de dioses. Al final la tierra es justa. Siempre te da.
-O te quita.
Elisa mantuvo la sonrisa.
-Si lo dices por este bicho que tengo…
-Esa maldición. Me pregunto por qué tú y no yo. Eso hubiera sido justo. Al fin y al cabo sólo soy un labrador.
-Alguien que trabaja la tierra.
-Eso mismo. Nada más.
-Es mucho. Es todo. La tierra. Tu tierra. Nuestra tierra. Aquello por lo que soñamos y vivimos.
-Y morimos.
-No. Porque volvemos a la tierra. Mejor dicho, nunca nos separamos de ella.
-Esto es demasiado profundo para mí.
-Son los surcos que aramos cada día.
Alberto intentaba que su cerebro procesara las palabras que rebotaban contra un muro de ignorancia. Sintió alivio a pocos metros de su propiedad.
-Elisa, ya llegamos.
-Nunca nos fuimos.
Elisa vivió dos meses más. Alberto Comín grabó aquella frase en su memoria, la conservó con celo y la escribió sobre una lápida; luego cavó una fosa junto a un naranjo seco, de tronco retorcido cuyas raíces se abrían paso entre las piedras y fue incapaz de pronunciar una oración por el alma de su compañera. Dejó que lo hiciera un tal Chopin sentado frente a un piano de cola en el sobrio escenario de una sala de conciertos en algún rincón de un lejano país. “Para Elisa” rezaba el corte del disco que ella escuchaba con deleite, dejando que la música se apoderara de aquel ambiente limpio de aires rurales, una atmósfera sin vicios ni virtudes, donde el tiempo se había detenido y sus hijos se aferraban a su inevitable sino. Se enjugó la frente perlada de pequeñas gotas de sudor con el dorso de una mano y cerró los ojos. La pieza musical lo transportó a las tardes de verano, la cosecha, la fiesta mayor, con sus gigantes y cabezudos, los petardos y fuegos artificiales, el campanario de la iglesia llamando arrebato el día del gran incendio y la despedida de un puñado de hombres buenos que de descalzaban antes de subir al estribo del coche de línea para no volver jamás.