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Opinion

Comprará Facebook ‘The New York Times’?

Javier Cortés

En los últimos años se observa una tendencia llamativa: empresarios tecnológicos invierten en el negocio de los medios de comunicación. ¿Qué buscan con estas adquisiciones?
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Madrid 12 DIC 2018 – 06:09 CET

Facebook no ha mostrado su interés por comprar The New York Times. Entonces, ¿a qué viene este titular? Precisamente, a que no sería extraño que lo hiciese. Sus precedentes —que los tiene— invitan a hablar de una tendencia más que de una serie de casos aislados. Si Mark Zuckerberg se interesara por la cabecera estadounidense, no sería el primer líder tecnológico en apostar por el negocio de los medios de comunicación.

El pasado septiembre, Marc Benioff, máximo responsable de Salesforce, compró la revista Time por 160 millones de euros. Un mes después, Craig Newmark, el millonario fundador de Craigslist, empleó una décima parte de esta cantidad en lanzar The Markup, que se autoproclama un medio sin ánimo de lucro para analizar el comportamiento de las grandes tecnológicas. También aportó más de dos millones para fundar un medio digital sobre noticias de Nueva York y donó otros 17 millones a la Facultad de Periodismo de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, que le puso su nombre en agradecimiento.
En 2013, Jeff Bezos, la cabeza visible de Amazon, además del hombre más rico del mundo, compró el periódico The Washington Post por 190 millones de euros. Ese mismo año, el fundador de eBay, Pierre Omidyar, mostraba su interés en fundar un medio sin ánimo de lucro con una inversión similar. Su anuncio tomó forma bajo el nombre de First Look Media, una organización de noticias enfocada en realizar periodismo independiente. Algunos de sus redactores abandonaron la publicación poco tiempo después acusándola de presumir de unas intenciones que estaban lejos de materializarse en la práctica. Tres años antes, el magnate de las telecomunicaciones Xavier Niel había invertido una importante suma de dinero para hacerse con el control del diario francés Le Monde.
Los robots ya escriben noticias en el periódico
Lo que la biometría puede hacer por el periodismo
Podríamos seguir enumerando casos similares si no nos asaltase una pregunta inevitable: ¿A qué responde esta tendencia? Porque, si analizamos la compra de The Washington Post desde un punto de vista exclusivamente financiero, hay que reconocer que la publicación no atravesaba sus mejores días. El propio Bezos admitió entonces que no era el negocio más próspero de su vida. La oportunidad venía de la mano de la entrada de la tecnología en el panorama cambiante de la prensa, como en tantos otros sectores.

“No creo que el interés en tener una mayor influencia política fuera determinante en esta decisión de compra; podría tener más que ver con cierta visión innovadora”, expone el experto en estrategia y desarrollo de negocios digitales Pepe Cerezo. El autor de Los medios líquidos considera que la multinacional puede aprovechar la adquisición de la cabecera para explorar nuevas oportunidades para generar valor. “Amazon Prime ya integra contenidos del periódico y los entiende como un servicio más que como un producto”, expone. “Los medios se ven afectados por cualquier cambio tecnológico. Son un sector muy peculiar y pueden convertirse en el gran laboratorio de la transformación digital”.

Una opinión que comparte Miquel Pellicer, director de comunicación del grupo Lavinia. “El grado de influencia de Amazon en nuestras vidas tiene más que ver con Amazon que con lo que se publica en el Post, aunque sea un medio muy relevante”, plantea. Para él, la inversión tiene sentido si se entiende como una apuesta por el futuro de la prensa en el entorno digital. Y el mejor ejemplo de ello es Arc Publishing, la plataforma tecnológica que ha desarrollado el diario y emplean otros medios como EL PAÍS. “Arc simplifica 20 de los 45 pasos que suelen seguir los periodistas para publicar una noticia”, explica. “Amazon es una empresa a la que se le da muy bien cuidar la experiencia de usuario y esa visión aporta mucho valor a la transformación de un periódico”.

La visión del entorno digital es solo uno de los motivos que mueven a los magnates tecnológicos para entrar en la industria. Las inversiones de Benioff o Newmark, por citar algunos, presentan diferencias notables con la de Bezos. Cerezo opina que en EE UU existe cierta visión idealizada de la figura del editor y no descarta que este fenómeno se repita de la mano de una fuerte motivación filantrópica. “Socialmente, dirigir un medio es algo que tiene mucho valor, un componente de ego movido por la vocación de trascender. No me extraña que sea atractivo para el millonario tradicional americano”, defiende.
Por su parte, Julia Cagé, autora del libro Salvar los medios de comunicación, rechaza definir a la mayoría de estos millonarios tecnológicos como filántropos; prefiere hablar de ellos como los nuevos propietarios de los periódicos. “Una gran parte de estos magnates parece preocuparse mucho por la regulación o, más concretamente, por la garantía de ausencia de regulación, en particular en el caso del comercio electrónico y del sector de las telecomunicaciones”, critica la economista francesa. “La adquisición de un medio de comunicación puede ser para muchos de ellos una forma de obtener acceso a los políticos”.

La adquisición de un medio de comunicación puede ser una forma de obtener acceso a los políticos

Julia Cagé

Julia Cagé engloba en la categoría de iniciativas filantrópicas a ProPublica, una agencia de noticias sin ánimo de lucro fundada por los multimillonarios Herbert y Marion Sandler, pero se refiere al caso de Bezos o al de Benioff como un modelo de patrocinio. Además, niega que estos referentes tecnológicos entiendan mejor que otros accionistas cómo debería ser el modelo de negocio de la prensa en el futuro. “Ganar dinero gracias a la tecnología en un sector concreto no te convierte en un experto en el funcionamiento de la industria de los medios”, opina. “No creo que lo estén haciendo peor desde el punto de vista del conocimiento, pero tampoco lo están haciendo mejor”.
La economista también señala las diferencias en la gestión que hacen estos magnates de sus nuevas empresas. El fundador de Amazon ha invertido bastante en The Washington Post, Xavier Niel ha hecho lo propio en Le Monde y sus plantillas han crecido en consecuencia. “Pero Patrick Drahi —empresario tecnológico franco-israelí que controla diversos medios de comunicación en todo el mundo— ha reducido a la mitad el tamaño de las redacciones de las empresas que compró, lo que conlleva un efecto negativo en la cantidad y la calidad de la información que produce”, lamenta.

Opinion

LinkedIn también se suma a la moda de las ‘stories’

LinkedIn empezará a poner stories en su aplicación móvil, aunque de momento solo para estudiantes y dentro de los campus universitarios de EE.UU.

La epidemia de las stories, iniciada por Snapchat como su valor más importante, se está imponiendo en cada una de las redes sociales más populares. Facebook, Instagram, WhatsApp… todos quieren su parte del pastel, incluso en los sitios donde menos encajan. En esta dinámica, tenemos que sumar un nuevo contendiente que busca llevarse también tu atención en forma de contenido efímero, aunque no podamos decir si con el mismo acierto que con las anteriormente mencionadas.

Ahora es LinkedIn, la red social profesional por excelencia la que ha mentido, de forma ciertamente forzada, las stories efímeras en el core de su aplicación para móviles, con la misma estructura -e incluso diseño- que la omnipresente Instagram. Se trata de un función cuyo lanzamiento está próximo, dadas las pruebas que está realizando la compañía y a las que ha tenido acceso TechCrunch.

De momento será para un grupo reducido de sus usuarios, y lo hará bajo el paraguas de lo que la red social profesional ha denominado Student Voices, una agrupación de stories con las que la compañía quiere dar voz a los estudiantes de algunos de los campus universitarios más importantes los Estados Unidos: permitirá a los alumnos publicar videos cortos que desaparecen de la vista de todos después de una semana, aunque al igual que las stories destacada de Instagram, permanecen permanentemente visibles en el propio perfil del usuario en la sección de actividad reciente.

Sobre el lanzamiento definitivo para todos los usuarios todavía no hay fecha, y tampoco está claro la dinámica que tendrán las stories de LinkedIn cuando esté disponibles para cualquier persona dentro de la red social, más allá de los estudiantes, que están más acostumbrados al uso de este tipo de herramientas, aunque en contextos diferentes a los entornos altamente profesionales.

Opinion

IMPORTANCIA DE LOS BUENOS MODALES

Tcnl. DEAP. GONZALO ENRIQUE VELASCO MICHEL
JEFE DEPARTAMENTAL DE LA FELCN – TARIJA

Los buenos modales son importantes para mantener una buena convivencia con quienes nos rodean.
Lo buenos modales siempre serán importantes si lo que se desea es mostrar reconocimiento hacia las otras personas, que ayude a entablar relaciones de todo tipo, Los buenos modales se refieren a las costumbres de cortesía que se mantienen en una sociedad determinada.
La ausencia de buenos modales puede significar en muchos casos el desprecio hacia otra persona. Los buenos modales justamente se utilizan de modo tal que significan una muestra de aprecio y de consideración hacia las personas.
Los buenos modales por lo general lo aprendemos en la casa a partir de los familiares directos; en menor grado son enseñados en el colegio. En este sentido, es importante que se transformen en un hábito de forma tal que siempre estén en el trato interpersonal.
Mencionaremos algunos de los buenos modales que debemos tener presente siempre:
1.- Saludar al entrar a un lugar y al abandonar un recinto: “Buenos días”, “Buenas tardes”, “Hasta luego”, “Buenas noches”. Un simple saludo o despedida pueden hacer la diferencia, ello demuestra respeto hacia las demás personas.
2.- Dar las gracias: Cada vez menos personas están dispuestas a realizar el sencillo gesto de agradecer. Aunque la persona que nos haga un servicio esté cumpliendo con su trabajo, aunque sea lo esperable que realice determinada acción, dar las gracias permite cerrar un ciclo, y cada vez que lo hacemos, dejamos detrás de nosotros la imagen de que si valoramos lo que la otra persona hizo.
3.- Pedir por favor: En lugar de dar una orden, o de exigir un servicio porque se está pagando, el pedir por favor implica que la contraparte adoptará una actitud positiva. No se trata de rogar, no se pierde el orgullo, no es ser menos valientes. Es una cortesía, una frase breve que puede hacer una gran diferencia.
4.- Ceder el asiento: Antes una costumbre casi instantánea, hoy vemos con tristeza que pocas personas la realizan. No sólo en los buses urbanos donde para hacerlo más grave aún existen asientos marcados que son ocupados por quienes no les corresponde, sino en todos aquellos espacios en que el sentido común nos indica que alguna persona necesita el asiento más que nosotros. Denota buena educación, modales, respeto y empatía.
5.- Escuchar sin interrumpir, en vez de hablar todos a la vez: Sana costumbre, buenos modales. El que habla más fuerte no es el que tiene algo más importante que decir y escuchar al otro permitirá tener un diálogo. Si todos hablamos a la vez, al final costará más entenderse. Algo tan simple y lógico, hoy parece estar en extinción.
6.- Mirar a la cara a quien te está hablando y no al teléfono móvil: No eludir las miradas, no ver hacia otro lado en señal de aburrimiento, no concentrarse en el celular que nos controla y nos hace faltarle el respeto al que tenemos en frente. Mirar a la cara, prestar atención, mostrar interés en lo que nos quiere comunicar.
7.- Dejar pasar primero a las mujeres: Esto parece sacado de un libro de la antigüedad. ¿Quién es el caballero que lo hace actualmente? ¿Quién tiene la costumbre de dejar que ellas pasen primero? ¿Cuándo se perdió este gesto de buena educación? Por más que estemos en tiempo de igualdad de género, la caballerosidad sigue siendo un bien necesario.
8.- Sentarse correctamente y no recostarse como, literalmente, ocurre hoy: ¿Cuántas veces hemos visto a personas literalmente “desparramadas” en sus asientos? Es verdad que existe libertad, nadie cuestionaría eso, pero también es cierto que en espacios públicos, una señal de respeto y preocupación por los demás y uno mismo es sentarse correctamente. En la casa, en la privacidad del hogar ya habrá espacio y tiempo para sentarse como a cada uno le parezca.
Debemos tener una actitud proactiva de resucitar esas costumbres tan sanas que han hecho desde siempre que la convivencia sea más amigable y feliz, con empatía, pensando en el otro, y contribuyendo a que todos nos desenvolvamos en un marco de respeto y por cierto, de buenos modales que esperamos puedan volver a ocupar el espacio que les corresponde.

Opinion

Cazadores de odio en las redes sociales: así quiere Twitter desintoxicarse

RODRIGO TERRASA

En el verano del año 2017, el artista alemán de origen israelí Shahak Shapira, cansado de denunciar sin éxito cientos de mensajes racistas que había leído en Twitter, se plantó frente a las oficinas de la compañía en Hamburgo y, armado con un spray y unas plantillas, reprodujo decenas de esos tuits frente a las puertas del edificio. Había insultos a los negros, frases machistas, amenazas a los gays, discursos negacionistas sobre el Holocausto… Ya saben, habrán leído infinidad de tuits similares en España. «Si Twitter me fuerza a ver esas cosas, entonces ellos también tendrán que verlas», dijo Shapira. Según él, Facebook había eliminado cientos de mensajes similares, pero Twitter no reaccionó (tímidamente) hasta su perfomance.
Un año y pico antes de aquello, la compañía del pajarito, que siempre presumió de ser «el ala de la libertad de expresión en la fiesta de la libertad de expresión», había empezado a tomarse en serio su problema precisamente con… la libertad de expresión. Creó, una década después de su fundación, el Consejo de Confianza y Seguridad y reclutó a más de 40 organizaciones y expertos de todo el mundo para «asegurar que las personas puedan seguir expresándose libremente y de manera segura en Twitter».
El trabajo -así lo demostró Shapira- no fue muy efectivo, y a finales del año pasado Jack Dorsey, CEO de la empresa, anunció medidas más drásticas. «Vemos que hay voces que se silencian cada día en Twitter. Hemos estado trabajando para contrarrestar esto durante los últimos dos años, pero no ha bastado. En 2017 lo convertimos en nuestra máxima prioridad y hemos avanzado mucho pero todavía hay quien cree que no hacemos lo suficiente, así que hemos decidido adoptar una postura más agresiva», comunicó el jefe en varios tuits.
En los últimos dos años, Twitter, consciente de que su aire era cada vez más tóxico, ha introducido más de 50 cambios de políticas, productos y operaciones para hacer que la experiencia de sus usuarios sea más segura y «reforzar la salud de la conversación online». Dice la compañía que celebra reuniones cada día para trabajar en ello. Sus nuevas reglas apuntaban a combatir el acoso sexual, los desnudos sin consentimiento, las expresiones de odio o la exaltación de la violencia. El problema es cómo conseguirlo.
«El enfoque de nuestra iniciativa es encontrar el equilibrio adecuado entre la libertad de expresión y la necesidad absoluta de las personas de sentirse seguras online», explica Karen White, directora de Política Pública de Twitter en Europa. «Es un desafío, y no siempre lo vamos a hacer bien. A medida que la sociedad y la cultura cambian, también lo hacen los tipos de comportamiento y los contornos de las conversaciones que vemos en nuestro servicio, así que debemos adaptarnos y evolucionar».
En julio de este año, The Washington Post reveló que Twitter había eliminado en sólo dos meses más de 70 millones de cuentas dentro de su campaña contra la actividad nociva en la red. En su último informe de Transparencia, hecho público este jueves, la multinacional reconoce que cada semana pone a prueba 10 millones de perfiles sospechosos de spam y asegura que las denuncias por mensajes basura no han dejado de descender en los últimos meses.
El enfoque de nuestra iniciativa es encontrar el equilibrio entre la libertad de expresión y la necesidad absoluta de las personas de sentirse seguras on line
Karen White, directora de Política Pública de Twitter en Europa
Desde la compañía subrayan que su obsesión ahora es detectar el comportamiento en la red social y no sólo moderar el contenido. Y para ello no han dejado de endurecer sus normas. Hay que recordar que Twitter es una empresa privada y se reserva el derecho de admisión, como los bares. Si no te gustan sus normas, ahí tienes la puerta o ahí tienes Instagram o WhatsApp, incluso un libro. La teoría dice que si publicas una barbaridad en la red social, Twitter te pedirá que la elimines. Si no lo haces, limitará de forma temporal tu cuenta y, si insistes, suspenderá tu cuenta de forma permanente y bloqueará cualquier nuevo perfil que quieras crear. La práctica, sin embargo, dice que el mundo ideal que sueña la compañía está aún lejos de ser una realidad.
Veamos un ejemplo de hace sólo unos días. Ulises Lafuente, guionista y dibujante de cómics, casi 6.000 seguidores en Twitter, publicó el siguiente mensaje en la red: «La culpa es de la izquierda que no hace campañas abogando por matar maricones». Se entiende que era un tuit irónico tras el auge de la derecha radical en España, pero incluía dos palabras, «matar» y «maricones», que le bastaron a Twitter para clausurar su cuenta durante unas horas.
«Es la primera vez que me sucede, sin embargo sé que es algo habitual en la plataforma», cuenta Lafuente. «A menudo se ve a usuarios lamentándose de lo mismo, y debido además al uso de la misma palabra que estaba incluida en mi tuit: ‘matar’. Twitter se ve en el compromiso de tener que moderar millones y millones de mensajes diarios escritos por usuarios de todo el mundo, y resulta logísticamente imposible que esta labor de moderación sea llevada a cabo por personal humano, de modo que acaban por delegar en algoritmos e inteligencia artificial».
Según Twitter esto no es así. Es cierto que la empresa no actúa de oficio, así que necesita que alguien denuncie el mensaje antes para responder. Pero aseguran que siempre es un equipo humano quien decide la suspensión de una cuenta. Su sistema de inteligencia artificial sólo actúa contra los bots o el spam o para identificar patrones de comportamiento abusivo o en la lucha contra el terrorismo. Según Twitter, es una persona quien decide cerrar una cuenta; otra cosa es que ese humano entienda la ironía o el contexto de un mensaje en particular.
«En el momento en el que otro usuario denuncia tu cuenta, pasan a investigar todos tus tuits», cuenta Lafuente. «El problema es que Twitter es una red social en la que habitualmente escribimos mensajes dependiendo de lo que el resto del mundo está tuiteando en ese momento, y es prácticamente incomprensible la lectura de tuits de actualidad fuera de contexto. El resultado es que es un sistema explotable precisamente por aquellos a los que Twitter pretende detener».
En los últimos tiempos la percepción de censura en Twitter se ha disparado por el cierre de cuentas de perfiles de personajes conocidos. Le ocurrió a Frank Cuesta tras responder a Dani Mateo por su célebre gag sonándose los mocos con la bandera de España, le pasó también al periodista Hermann Terstch por sus excesos, a la cuenta de El Chiringuito e incluso al Colectivo de Víctimas del Terrorismo. Según Terstch, el motivo es que «la extrema izquierda siempre ha sido la jefa de Twitter».

«Yo para nada creo que Twitter sea más de izquierdas que de derechas, pero sí creo que los de un lado se mueven mejor que los otros para silenciar a quien les molesta y esto al final crea casi un club de damnificados que incentiva todo tipo de teorías conspiranoicas». Quien habla es @godivaciones, María Blanco en la vida real, economista, profesora universitaria y activista liberal, según su autorretrato. El mes pasado también le suspendieron la cuenta después de contar desde su perfil que se había negado a aplazar un examen a sus alumnos, que alegaban a última hora «una huelga contra el machismo en las aulas». La ira cibernética se cebó con ella y se quedó castigada sin cuenta durante unas horas. Entre los tuits de su historial que fueron denunciados de forma masiva había uno dirigido a una amiga que decía algo así: «Un día te presento a mi hija Carlota… te mueres de risa».
¿Te mueres? ¡Error!
«Me machacaron y empecé incluso a recibir mensajes de amigos a los que Twitter daba las gracias por haberme denunciado aunque no habían hecho nada. Ese es el problema real, y no la censura. La seguridad. Es relativamente sencillo hackear tu cuenta y denunciar en tu nombre. Twitter permite que personas acosen y derriben maliciosamente otros perfiles. Si tuiteas de fútbol no pasa nada, pero si te posicionas políticamente y tienes cierta pegada, rastrean tu timeline y antes o después encuentran una palabra denunciable».
-¿Vale la pena pagar el precio de perder la cuenta durante unas horas si así se acaba con la agresividad?
-Valdría la pena si realmente funcionara, pero no funciona. Twitter está eliminando cuentas pero no elimina el problema. Quien quiera puede amenazarte de muerte sin utilizar la palabra muerte, y Twitter ni se entera, sin embargo los hackers te tumban la cuenta en un momento. Yo no me voy de Twitter porque me lo paso pipa, pero es una pena que la falta de seguridad instale el mal rollo entre tanta gente divertida. Hay cuentas que se están yendo y Twitter acabará siendo tan lánguido que los jóvenes no entrarán jamás.
Para relativizar esta psicosis por la presunta mordaza de Twitter, la compañía recuerda que el número de cuentas reportadas por abuso constituye menos de un 1% del total. ¿Cuál es el problema entonces? ¿La censura, la excesiva tolerancia o el equilibrio imposible entre las dos cosas?
Francesc Pujol es profesor de Económicas y especialista en reputación online. Según su análisis, el problema de Twitter es que nunca estableció unos marcos claros de control como sí definieron plataformas como YouTube, Instagram o Facebook y cuando ha querido hacerlo, el follón ya se había instalado. «La solución sólo está en manos de Twitter. El contenido que permites es al final el contenido que favoreces y en Twitter se ha generado una dinámica clarísima de conflicto, de choque, de un ruido con el que la empresa ha estado feliz durante muchos años porque le daba vitalidad, tráfico, publicidad… A corto plazo, ese modelo Sálvame funcionaba porque era tóxico pero adictivo. El problema es que ahora se han dado cuenta de que a largo plazo no funciona y lo triste es que no cambian porque quieran recuperar su esencia, sino porque ven que pierden ingresos y rentabilidad».
-¿Está Twitter a tiempo?
Twitter ha sembrado tanto ruido durante años que no puede pretender arreglarlo ahora de un día para otro
Francesc Pujol, especialista en reputación on line
-Depende de ellos, pero han sembrado tanta mierda que esto no se arregla de un día para otro. Durante años han acostumbrado a la marabunta, a acosadores, a funcionar felices y tranquilos en Twitter. No puedes alimentar a los gremlins y ahora pretender que sean gizmos.

Opinion

¿CÓMO ES UNA MARCA ACTIVISTA?

Isabel López Triana

Cada vez existe una mayor demanda a las empresas y sus CEOs para que ejerzan un activismo activo y se posicionen frente a desafíos sociales, desde la inmigración, el cambio climático o los derechos de las personas homosexuales, hasta la regulación del uso de armas o, incluso, las consecuencias del Brexit.
No debemos olvidar que la palabra activista tiene una connotación negativa en español: el término se percibe como algo desmesurado y circunscrito a colectivos sociales. Cuando se habla del activismo del CEO, se piensa en líderes fuera de nuestras fronteras que se están posicionado sobre algunas causas. Si recurrimos a la definición de la RAE, una de sus acepciones es la del «ejercicio del proselitismo y acción social de carácter público».
«Cuando se habla del activismo del CEO se piensa en líderes fuera de nuestras fronteras»
¿Por qué el auge del activismo?
En los últimos dos años, las empresas están siendo instadas por muchos inversores a demostrar su impacto social positivo. Larry Fink, CEO de BlackRock, en su carta a los CEOs de las compañías en las que invierte escribió a principios de año: «La sociedad está exigiendo que empresas, tanto públicas como privadas, cumplan un fin social. Cada empresa no solo debe tener un rendimiento financiero, sino también mostrar cómo hace una contribución positiva la sociedad». La carta, ampliamente recogida por los medios, nos permite hacernos una idea de hasta dónde ha llegado la preocupación por la sostenibilidad.
Según datos del estudio de Edelman Earned brand, el 53% de los encuestados considera que las marcas tienen mejores ideas para solucionar los problemas que afectan a un país que los propios Gobiernos. Y si lo comparamos con los datos del Trust Barometer 2018, solo el 44% del público considera que lo que dicen los CEO es creíble y el 56% no respeta a los directores ejecutivos que guardan silencio sobre importantes problemas sociales. Además, el 64% piensa que deben asumir el liderazgo en el cambio en lugar de esperar a que el Gobierno lo imponga y el 79% quiere que los líderes empresariales tengan un papel relevante al comunicar el propósito y la visión de la compañía.
En otro estudio sobre el tema, elaborado por Weber Shandwick, nos topamos con el dato de que el 42% de los consumidores americanos ha tomado medidas a través del comportamiento de compra, generalmente boicoteando a la marca. Esto desafía a los CEO, muchas veces más allá de su capacidad. Con estos datos parece claro que no pueden quedarse callados y que ese activismo tiene una clara contraprestación en términos de incremento de la confianza y en algunas ocasiones de consumo.
Los riesgos del activismo
Sin embargo, tener posiciones activistas puede suponer un riesgo. Un ejemplo reciente: Nike y su campaña de celebración del 30 aniversario del eslogan «Just do it» con Colin Kaepernick, antiguo quarterback de los 49ers de San Francisco convertido en símbolo de las protestas antirraciales. Según datos de Apex Marketing Group, en su primer día, el anuncio generó más de 43 millones de dólares en exposición a los medios, pero las acciones de la compañía cerraron ese día con una baja del 3,2%, la mayor caída desde abril, aunque también lo hicieron las acciones de la compañía rival Adidas.
«Para que una marca sea realmente duradera, tiene que tener un punto de vista, una personalidad, autenticidad»
Hasta el propio Donald Trump utilizó su Twitter, como hace habitualmente, para criticar la campaña, y las redes sociales se dividían entre los que alababan a Nike y su apuesta y los detractores, que llegaban incluso a quemar sus zapatillas.
A pesar de la bajada inicial en bolsa y de las críticas, por ahora parece que a Nike le ha salido rentable correr el riesgo, seguramente muy calculado. Tan solo unas horas después de ponerlas a la venta online, se acabaron las existencias de las camisetas de Kaepernick y el valor en bolsa de la compañía se recuperó, llegando incluso a alcanzar niveles históricos unos días más tarde del lanzamiento del anuncio.
¿Cuál es la clave para que esta jugada haya salido bien? La campaña no ha sido vista como una estrategia táctica de marketing, sino introducida de forma coherente en un compromiso a largo plazo. Alex Lirstman, cofundador de la agencia digital Ready Set Rocket, cree que el activismo de marca se construye sobre el propósito de la misma, y lo resume con una sencilla frase: «El propósito no funciona sin autenticidad».
Como concluye Renée Gosline, profesora y científica investigadora del MIT Sloan School of Management, hoy en día, «para que una marca sea realmente duradera, tiene que tener un punto de vista, una personalidad, autenticidad. Por definición, entonces, debe tomar una posición, y algunas posiciones son menos controvertidas que otras. Pero tiene que representar algo».
Las marcas que permanecen sin responder a esta realidad correrán el riesgo de erosionar su autenticidad y compromiso y de perder el apoyo de sus diferentes grupos de interés.

Opinion

HIPERLÍDERES: EL EXCESO EN POLÍTICA

Antoni Gutiérrez-Rubí
El maestro y referente Peter Drucker afirmaba: «Administrar es hacer las cosas bien; liderar es hacer las cosas correctas». El líder se autolimita, el hiperlíder ejerce su poder sin −casi− contrapesos y, en muchos casos, en sociedades poco vigilantes, o fuertemente condicionadas, donde la denuncia pública del exceso acarrea incluso un riesgo personal.
La política democrática corre el riesgo de sucumbir a la irrupción y la consolidación de líderes, pontífices o monarcas, como Vladímir Putin, que administran su poder con una potencia autorreferencial que hace imposible la concepción de un poder compartido, condicionado o limitado. Esta deriva debilita nuestra cultura democrática y la sustituye por la de la audiencia, el mercado o el dominio. La democracia, así, se convierte en un ritual hegemónico del poder, no en una construcción democrática del poder.
Estas serían algunas de las características del hiperlíder:
1. La simplificación del pensamiento.
«Si la única herramienta que se tiene es un martillo, se pensará que cada problema que surge es un clavo», Mark Twain. Simplificar lo complejo es una tentación constante de estos modelos de liderazgo, para ofrecer la solución −su solución− como única alternativa. Reducir lo complejo a binario impone un marco mental de «a favor o en contra» (del líder), sin matices, sin gama de grises. Tan binario como falso, tan binario como autoritario.
2. La emocionalidad política.
«Ignorar las emociones es un problema, sublimarlas hasta el paroxismo es explosivo en política»
«Lo importante es transformar la pasión en carácter», Kafka. El hiperlíder canaliza las emociones en marca personal, en estilo. Las propias y las del humor social. Esta tentación pasional inhibe un modelo de liderazgo argumentado y sereno. Donald Trump es un exponente de esta característica. Todo se convierte en químico y agitado, en pasión política, no en razón política. Ignorar las emociones es un problema, sublimarlas hasta el paroxismo es explosivo en política.
3. La política como genialidad.
«Un hombre de genio toma sus fallas como errores y, voluntariamente, los transforma en portales de descubrimiento», James Joyce. La tentación hacia la pulsión genial, al instinto, al trazo…, reduce la política al gesto, invalida la ponderación equilibrada. La evaluación es sustituida por la inspiración acrítica. El follow me se convierte en la consigna, la orden y el argumento de poder.
4. La política esteticista.

El hiperlíder convierte la política en efecto, en destello que lo ilumine. El culto por el ritual, la liturgia, la escenificación, es una condición escénica para su ejercicio. Lo vimos, por ejemplo, en la toma de posesión de Emmanuel Macron. Dominio visual y ambiental, como parte de una seducción de las voluntades o una dominación de las discrepancias. La escena convertida en espacio sacro, en iglesia. Esta obsesión estética y visual esconde una fascinación por el poder icónico, marmóreo. El poder deviene escenario con espectadores, en lugar de ciudadanos.
El liderazgo es una virtud, el hiperliderazgo un problema.

Opinion

Facebook está perdiendo peso entre los Millennials y Centennials”

Por: Diego Istúriz

De visita en Chile, el consultor político español Antoni Gutiérrez-Rubí analiza la incidencia de las redes sociales en los procesos electorales. “La mejor arma para la desinformación es la educación”.
“La gente ya no cree en los hechos”, señala con pesimismo el intelectual norteamericano Noam Chomsky. En tiempos de fake news y bots, la información en las redes sociales se convierte en una peligrosa mercancía que puede ser manipulada en favor de intereses políticos y en perjuicio de la opinión pública, trazando así una delgada línea entre lo real y lo ficticio.
En ese contexto es fundamental que existan voces autorizadas para generar conciencia sobre los riesgos y las ventajas de las plataformas sociales. Hoy grandes protagonistas de las campañas políticas.
Con ese objetivo pasó por Santiago el catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, experto en comunicación y asesor de la estrategia digital del alcalde de Las Condes Joaquín Lavín, en el marco del seminario “Nuevas tendencias en Redes Sociales” organizado por CGE (Compañía General de Electricidad), Sofofa (Sociedad de Fomento Fabril) y la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica.
Lavín se introdujo en el mundo del marketing digital en parte gracias al trabajo de Gutiérrez-Rubí. Lo asesoró en la definición de la estrategia digital que hoy tiene en marcha. El propósito era mostrarlo cercano a los vecinos, dado su perfil de experto en comunicación política.
En diálogo con Qué Pasa, Gutiérrez-Rubí abordó las tendencias más relevantes de la política actual en el mundo de las redes.
¿Cómo puede el ciudadano común detectar la propaganda computacional y las fake news? Existen estudios que comprueban el uso de esta herramienta por parte de Trump y Bolsonaro para sus estrategias digitales.
Es una pregunta complicada. Todavía no se sabe a ciencia cierta si realmente la industria de la mentira puede afectar los procesos electorales y definir una campaña. Pero tenemos pistas. Bolsonaro ha tenido como elemento nuevo el protagonismo de WhatsApp. En Brasil hay 120 millones de usuarios, de los que el 70% se informa de política por ese canal. El equipo de Bolsonaro creaba una gran cantidad de contenidos. Ocupaba la atención, que ocupa tiempo y estimula a compartir.
Mientras te tengo ocupado con comida basura informativa, no te dejo tener otras ideas e impulsos. Para la desinformación, la mejor arma no es la regulación, sino la educación. La receta para hacer frente a este enorme desafío es definir y seguir una dieta digital equilibrada y variada -que incluya diferentes contenidos informativos y fuentes- y asumir una actitud crítica ante las informaciones que recibimos.
¿En las campañas de redes sociales, los candidatos de mayor poderío económico tienen más posibilidades de tergiversar la opinión pública en su favor?
Tienen más posibilidades de invertir en más publicidad, o en más análisis electorales de sus potenciales votantes, o en más segmentación electoral, o en un mejor equipo de creación de contenidos, o de monitorización, o de creativos.
Pero en la cultura digital, el más poderoso no es siempre el más grande, ni el que está en el centro. Nikesh Arora, quien fuera representante de Google, decía: “La competencia ya no será entre grandes y pequeños, sino entre rápidos y lentos”. Pues eso: un pequeño rápido puede ganarle a un grande lento. También en política.
¿Qué consejos le daría a un político que pretende impulsar una campaña en redes sociales?
Le diría que la comunicación no debe ser impostada, sino real. Y que es preferible comunicar a informar. Para mí, informar (y por tanto, difundir) lo puede hacer cualquiera, pero sólo se crea memorabilidad y, por supuesto, más comparticiones y visibilidad, cuando se comunica.
Hay que entender a las redes no como una panacea sino como una herramienta más para hacer política. Tener presencia en Internet no significa ganar elecciones, ni ser el partido más votado, o con más visibilidad. Sin embargo, para ganar unas elecciones, la comunicación debe hacerse, hoy en día, también en la red.
Debemos recordar que la red es una herramienta importantísima para la comunicación política, pero una más. No hay que dejar de hacer el resto de las cosas, pero sí otorgarle la misma importancia a la campaña en red. Y es potencialmente muy ventajoso. No sólo es difusión, sino que se trata de una red relacional. Son las relaciones lo que importa, los contactos, y es a través de la red como esas relaciones pueden ser más fluidas y rápidas. Los políticos pueden generar comunidades de personas afines que confían en ellos y quieren y pueden involucrarse para difundir el mensaje del político. Es decir, no buscar el voto, sino buscar gente que haga campaña entre sus círculos para conseguir ese voto.
En ese contexto, ¿considera que Facebook está perdiendo peso como principal plataforma social a nivel mundial?
Puede que esté perdiendo algo de peso, sobre todo entre los centennials y millennials más jóvenes, pero sigue siendo la red de redes, con más de dos mil millones de usuarios activos. Por ello, Facebook y WhatsApp continúan siendo, por ahora, las mejores herramientas para llegar a la gente, para comunicarnos, para dar a conocer nuestros mensajes, para lograr más y mejores relaciones y donde nuestros activistas pueden actuar.
¿Cuál cree que será el rol de los medios tradicionales en el futuro?
No considero que el papel de los medios tradicionales vaya a ser menor en un corto o medio plazo. Si queremos información tratada y de calidad, nos la ofrecen, casi siempre, los medios tradicionales. Son ellos quienes ordenan la información y nos la explican, los que sirven de faro en una sociedad donde la información es una constante. Es la credibilidad en un mundo de noticias potencialmente falsas o totalmente sesgadas. Por supuesto que esa credibilidad debe mantenerse en el tiempo para seguir siendo real. Toda la información es manipulada, y requiere un proceso de manipulación, e incluye elementos de subjetividad. Y es normal, y humano. Pero se trata de que los medios sigan manteniendo algo de independencia y profesionalidad, y solo por ello ya son necesarios en estos tiempos de conectividad e instantaneidad.
¿Cuáles son las tendencias que vislumbra para las redes sociales?
Más autorregulación, parece, por parte de las propias plataformas. Se intenta que las fake news sean más difíciles de recibir. Pero también nuevas herramientas al estilo de los contenidos efímeros, como estamos viendo en su auge en Snapchat, Instagram, Whatsapp o Facebook; el vídeo en directo, y las relaciones directas y privadas entre contactos (especialmente vía WhatsApp) para hacer campaña, lo que se denomina dark social. Añadiría, en relación a partidos y candidatos, la adaptación a nuevas exigencias en privacidad.

Opinion

Opiniones y creencias políticas

ANTONI GUTIÉRREZ-RUBÍ

«Existen dos maneras de ser engañados.
Una es creer lo que no es verdad,
la otra es negarse a aceptar lo que sí es verdad»
Existe una opinión muy extendida de que cambiar de opinión no es fácil, ni rápido, ni cómodo. La convicción íntima de que nuestros prejuicios son poderosos refugios está muy instalada. Además, en su versión sublimada, no cambiar de opinión sigue siendo una opción revestida de categoría moral: la de la coherencia y la constancia. Así, lo que es una posible virtud se convierte en creencia inamovible e invulnerable a los hechos o argumentos que la desmientan o la contradigan. O, finalmente, nos sitúan en el terreno de la fe más que en el de la razón. Marcel Proust lo definía muy bien: «Los hechos no penetran en el mundo donde viven nuestras creencias, y como no les dieron vida no las pueden matar; pueden estar desmintiéndolas constantemente sin debilitarlas, y una avalancha de desgracias o enfermedades que una tras otra padece una familia no le hace dudar de la bondad de su Dios ni de la pericia de su médico».
Recientemente, la prestigiosa revista Scientific American ha publicado un estudio de Philip Pärnamets investigador postdoctoral en psicología en la New York University y en el Karolinska Institutet, y de Jay Van Bavel profesor asociado de psicología y neurociencia en la New York University que demuestra como nuestras preocupaciones colectivas –identidad de grupo, valores morales y creencias políticas– alteran nuestras percepciones y evaluaciones del mundo que nos rodea.
Ambos investigadores realizaron un reciente experimento, en el que demostraron que es posible engañar a las personas para que cambien sus opiniones políticas, por ejemplo, con argumentos morales. «De hecho, conseguimos que algunas personas adoptaran opiniones que eran completamente opuestas a sus ideas originales. Nuestros resultados implican que debemos repensar algunas de las maneras en las que pensamos acerca de nuestras propias actitudes, y como se vinculan al actual clima político altamente polarizado», afirman en la presentación de sus resultados.
El experimento se basa en un fenómeno conocido como ceguera de elección (choice blindness), descubierta en 2005 por un equipo de investigadores suecos. Presentaron a los participantes dos fotografías de rostros y pidieron a los participantes escoger la fotografía que pensaran que era más atractiva, y entregaron a los participantes dicha fotografía. Empleando un inteligente truco inspirado en los espectáculos de magia, cuando los participantes recibieron la fotografía esta había sido cambiada por la fotografía de la persona no escogida por el participante – la fotografía menos atractiva. Extraordinariamente, la mayoría de los participantes aceptaron esta fotografía como su propia elección y procedieron a dar argumentos acerca de porque habían escogido ese rostro en primer lugar. Esto reveló un desajuste sorprendente entre nuestras elecciones y nuestra habilidad para racionalizar sus resultados. Es decir, cambiar racionalmente de opinión es muy difícil, mantener la opción prejuiciosa es sorprendentemente fácil… y manipulable o vulnerable, aunque acabe, finalmente, cambiando tu primera opción.
Pärnamets y Van Bavel han experimentado, también, con temas políticos y el resultado es que las personas tienen «un grado de flexibilidad bastante alto en cuanto a sus visiones políticas una vez que eliminas las cosas que normalmente hacen que se pongan a la defensiva. Sus resultados sugieren que tenemos que repensar lo que significa mantener una actitud (política)». Es decir, si se consigue -por medio de la persuasión o la manipulación- que cambiar de opinión no sea un cuestionamiento de tu identidad, las posibilidades de que esto suceda son cada vez más altas. Nuestras afirmaciones son, en realidad, reafirmaciones de nuestras convicciones.
Las visiones del mundo desde lo ideológico están retrocediendo frente a las visiones del mundo desde lo moral. Los mensajes morales y emocionales sobre temas políticos polémicos, como el control sobre las armas y el cambio climático, por ejemplo, se extienden más rápido que entre redes ideológicamente similares. La burbuja del algoritmo, con su efecto eco y homogeneizador, acentúa el protagonismo de los argumentos morales y emocionales por encima de los ideológicos y racionales. Los cruzados están ganando el espacio a los activistas. La fe avanza, la razón no encuentra su espacio. «Pienso luego existo», era el planteamiento filosófico de René Descartes. Quizás hay que empezar a aceptar que para una creciente mayoría de personas el argumento es: «Creo luego pienso».

Opinion

MIL PALABRAS (226) El lugar equivocado

Por Ramón Grimalt
Ella está sentada en un banco, la mirada perdida y melancólica y el cuerpo levemente encorvado sobre un bastón que debió heredar de su madre en algún momento y ahora casi forma parte de su endeble anatomía. Podría decirse que sin éste no se puede mover. De hecho, sobre el mango, posa una mano huesuda, de dedos largos, rapaz, que descubro surcada de venas azules y verduscas, como el mapa de carreteras de algún lugar remoto. Entre autopistas y caminos vecinales, aparece un irregular y sinuoso punto marrón, una referencia obligada al sol que tanta mella hizo en una piel amarilla, apergaminada, incluso traslúcida, que en ese instante busca su contacto con el rayo que todos los días se filtra entre la arboleda de encinas y robles.
Ignoro su nombre pero calculo su edad. Debe estar próxima a los ochenta o tal vez, ya los ha sobrepasado con creces. Sé, no obstante, que alguien la dejó ahí, a esa hora de la tarde, justo antes de comer. La rutina se cumple todos los días con absoluta rigurosidad. A lo lejos, emergiendo de una calle adyacente a aquella plaza, aparece detrás de una silla de ruedas, una mujer de mediana estatura, rostro ajado por la ventisca del altiplano, broncíneo, orgulloso y aún joven. No necesitan hablar entre ellas; primero porque la aymara está sumida en sus recuerdos evocados por la música de su tierra y segundo, porque la anciana lleva un audífono especial en la oreja derecha y, de algún modo, también va a la suya. Una vez alcanzado su destino, la mujer indígena (vestida con un buzo de color amarillo chillón y zapatillas rosas) coloca una frazada en las piernas de la señora, acicala con mucho cariño su largo y cano cabello y le musita no sé qué. Luego, la aymara regresa por donde vino y la anciana, se queda ahí, impertérrita, sin mover un músculo, como una de esas estatuas de la Rambla que sólo se activan cuando les das un euro.
Mi hijo Jordi, testigo de la escena, me pregunta: “oye, papá. ¿Tú crees que acabarás así?” “Espero que no”, respondo con la seguridad de quien todavía tiene varios asuntos pendientes. “¿Pero no es ley de vida?” insiste él, que cuando quiere puede ser muy puñetero. “Soy de los que piensa que todos deberíamos tener un interruptor, como si fuésemos un robot, que cuando creyésemos conveniente se podría apretar y hasta luego Lucas”. “Papá, no digas tonterías”, resuelve Jordi con ingenuidad, al fin y al cabo tiene dieciséis y un largo camino por recorrer. Le sonrío. “Es broma”, le tranquilizo. Pero mi fuero interno no miente; no puedo mentirme. Me aterroriza la idea de envejecer mal, acabar dependiendo de otro u otra, sin poder valerme por mí mismo. Ya no es una cuestión de independencia ni siquiera de sentido común; se trata de marcharse con elegancia, cuando uno es consciente de sus actos y sabe que los muebles viejos siempre molestan porque se atraviesan en el lugar equivocado.

Opinion

La burbuja política o cómo las redes multiplican la colisión entre quienes piensan distinto

CRISTINA SÁEZ
Los votantes de izquierdas y los de derechas viven en mundos paralelos en Twitter y cada grupo sólo interacciona con personas, partidos y medios de comunicación que les son afines.
Es la principal conclusión de un estudio liderado por la Universitat Pompeu Fabra (UPF) que concluye que hay una ausencia total de diálogo político en esta red social. No obstante, el trabajo constata que los votantes y partidos políticos de izquierdas están más dispuestos a interactuar con personas de ideologías distintas que los de derechas, que conforman un grupo más estanco.
Alguna prensa ejerce un papel de mediación entre las burbujas, los usuarios de distinto sesgo cruzan opiniones

Según esta investigación, publicada en Social Media + Society, el único punto de encuentro para ambos grupos, muy polarizados, son algunos medios de comunicación generalistas como la prensa escrita.
Medios como La Vanguardia, El Mundo o El País, según este estudio, ejercen de ágoras virtuales. “El estudio constata la importancia de la existencia de medios de comunicación para favorecer el debate político. Seguidores políticos del Partido Popular, de Ciudadanos, del PSOE o de Podemos, interactúan con los mismos medios, aunque no entre ellos”, apunta Frederic Guerrero-Solé, físico y doctor en comunicación de la UPF, que investiga desde hace seis años la utilización de Twitter en comunicación política.
Las conclusiones de este trabajo señalan también qué tipo de comunicación política establece cada formación. Así, “hay medios muy partidarios: el PP sólo difundía información del ABC y de La Razón. Pero otros con una línea política menos marcada, como La Vanguardia o El País, se sitúan en espacios intermedios, funcionando de nexo entre distintas opciones políticas. En el otro extremo están La Tuerka, Eldiario.es o Público, que sólo son retuiteados o mencionados por votantes de izquierdas”.
El estudio analizó un millón de tuits publicados durante las dos últimas campañas electorales en España

Para Esteban Moro, investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y de la Universidad Carlos III, este trabajo “confirma lo que ya sabíamos acerca del efecto de partidismo o cámaras de eco. Sólo nos relacionamos e interactuamos con gente que piensa como nosotros, como ocurre en la vida real”. El problema, destaca este matemático, es que esa polarización “se ve aún más exacerbada ahora en el contexto político actual e impide el debate”.
Y a ello contribuyen los sesgos de los algoritmos de Twitter, que “propician que un usuario pierda de vista aquello que no le interesa”, explica el consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí; y los bots, los programas informáticos controlados que inyectan información en esas burbujas de usuarios con el objetivo de manipular la opinión pública. “Tenemos el escenario perfecto para que cada vez las ideas se radicalicen más”, alerta Gutiérrez-Rubí.
“Las redes sociales, lejos de ser un lugar de deliberación democrática, son espacios cerrados en donde se forman cámaras de resonancia: sólo sigues y escuchas a quienes piensan como tú, que retroalimentan tus ideas”, asegura el autor de este estudio, Frederic Guerrero-Solé,
Según este estudio, que analizó un millón de tuits publicados durante las dos últimas campañas electorales en España en el 2015 y el 2016, los votantes de Podemos así como este partido político son quienes interactúan más en las redes sociales con personas de otras ideologías, como por ejemplo con la CUP o ERC. En cambio, los partidos y votantes de derechas sólo se relacionan con gente de su entorno. Además, las interacciones del partido de Pablo Iglesias son, sobre todo, con ciudadanos de a pie, a diferencia del resto de los grupos. De hecho, constata el estudio, Podemos “es el partido con más partidarios no oficiales”.

Esta investigación también arroja luz sobre cómo cambió la actividad de los partidos durante las dos elecciones. En el 2015, Ciudadanos pactó con el PSOE para intentar la investidura de Pedro Sánchez, pero no lograron los apoyos necesarios. En cambio, en el 2016, la formación de Albert Rivera dio su apoyo al PP para investir finalmente, con la abstención del partido socialista, a Mariano Rajoy. En Twitter, aunque tanto PP como PSOE aumentaron el número de artículos y de retuits de las elecciones de 2015 a las de 2016, el PP dobló su actividad.
Los bots agitaron el 1 de octubre

Miles de bots agitaron el conflicto ya de por sí grave durante el 1-O en Catalunya.
Un estudio realizado por investigadores de la Fundación Bruno Kessler y el Instituto de Ciencias de la Información de la Universidad del Sur de California concluye que los bots, programas informáticos controlados, promovieron sentimientos de alarmismo, miedo y reprobación durante la votación del 1-0 en Catalunya y días después. El objetivo de estos bots, según este trabajo publicado en la revista PNAS, era “exacerbar la división política”.
“Descubrimos que los bots generaron contenido específico con connotaciones negativas que se dirigían a los individuos más influyentes entre el grupo de independentistas”, aseguran los autores de este trabajo.

Los investigadores pretendían estudiar de qué forma las redes sociales pueden influir en la percepción de la realidad de los ciudadanos y tomaron el 1-0 como caso de estudio. Analizaron 4 millones de tuits publicados entre el 22 del septiembre y el 3 de octubre del 2017 generados por al menos 1 millón de usuarios distintos. Identificaron dos grupos polarizados, los que estaban a favor y en contra de la independencia, y cuantificaron los roles estructurales y emocionales desempeñados por los bots.
Vieron que uno de cada tres usuarios eran bots y aunque intentaban llegar tanto a partidarios como detractores de la independencia, el estudio destaca que aquellos que pretendían provocar reacciones del lado independentista inspiraban mensajes de “lucha y vergüenza hacia el gobierno español y la policía”, sobre todo con el uso de etiquetas con connotaciones negativas.
“La situación es preocupante”, advierten los investigadores; “hay que llevar a cabo actuaciones para desenmascarar la manipulación social de los bots, porque pueden influenciar la difusión de información [fake o no] en las redes y exacerbar aún más el conflicto social”.

SACA PUNTAS

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SUMA

El reconocimiento de la marca Aranjuez con los artistas tarijeños, cuyas composiciones estés plasmadas en las etiquetas de uno de sus vinos más tradicionales como es el Terruño.

RESTA

Los desastres naturales provocadas por las últimas riadas en el departamento, especialmente en la provincia O’Connor.