MAR
NOV
21
Opinion

MIL PALABRAS (83)

 

CHILE NO VA

Cada vez entiendo menos las reacciones mezquinas de algunas personas, en particular periodistas alineados con una posición poco racional y muy chauvinista, que se consuelan con el hecho evidente de que no iremos a competir al Mundial de Fútbol de Rusia 2018 porque la selección de Chile también lo verá por televisión. En realidad, alardear de ese falso patriotismo en desmedro del vecino de al lado pone de manifiesto la escasa capacidad de empatía hacia un pueblo, el chileno, que poco o nada tiene que ver con sus líderes y representantes políticos que dejan bastante que desear.

Es absolutamente comprensible que las deudas pendientes derivadas de la Guerra del Pacífico (1879) con Chile definan de algún modo la relación de los bolivianos hacia ese país, especialmente los reparos naturales que genera en el común denominador de nuestra sociedad cierta actitud de beligerancia expresada por el Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet y en particular su canciller, Heraldo Muñoz. Otra cosa es el sentimiento de la sociedad civil chilena que, en líneas generales, desea una solución pacífica y por lo tanto acordada a la demanda marítima boliviana. Resulta que para los chilenos, ahora mismo, hay otros problemas que seguramente deberá atender con urgencia el gobierno entrante el próximo mes de marzo, a saber, reforma educativa, conflicto mapuche, reforma sanitaria y de pensiones y matrimonio igualitario. Se trata de cuestiones de orden interno, doméstico, que en su momento no pudo si supo atender Bachelet y que con toda probabilidad figurarán en la agenda presidencial sobre todo porque la economía chilena atraviesa por un periodo demasiado largo de recesión, hecho incuestionable que obliga a un golpe de timón tan contundente como efectivo. Si a este panorama se suman las controversias con Bolivia está claro que el chileno de a pie exige soluciones inmediatas.

Por ello causa estupefacción que desde el Gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) se tipifique a ciertos medios de comunicación ubicados en la otra banda del río de “prochilenos” y a los analistas políticos cautos y racionales de “traidores”, a tiempo de aplaudir ruidosamente que alguno de los iluminados nocturnos aprovechen un micrófono para situarse al nivel de pobreza intelectual del futbolista Arturo Vidal para decir “nosotros no vamos, pero Chile tampoco va”. Con esta absurda demostración de chauvinismo rancio y patético nos hacemos daño todos, propios y extraños simplemente porque no es necesario tener a Chile en un punto de mira permanente mientras sigue su curso la demanda marítima presentada ante La Haya. Los abogados de carrera (verdaderos juristas cultores de la Ciencia del Derecho diferentes a los picapleitos) recomiendan que todo proceso se mantenga ajeno a la caja de resonancia mediática a fin de evitar cualquier posible intoxicación que pueda afectar el fallo de la corte. Pero como la política lo impregna todo a un lado y otro de la frontera común, no parece quedar demasiado espacio para la prudencia y la reflexión. Quizás ahora no lo veamos con perspectiva (la boliviana apenas alcanza hasta fin de mes), pero cada día que pasa libramos un caso de monumental relevancia histórica ante uno de los tribunales más exigentes, creíbles y rigurosos del mundo por lo que sería deseable que alguien pusiera cordura en este embrollo de pronóstico reservado sin caer en el fácil y recurrente discurso antichileno que hace más mal que bien.

 

Opinion

¡Todo lo dejamos pal año!

 

Por Víctor Hugo Maidana Alcoba

Llego noviembre y la navidad está a la vuelta de la esquina el año nuevo está prácticamente tocando las puertas.

El final de gestión casi siempre sirve para mirar un poco atrás y anotar en todo lo que se ha avanzado y se ha retrocedido, pensar en lo que queda por hacer y en lo nuevo que se piensa realizar.

En ese contexto Rio Abajo parece que se quedara en este año con muchas cosas por hacer, porque se hicieron muy pocas y no se sabe que se hará en el futuro.

No sirve de mucho que la zona tenga dos alcaldías agarrándose de las mechas a su turno, ninguna al final ha hecho mucho por el desarrollo.

Dentro de lo que se puede denominar algo muy significativo, está el ingreso de la Empresa Pública de Agua Potable y Alcantarillado EPSAS, que está distribuyendo agua potable a la gran mayoría de los hogares de Rio Abajo la Nueva ciudad.

Dicen que para el próximo año las tuberías de EPSAS estarán más debajo de Mecapaca, ojala así sea.

También se entregó el nuevo asfaltado de la ruta;   puente de la amistad, es un lujo de camino, aunque le faltan señalizaciones, no se podría dejar de ponderar que fue una gran obra.

Las tuberías del Gas Natural domiciliario también llegaron a la zona YPFB, está a punto de inaugurar la distribución y según dicen para el próximo año las tuberías se seguirán extendiendo a otros puntos de la zona.

El aseso de la ciudad y el Recojo de la basura hasta lipari ha mejorado notablemente, la nueva empresa de aseo cumple su cometido hasta el momento con notas altas de aprobación.

En cuanto a educación, las escuelas y el desayuno escolar llegaron a tiempo y los calendarios educativos sea ido cumpliendo.

En el resumen se podría decir que de repente no importa quién hizo mejor las cosas, lo importante que se hizo poco, pero se hizo, que quisiéramos muchos más desde luego, que lo que se deja tiene sabor a poco es inobjetable.

Eso sucede en cuanto a los servicios públicos y a las prestaciones que el estado desde sus diferentes instancias, en lo privado el panorama es distinto, porque ahí el panorama ciertamente es distinto.

Rio Abajo ha crecido pero no ha desarrollado en lo que se refiere a lo público, el crecimiento se refiere principalmente al crecimiento urbano, la población seguramente si se comparan cifras del censo de población y vivienda, con seguridad que existirán interesantes diferencias entre el tiempo que se realizó el censo y lo que ahora sucede.

Existen parámetros que sustentan esta observación, tan solo hay que ver la dinámica del movimientos de autos en las horas pico y en las noches, no hay ninguna diferencia con las avenidas y calles principales de la ciudad, llenas de vehículos.

Está claro que la zona necesita muchas cosas, que este año no se han podido cumplir, es cierto, siendo que este año languidece en el calendario, notamos que no hay un plan estratégico, muchas obras no se han hecho, en el conteo es muy poco que pueda sumar venga de donde venga y sobran las esperanzas para la nueva gestión.

Parece que las autoridades, viendo este panorama, parece que muy cómodamente dijeran; ¡ todo lo dejamos pal año…..!.

Opinion

Mendigamos salud

 

Mario Mamani Morales

De vez en cuando se presentan campañas de salud en nuestras ciudades, generalmente promovidas por algunas ONGs o centros de salud. Se publicita la llegada de algún especialista del extranjero para labios leporinos, detección de algún cáncer, algo hepático u otras dolencias. La gente acude por cientos. Igual hay que hacer cola para las fichas.

Hace días estuvo por la Capital un joven médico coreano. Hubo una campaña contra el estrés, detección de alguna enfermedad a través de la acupuntura, algo de imán o magnetismo aplicado al cuerpo, un equipo de masajes y finalmente una breve sesión de fisioterapia en las manos del especialista que visitaba Bolivia.

Mis huesos de la columna y el cuello sonaron fuerte cuando las manos del galeno, con mucha habilidad, precisión y experiencia, supieron cómo y dónde aplicar la fuerza. “Estal bien, no quelel volvel a vel”, me dijo en su castellano poco entendible. Para esa atención de campaña, mis dos amigos y yo tuvimos que madrugar a las cinco para coger ficha y la consulta fue a eso de las 16:00 horas del mismo día. A otros pacientes los derivaron para el día siguiente.

No desaproveché mi instinto periodístico e indagué cómo salía la gente después de la consulta. “Me hizo bien”, decía la mayoría, personas de la tercera edad generalmente. “Ya puedo caminar bien”, decían otras. No faltaban quienes hasta sentían que se produjo un milagro en sus dolencias. Lo que creí es que hace mucho el calor humano con que un galeno te atiende, éste fue amable, directo, personal. Cálido. ¿Talvez lo psicológico es bueno para la salud? ¿No se habla –en círculos medios- de la calidez con que se debe tratar al paciente?

Estas campañas de salud no vienen sólo así; sino son tramitados a través de amistades, de convenios interinstitucionales, no siempre afines a salud. Son médicos voluntarios que tienen esa pasión de llegar al semejante; mejor si es en otros continentes donde se habla de las necesidades de la gente, la pobreza, el atraso, abandono… Bolivia todavía no sale de ése margen pese a que se publicita que mejoramos en el aspecto económico y social.

¿Es que todavía tenemos que mendigar la atención a nuestra salud? ¿Por qué las campañas se llenan de gente? Generalmente se reduce a una sola consulta, no hay seguimiento a la patología detectada. También hay que reconocer que con médicos nacionales se hacen otras atenciones en periodos ocasionales: próstata, cuello uterino, mamografías, riñones y otros; pero no son suficientes y hay millones de conciudadanos que en este momento sufren, sea en el campo o las ciudades.

En Bolivia apenas tenemos 27 hospitales de tercer nivel que tienen capacidad resolutiva a las patologías según el perfil epidemiológico de cada región del país. 18 de éstos están en Chuquisaca, La Paz y Santa Cruz, nueve en los otros departamentos. ¿Son suficientes? Un hospital de este nivel debe resolver problemas de salud de la persona, la familia y comunidad. ¿Se cumple o sólo es teoría?

La atención de la salud en Bolivia sigue siendo mercantil, no preventiva. Generalmente el diagnóstico (laboratorio y estudios complementarios) se hacen en centros privados, costos onerosos, la mayoría de los pacientes sólo llegan a la consulta del galeno; para los estudios que se receta ya no se tiene dinero, queda ahí.

Los puestos o centros de salud se han construido en la periferia de las ciudades o el área dispersa: pero lo no existe son médicos y enfermeras, no hay ítems, explican, entonces son pequeños elefantes blancos que se van deteriorando en los municipios. ¿Habrá que esperar que algún médico cubano venga en solidaridad? ¿Hasta cuándo suplicamos?

Opinion

Las pandillas desde los derechos humanos

 

 

Por  Hernán Cabrera

 

 

 

El complejo problema de las pandillas hay que abordarlo desde la visión de los derechos humanos y de la sociedad. No hay que reducirlo a un simple hecho delictivo o policial, que al parecer esa es la tendencia que se está imponiendo en esta sociedad cruceña, cuya población es joven. Entre los niños, niñas y adolescentes abarca al 46% de la población total. Es decir son más de un millón de realidades y sueños que están presentes en la sociedad y que quieren salir adelante.

 

Las pandillas que han venido cometiendo una serie de situaciones irregulares, hasta llegar al asesinato es el reflejo de la crisis de la sociedad en la que estamos insertos. No han nacido de la noche a la mañana o producto de alguna serie de televisión o de una película de rebeldía juvenil.  Tampoco es invento de ciertas personas para poner en jaque a las autoridades. Este fenómeno se ha venido germinando desde las entrañas de la misma familia, de la escuela, de los círculos juveniles, de los problemas sociales, económicos, culturales, de la permanente falta de atención del Estado hacia esta compleja realidad.

 

Hay que afrontar este hecho de la emergencia, crecimiento y fortalecimiento de las pandillas en los barrios, pero no en la magnitud como los organismos policiales y judiciales lo pretenden hacer, apoyados por las instancias municipales y departamentales. Ese no es el camino, porque si hoy reprimen o empiezan a llenar las cárceles con jóvenes pandilleros, la rebeldía será mayor y el deseo de revancha aumentará en quienes se vean perseguidos, enjuiciados o encarcelados, ya que detrás de un líder pandillero o de un jefe juvenil, habrán otros que tomarán la posta y seguirán adelante con sus postulados o sus juramentos de rigor.

 

Domingo Abrego, un ciudadano comprometido, que arriesgó su vida y sin apoyo del Estado, ha logrado recuperar a un grupo de jóvenes en base a la comprensión, al amor, al apoyo, teniendo como base el contacto directo y las expresiones artísticas. ¿Por qué no replicar lo que Domingo ha hecho? ¿Por qué Domingo Abrego no lidera un movimiento o una cruzada masiva, con un fuerte apoyo público y privado para afrontar este delicado y complejo problema de la juventud, que encuentra en los grupos pandilleros una respuesta a sus ambiciones, sus sueños frustrados y sus inquietudes?

 

“Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas”, se lee en las paredes de las ciudades, como clara manifestación del descontento que pueda existir en grupos de jóvenes y señoritas, que por la desintegración familiar, por la frustración de no seguir en la escuela o en la universidad, por el fetichismo y el consumismo que impulsan los medios masivos de comunicación, y por el chip que tiene la sociedad adulta que considera que los jóvenes son maleantes, vagos, borrachos, flojos, es que las pandillas nacen, crecen, se expanden y cometen sus fechorías.

 

Por tanto, es un problema social y de derechos humanos. Esto no quita que la Policía, Defensoría de la Niñez y Adolescencia, Programas sociales de la Gobernación, jueces, fiscales cumplan con su labor, pero lo hagan bien, no lo reduzcan a los meros operativos donde hay cámaras de Tv y periodistas.

 

Opinion

Historia, memoria y aprendizaje

Por Iván Castro Aruzamen

 

Frecuentemente recurrimos a la historia, a quien consideramos como una magistra vitae. Pero, la utilidad de la historia, de nuestra historia como sociedad, para nuestra vida, no solo depende de una buena voluntad o nada más que de las buenas intenciones de quienes leen la misma. Nuestra historia está plagada de desengaños. Y el desengaño de una u otra forma nos impulsa a ponernos frente a frente con esos hechos, que han marcada a punta de sangre y terror, la vida de miles de compatriotas en determinados contextos. Si bien, los desengaños, la atrocidad, frutos del ejercicio vertical del poder en manos de individuos poco aptos para el mismo, causaron daños irreparables, la colectividad, la sociedad, por alguna razón, vuelve a repetir tales patrones, olvidando por completo la enseñanza de la historia como magistra vitae.

 

La manipulación de la historia nace a raíz de la descontextualización de los hechos. Así, el anacronismo de miradas retrospectivas, juzgando los acontecimientos, con parámetros ajenos a tal realidad, no solo es negarle vitalidad y enseñanza a la historia. Tanto la filosofía de la historia como el historicismo caen con frecuencia en esta tergiversación. Por ejemplo, la revolución de 1952, acabó como una cuestión «amañada de las cosas» (René Zabaleta Mercado), pero no por ello dejó de tener su magisterio en las generaciones posteriores. Y no hace mucho, las dictaduras militares, que sembraron el terror y el miedo, también son parte de la enseñanza histórica, para no repetirlas nunca. Una perspectiva historicista llevada a extremo, reduce el espacio y la acción, o por su lado la fuerza de la razón termina hiperbolizando los hechos; en ambas posturas, se tiende a perder la luz que iluminé las situaciones de la historia en las que el desengaño fue el fracaso de la tradición.

 

La historia como magistra vitae, está estrechamente ligada a la memoria. Para Marcel Proust, autor de En busca del tiempo perdido (9 tomos), el único modo de recobrar el tiempo perdido es a través de la memoria a partir de un hecho cotidiano. Ese tiempo recobrado como ejercicio de la memoria, nos acerca al dolor y la tragedia, por tanto, podemos reconstruir los hechos para comprender su contexto. La memoria que recobra y guarda los hechos marcados por el desengaño, conserva toda la fuerza de la tradición. Por eso la memoria recurre a la oralidad, las imágenes y los símbolos.

 

Esa memoria que es fiel a la tradición, no siempre coincide con el texto escrito; pues, las imágenes, la oralidad y los símbolos, siempre dicen más de lo que guardan; por esa razón, la memoria mantiene una postura crítica ante los acontecimientos pasados. Quien sacraliza las imágenes y los símbolos, naturalmente, pierde contacto con los hechos; de este modo, éstos ya no pueden cumplir su rol de magisterio para la vida. Una corriente irracional, en este sentido, tiende a convertir la memoria, en una ideología que responde a intereses sectarios y políticos; y peor aun cuando esta moviliza al conjunto de la sociedad en contra de las ideas críticas respecto de los hechos acaecidos. No es raro, en este sentido, encontrar intelectuales y mandarines burgueses de esa nueva cultura irracional convirtiendo a la memoria en un todo cerrado. En una memoria ideologizada no cabe la reconciliación ni el perdón. Mientras tanto, los invitados del pasado (asesinatos, tortura, persecución, inmunidad, privilegios, etc.) pasan a ser piedra de toque para afirmar la legitimación de los hechos presentes y un nuevo orden, que arrastra a la sociedad hacia un nuevo fracaso de la tradición.

 

¿Podemos aprender de nuestro pasado? Sin duda, la historia y la memoria, tanto colectiva como individual, son un verdadero magisterio para la vida. Pero, como dice Jürgen Habermas, siempre y cuando sepamos mantener una postura crítica, reconociendo el fracaso y no dejemos espacio para los triunfalismos históricos, podemos avanzar. Sino escuchemos al gran filósofo alemán: «La historia puede en todo caso ser una magistra vitae de tipo crítico que nos dice qué ruta podemos emprender. Pero como tal, sólo pide la palabra cuando llegamos a confesarnos que efectivamente hemos fracasado». Por ahora, como Estado ni siquiera nos hemos acercado a mirar críticamente el pasado teñido de desengaños. Es una tarea pendiente.

 

Teólogo y filósofo

Extraído de Erbol.

Opinion

La gestión y el símbolo

Gonzalo Lema

 

La insuficiente economía que, pese a todo, caracteriza a nuestro país, debe ser compensada con lo mejor de nuestros recursos humanos. El saber y la experiencia en el manejo de las instituciones y empresas nacionales, podrían substituir, en buena medida, la falta de dinero. Entiendo que buena parte de Europa se reconstruyó así después de la segunda guerra mundial cuando su continente se convirtió en un aterrador páramo. Es decir: con los sobrevivientes más destacados.

Los recursos humanos formados están en la clase media, se sabe. Las universidades los educan en medio de sus mezquindades y tropezones, con más defectos que virtudes, pero algo del “saber superior” les transmiten. La gente de valía continúa aprendiendo y acumulando experiencia y gran parte del país se sorprende, de pronto, con sus logros y éxitos. No son muchos, ni alcanzan para todo lo que necesitamos, pero es una aberración que no estén a cargo del desarrollo nacional por lo menos una gestión de cinco años.

Los partidos políticos son responsables directos de esta ausencia. La difícil tarea de mantener contentos a sus militantes imposibilita que nuestra gente experta ocupe su lugar. A cambio tenemos la improvisación ridícula. ¿Hace falta recordar dónde? Sin embargo, se debe comentar que, en más de un caso y en más de una oportunidad célebres, llegó la invitación puntual del gobierno y el profesional dijo que no. ¿Qué es lo que consideró para dar esa respuesta? Quizás, el estigma inmediato que la opinión pública cuelga al funcionario público como lo hace, indiscriminadamente, con los políticos serios. ¡Es tan fácil hacerlo! Es una costumbre, una maldad tan mecanizada como irresponsable. No sólo eso: el profesional también se niega porque el salario es bajo frente a su expectativa en la vida privada. Y aún hay otra razón: el autoritarismo del político que, injustificadamente, se piensa dueño del país y no se siente un ciudadano de paso por el despacho. El profesional percibe que muchísimas decisiones, contrarias al bien común, han de serle impuestas. Por todo eso, y por otras más, no acepta la vital invitación.

Pero es primordial que el gobernante se dé modos para trabajar con la gente idónea en el desarrollo del país. Su resignación achata el horizonte y la expectativa de los bolivianos. Desanima, desmoraliza. Gobernar junto a políticos, únicamente, no ha dado buenos resultados en ningún tiempo ni en ningún lugar. ¿Qué es lo que sabe, o debería saber, el político? Cuando es sensible y sensato, interpretar a su pueblo. Los pueblos quieren trabajar y progresar de forma paulatina pero firme. Los pueblos quieren saberse en el rumbo correcto, bien conducidos. Los pueblos quieren sentirse ceñidos a los principios y valores de nuestra cultura e irradiar decencia y esperanza. Para lograr ese noble conjunto de aspiraciones, el político necesita contar, sí o sí, con grandes recursos humanos y trabajar por áreas respondiendo a un plan que nos llene de orgullo. Quiero decir: el político no es un técnico.

Por lo dicho, me parece esencial que el gobierno de turno tenga firme alianza con la clase media. Allí moran los recursos profesionales que, con mucha urgencia, necesitamos. Esa alianza se logra respetando sus valores y sus costumbres. Sus principios. Su educación. Nada del otro mundo, por lo tanto. Se debe comprender que la clase media tiende a ser conservadora y, salvo el cuento interesado, escasamente revolucionaria. Que su apuesta es el cambio progresivo, no traumático. Que su visión de vida no está, esto es muy importante, ideologizada por los credos doctrinarios. La democracia es el centro donde confluye el espectro de las pasiones. El profesional que se requiere para el desarrollo nacional tiene esa mentalidad. Todos debemos ir a su encuentro porque lo necesitamos con urgencia.

¿Por qué no nos duele el tiempo que pasa sin pena ni gloria? ¿Acaso no pensamos que debemos superarnos cada día? El gobierno y la sociedad deben desarrollar juntos, y cuanto antes mejor, una conciencia al respecto. Si la actual gestión de gobierno, pasado ya con creces el tiempo del primer período, aún busca el símbolo que lo caracterice, queda claro que este debe ser, ineludiblemente, el de la alta eficiencia general (no solamente parcial o esporádica) que origine resultados sólidos y perecederos. La eficiencia es la mejor de las políticas que cualquier gobierno puede implementar.

 

Cochabamba, abril de 2017.