SAB
SEP
22
Editorial

ALCANTARILLAS TARIJEÑAS

Están prácticamente en cada esquina, es posible no verlas pero es imposible no sentirlas, de ellas emanan olores nauseabundos que no pasan desapercibidos, si bien de vez en cuando se realiza su mantenimiento, normalmente están sucias y mal olientes. Las boca de tormenta se han convertido en una fea característica de la ciudad de Tarija, urbe que generalmente es identificada por su limpieza y orden, en este caso no sucede así y no es un fenómeno de unos cuantos años atrás, el problema ya toma visos preocupantes porque no sólo nos molesta a quienes vivimos aquí, llama la atención de nuestros visitantes, de quienes incluyen a Tarija en su agenda y la pintan en su mapa de viaje.

La falta de mantenimiento la mayor parte del año es evidente, por descuido, negligencia, no importismo, en fin, lo cierto es que están sucias y hediondas, las del centro de la ciudad son las que más se dejan sentir, seguramente por la densidad demográfica de la zona y la antigüedad de los sistemas de alcantarillado o desagüe, nuestro coqueto casco viejo sufre las consecuencias de esta dejadez.

Pero no sólo se trata del mal olor, también de toda la basura que contienen las boca de tormenta que dan un muy mal aspecto pero también representan un riesgo para la ciudadanía. Los desechos se acumulan en la época seca y ahí se quedan hasta que cae la primera lluvia intensa, no son suficientes para el caudal de agua lo que provoca el rebalse y la inundación de calles y veredas. Nosotros mismos somos culpables de que suceda lo mencionado, no se le puede echar la culpa al municipio, nosotros somos los que con nuestros malos hábitos contribuimos, el botar basura en la calle, el usar las bocas de tormenta como basureros a cielo abierto, provocan que se saturen y no cumplan con su función de desagote. Es tiempo de cambiar y mejorar, es tiempo de ser pro activos en beneficio del lugar en el que vivimos. Las tareas de limpieza deben ser constantes, más aún de lo que son ahora, de esta manera garantizaremos un mejor vivir para todos.

Editorial

INFORMALIDAD EN LA CALLES Y EN LAS INSTITUCIONES

El comercio informal es parte de la realidad que nos toca vivir, ni autoridades nacionales ni mucho menos regionales han logrado organizar de alguna manera lo que sucede en especial en ciudades y pueblos del país. Más allá del impacto en cuanto a tributación se refiere, es muy posible que la “nano” empresa encuentre en Bolivia el caldo de cultivo ideal como para expandirse, iniciativas individuales que pasan por la venta de baratijas, comestibles, frutas, pizzas, sandwiches y casi lo que nuestra mente pueda imaginar.

Es cierto que estos vendedores ambulantes en su mayoría no cuentan con una autorización oficial para trabajar ya que no tienen un puesto fijo, van por todo ello a pesar de que algunos “descubrieron” ciertas esquinas donde les va mejor. Ante la vista y paciencia de inspectores municipales, nadie sabe como, desarrollan sus actividades sin mayores molestias, alguien dirá que también tienen derecho a ganarse el pan de cada día, coincidimos, aunque debería ser al amparo de las normas vigentes y no violentándolas por simples que parezcan.

Sucede que estos comerciantes, al estar al margen de la normativa, no tienen un lugar habilitado para vender lo suyo, por eso se ubican donde menos lo esperamos y donde mejor les parece, es así que hay días que están sobre una acera interrumpiendo el tránsito de los peatones y otro en plena calzada complicando el ya intrincado tráfico vehicular. Regularmente eligen zonas más pobladas, por donde camina más gente, eso significa el centro de la ciudad que de por si esta saturado, desordenado y también en ferias o mercados que por su organización implican un problema para la ciudad. La incapacidad municipal para ordenar la urbe es tan evidentes que la presencia de estos puestos ambulantes son sólo un botón.

La alcaldía esta empecinada en su licitación de más de Bs. 90 millones para el proyecto “Ciudad Inteligente” sin antes resolver conflictos básicos y elementales que enfrenta Tarija, uno de ellos es este, el de los que venden donde quieren, a la hora que quieren y como quieren. Ahí no hay “inteligencia” que valga de parte del alcalde o algún munícipe, ahí no hay “se hace o se hace” como para insistir en una millonaria licitación, ahí no hay “decisión inamovible” como para gastar tanto dinero en tiempos de crisis.

La dejadez municipal es lacerante y todos la estamos padeciendo, la Alcaldía debería dejar de estar tan preocupada en sólo licitar y ocuparse de problemas cotidianos que hacen a la vida de cada habitante, que descubre su ciudad tomada, desorganizada, sucia y desordenada porque para este tema no hay autoridad que valga.

Editorial

AL PUEBLO NO LE SIRVEN OBRAS ASÍ

Es como cuando un padre decide cortar o rebajar la mesada de sus hijos porque no tiene dinero o gana menos de lo que ganaba pero cada viernes sale con sus amigos y gasta sin control o como que por la misma razón, se recortan una serie de gastos en el hogar pero el padre aparece con un auto último modelo en la puerta…no hay coherencia, no hay consecuencia, se cae en una terrible contradicción.

Cuando tenemos barrios que deben soportar grandes limitaciones y privaciones, sin agua potable, comprándola en cisternas, sin alcantarillado, con calles polvorientas que más parecen senderos o brechas abiertas al azar…no es posible decirle a sus vecinos que casi todo seguirá igual porque no hay recursos y, en sus narices, frente a ellos, “gastar” millones en obras innecesarias, sin sentido, que en nada mejorarán la calidad de vida de la gente, que da lo mismo que estén o no. Es como insultar la inteligencia popular.

Es el caso de la rotonda y el mástil que construye el municipio de Tarija por casi Bs. 5 millones, en una zona donde plagada de carencias, en la que a pocos metros de este millonario proyecto encontramos sin mucho buscar todas las necesidades descritas… cerca tenemos 4 barrios sin agua potable, un hospital a medias porque “no hay recursos” para terminarlo, centros de salud que funcionan en la sede de los barrios 3 de mayo y IV Centenario porque “no hay plata” para construirlos a pesar de contar ya con estudio a diseño final, vecindarios donde se desechan las aguas servidas a la calle o a cárcavas o quebradas porque no tienen alcantarillado.

En eso ha caído la alcaldía, en un total divorcio con la realidad que vive la gente del pueblo, en una pérdida absoluta de sensibilidad ante sus necesidades, imponiendo obras sin sentido, egocentristas y hasta narcisistas, justificando lo injustificable y mostrando una falta de respeto por lo que piensa, dice, quiere y necesita el pueblo.

Editorial

HAY BARRIOS DONDE AÚN SE MUERDE POLVO

Si bien estamos en pleno 2018, todavía estamos luchando para dar el paso de pueblo del siglo XX a ciudad del siglo XXI, la ausencia de planificación distingue la historia de Tarija, el no mirar más allá, el no poner luz larga cuando se trata del desarrollo de esta urbe que ha crecido rápidamente en la última década. Hasta con los índices de migración que se registraron podía planificarse mejor… no se lo hizo y hoy sufrimos las consecuencias.

Caminando por la ciudad es posible encontrarse de todo, calles anchas con escasa señalización, callecitas que zigzaguean a pesar de no estar en el centro histórico, unas con baches por doquier, otras que parecen una mesa de billar… pero también existen las empedradas y las asfaltadas sobre piedra… y como no podía ser de otra manera, las llenas de barro y las polvorientas. Es que resulta que en época de lluvia se vuelven verdaderos lodazales, charcos inmensos que no son muy fáciles de cruzar y en temporada seca se transforman en “fábricas” de polvo, tan fino que es muy similar al talco. Cuando circula un vehículo por ahí, ese polvo se levanta y viaja entrando por todo lado, nadie se salva, ni cerrando las puertas se puede evitar. De ahí que en Tarija si Ud. quiere la casa limpia, tendrá que estar siempre limpiando y limpiando, lo negativo más allá de lo molestoso, es que a las autoridades no les preocupa en lo más mínimo que miles de vecinos tengan que padecer bajo estas condiciones de vida, mire que no hablamos sólo de barrios alejados a los que cuesta llegar por la distancia y ubicación y que el municipio no ha tenido tiempo de atender por diferentes razones, nos referimos también a vecindarios considerados “clase medieros “, supuestamente mejor atendidos… igual el polvo tiene luz verde para expandirse y triunfar. Es que si sólo vemos este tema como un problema de limpieza e incomodidad, nos equivocamos, este elemento genera mal estar en las personas, afecta el bienestar, produce deficiencias respiratorias y alergias, etc, no se trata sólo del confort de los vecinos, está comprometida su salud, se entiende si no existen recursos económicos para asfaltar todas las calles pero las autoridades deberían considerar su mantenimiento en particular en esta época en la que el cielo nos priva de sus lágrimas benditas, el regado de estas vías es más que necesario para paliar todo lo descrito, tal vez podría ser un buen destino para el agua que se trate en las misteriosas micro plantas que quiere hacer la alcaldia… esperando el día en que este problema se termine para siempre.

Editorial

BOTANDO LOS ESCOMBROS

En cañadones, quebradas, depresiones naturales del terreno, ahí se elige para que quienes no tienen donde botar sus escombros lo hagan, generalmente sucede en áreas periféricas de la ciudad que se están poblando, difícilmente en el centro se pueden encontrar estos espacios que son designados para tal motivo.

No conocemos si es preciso que alguien decida o determine dónde se habilitarán lugares así, no creemos que si, simplemente se identifican ciertos lugares y se procede a “invitar” para que quien tenga algo que desechar lo haga ahí mismo, estamos hablando de escombros de ladrillos, cemento, materiales de construcción, etc los que van a parar ahí… pero no siempre sucede tal cual ya que quien quiere librarse de la basura, en la carga despacha todo lo que puede, basura de todo tipo y eso es lo que convierte estos lugares en grandes y muy sucios botaderos. Muy a menudo son los privados los que teniendo terrenos con desniveles, aprovechan para que quien quiera lleve sus restos y poco a poco se vayan llenando y nivelando, aunque nunca se sabe qué es lo que realmente se bota porque no hay nadie que controle ni seleccione a que volqueta se le permite o no.

Estos enormes espacios destinados para relleno dan un muy mal aspecto a la ciudad ya que no sólo se echa ahí mismo, sino en los alrededores ocasionando la molestia e incomodidad para los vecinos. El municipio debe ejercer tareas de control más estrictas y aplicar duras sanciones a quienes proceden de esta mala manera. Igualmente somos los ciudadanos los que debemos denunciar lo que vemos en nuestros barrios, ayudando a las autoridades a que cumplan con su obligación.

Editorial

NATURALEZA IMPLACABLE

Nadie puede predecir qué sucederá, es casi imposible saber cuándo la naturaleza nos mostrará su poder, ese que nos hace volver a la realidad. Si bien no podemos jugar a magos o clarividentes, si podemos anticiparnos a fenómenos que en nuestra tierra se presentan con cierta regularidad, en Tarija las granizadas, las lluvias repentinas y torrenciales, los incendios que se descontrolan son parte de nuestro “acerbo” de tragedias o problemas.

Hasta ahora no se conocen planes preventivos que nos permitan estar preparados para enfrentarnos a estas situaciones que llegan a costar vidas humanas, las instituciones no han desarrollado una estrategia conjunta que las vincule cuando se trata de reaccionar oportunamente, tampoco tenemos sistemas de alerta temprana. Ni siquiera hemos logrado preparar recursos humanos y menos contar con el equipo suficiente para encarar una serie de tareas que son consecuencia del fenómeno que nos puede golpear.

Si bien las instituciones son manejadas por autoridades y funcionarios, el descuido más grande que se comete es no educar a la población sobre qué hacer y cómo comportarse en estas situaciones, de manera que su conducta les permita salvarse, salvar a otros y no convertirse en un problema o complicación más. Estamos cansados de decir que “ya es tiempo” porque resulta que ya es tiempo de todo y para todo, es un nunca comenzar y por ende un nunca acabar con esta historia de quedarnos colgados de la mano de Dios, rezando que no llegue a mayores porque no tenemos como responder.

Editorial

UN PELIGRO PARA TODOS….MOTOS SIN LUCES

En una urbe como la nuestra, de un tráfico infernal, convulsionado, desordenado por donde se mire, tenemos que soportar el “aporte” de las motocicletas, de las miles que hay, que de manera suicida, las muchas, transitan por calles y avenidas sin respetar las más básicas normas de conducción. Zigzaguean por todo lado, entre vehículos de todo tamaño, se suben a las aceras, sobrepasan con igual confianza por la derecha como por la izquierda, la mayoría de sus tripulantes no llevan ni la más mínima protección, “casco” es una palabra que varios desconocen, que no está en su vocabulario así como “prudencia y responsabilidad”. Es muy cierto que quienes las conducen en su mayoría son jovenzuelos que muy probablemente ni siquiera tienen licencia para hacerlo, otras tantas motitos van con el escape libre, ocasionando un ruido insoportable que de hecho implica contaminación auditiva… muchas son vehículos humeantes que ensucian el medio ambiente y demuestran qué tan poco significa la ciudad para sus propietarios. Hay varias que simplemente “vuelan”, no tienen límites de velocidad o por lo menos no les importa… pero el colmo de los colmos lo constituyen aquellas que no cuentan con un farol, con un foco, con una luz, ni siquiera de posicionamiento.

Parece que quienes les hacen quitar el farol frontal, lo hacen para que su “poderosa moto” se parezca a las de motocross, tal vez quieren sentir esa sensación sin darse cuenta que, en su ignorancia, estas máquinas de competición circulan en rutas o circuitos habilitados para tal efecto, para carreras deportivas. Parece que estos improvisados conductores quieren sentir lo mismo en las calles de la ciudad, descuidando normas de seguridad que están establecidas, no sólo para ellos, sino también para el resto… nosotros. El mayor peligro, claro está, se presenta en las noches, más cuando quieren hacer alguna maniobra extraña, como pasar por la derecha o cruzar una intersección, los ignorantes que se arriesgan y nos ponen en riesgo, no saben que las luces que su motocicleta trae de fábrica no sólo están ahí para que ellos puedan ver en la oscuridad sino también para que los vean, da la impresión que no imaginan el peligro que corren y como exponen también a quienes llevan consigo, muchas veces familiares muy cercanos.

Se debe hacer cumplir la ley y ejecutar controles que frenen esta locura que es de conocimiento de la policía, así como otras varias irregularidades.