MIL PALABRAS (231) Entre cuatro paredes

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Por Ramón Grimalt
Alcohol, drogas, abuso sexual. El cóctel es de alto octanaje pero no sirve únicamente para explicar lo que sucedió en un motel de Santa Cruz. Más allá de las interpretaciones que ya se han publicado y que, de alguna manera, retratan el comportamiento salvaje de un puñado de jóvenes, lo cierto es que hoy más que nunca es preciso que tanto la sociedad civil, usted y yo, políticos y medios de comunicación permitamos que la justicia haga su trabajo, aunque a decir verdad, tal y como anda el patio, soy bastante escéptico en este aspecto.
Verá usted, al calor de los acontecimientos se está buscando una sentencia rápida y ejemplar que restaure la honra de la joven con el riesgo de caer en imprecisiones; el hecho de que el examen forense no determine quién fue el responsable de la violación y las agresiones a la víctima es una prueba de ello.
Lo peor de todo es que esta historia ya nos la han contado, con sus matices, naturalmente. Los abusos sexuales se acumulan en los escritorios de la Defensoría y la Policía y, me consta, muchos de estos no son investigados por diversos aspectos, uno de ellos, la transacción económica. Callar a los familiares de la víctima con plata forma parte de la cultura del manoseo de la justicia y, para vergüenza de muchos, la propia.
No es extraño, desde ningún punto de vista, que la madre de la víctima de aquella noche de desenfreno en Santa Cruz lo haya denunciado. Al menos, esta mujer ha tenido la valentía de hacerlo público al amparo de la Ley 348; existen víctimas que prefieren el “mal menor” de una compensación económica a enfrentarse a un proceso legal, largo, tedioso y en muchas ocasiones inútil, que además revictimiza en vez de restaurar sobre todo si la familia afectada no cuenta con los recursos para “agilizar” el trámite, usted ya me entiende.
Por eso cuando uno lee las declaraciones del presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSE), José Antonio Revilla, acusando a la prensa de no ser objetiva en el tratamiento de según qué casos, valdría la pena preguntarle qué sucedería si los medios de comunicación (e incluyo a la redes sociales) no lo hicieran. Por supuesto que se cae en el amarillismo, negarlo es absurdo e incoherente con lo que vemos todos los días por televisión, pero siempre es mejor que se exponga el hecho a que se esconda debajo de la alfombra; otra cosa, insisto y es un tema quizás para otro debate, es el tratamiento informativo. Sea como fuere, y a expensas de las investigaciones, lo que está claro es que hay una joven de dieciocho años abusada sexualmente en un motel en estado de inconsciencia; esa noche hubo consumo de alcohol y estupefacientes y hay tres imputados por este delito. Lo demás debe saberse; no puede quedar entre las cuatro paredes de la habitación de motel. Ya no.