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El intestino tiene mente propia: ¿de qué te sirve saberlo?






20 noviembre, 2018

Cuando los seres humanos comenzamos a razonar más profundamente fue cuando generamos una especie de idolatría por el cerebro. Durante mucho tiempo consideramos que el intelecto era sólo la capacidad, alojada en el cerebro, de usar la razón para aprender y conocer. Pero ahora sabemos que algunos órganos tienen mente propia.

Es el caso del intestino: un órgano que tiene más neuronas que la espina dorsal.

Por eso lo apodan “el segundo cerebro”, y sus funciones van mucho más allá de procesar la comida que ingerimos. Aunque, contrario a lo que pensaba Leonardo da Vinci, el intestino no nos ayuda a respirar, lo que es cierto es que sí puede interferir en nuestra salud psíquica.

Este órgano está repleto de serotonina… ¡más aún que el cerebro! Aproximadamente el 80% de este neurotransmisor se produce y se encuentra en el intestino: no sólo regula el humor, sino también las funciones digestivas.

Por eso, muchas investigaciones están estudiando la correlación entre la salud del intestino –que depende de las bacterias buenas– con la salud mental, pues además las bacterias interactúan con el sistema nervioso central, el cual comunica directamente con el cerebro.

Existe otra razón por la que el intestino es llamado el segundo cerebro: tiene su propio sistema nervioso.

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El intestino puede funcionar solo y tomar decisiones sin la interferencia del cerebro. El intestino es dominado por el sistema nervioso entérico, un tejido que recubre el estómago y que está destinado sólo a dar órdenes al aparato digestivo. 

Esta autonomía intestinal tiene consecuencias insólitas. Según expertos como la doctora Megan Rossi, entrevistada por la BBC, el intestino reconoce cuando comes cosas con miedo de que te hagan daño. Aunque no seas intolerante al alimento en cuestión, tu intestino reaccionará como si lo fueras y tendrás problemas digestivos.

Así que es necesario no mandar señales de estrés a nuestro intestino, por lo cual expertos como Rossi recomiendan realizar meditación o yoga para reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés que afecta directamente al intestino.

Otro factor a considerar sobre la inteligencia intestinal es que el intestino es el hábitat de miles de bacterias: una forma de vida que forma en este largo órgano su propio ecosistema. Tomando eso en cuenta, es importante respetar nuestro reloj biológico y nuestro cronotipo, pues si los alteramos estaremos alterando también la vida de las bacterias y su trabajo en el intestino –y, como ya vimos, esto afecta también al cerebro–.

En ese sentido, también debemos comer muchos alimentos probióticos –microorganismos buenos para el organismo– del tipo que incluyen las dietas para la longevidad. Algunos de estos son la sopa miso, el yogurt, el pan y los alimentos fermentados. Los probióticos regeneran la flora intestinal, o lo que es lo mismo, equilibran el ecosistema de bacterias en tu aparato digestivo.

Así que ya lo sabes: alimenta la inteligencia de tu intestino con buenos hábitos –como meditar, dormir a tus horas y comer bien–, y él te sabrá responder en agradecimiento.

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