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Sólo ser feliz puede romper tu corazón: tips para lo inconcebible






16 noviembre, 2018

ECOOSFERA

Tal vez no sepamos tanto sobre la felicidad como creemos. Hasta ahora, sabemos que es un estado del ser al que todos aspiramos. Pero en la vida contemporánea le hemos perdido un poco la pista a la felicidad, y en lugar de buscarla en nuestras acciones la buscamos en momentos de éxtasis que, quisiéramos, duraran para siempre. No obstante, la buscamos porque la necesitamos, pero ¿dónde está realmente?

Una extraña condición cardíaca podría hacernos

volver sobre la pista de la felicidad.

Takotsubo es el síndrome del corazón roto, también llamado “discinesia”. Se trata de una extraña condición cardíaca que debilita los músculos del miocardio y que es desencadenada por estados emocionales negativos que persisten a largo plazo. Pero contrario a un infarto, el Takotsubo no es desencadenado por un instante de ira o estrés: sus síntomas, aunque parecidos –dolor en el pecho, presión arterial alta, náuseas–, se presentan en etapas de duelo.

Existen muchos casos donde una persona desarrolla el síndrome del corazón roto después de que su pareja muere. Este fue el caso de Margarita, una paciente cuyo testimonio recogió el portal SinEmbargo, que perdió a su esposo en un accidente automovilístico tras 40 años de matrimonio. 1 mes después la diagnosticaron con Takotsubo, lo que nos hace preguntarnos si es posible morir de amor… o de alguna otra emoción, como la felicidad.

Porque en un estudio reciente, en el cual participaron 1750 pacientes con el síndrome del corazón roto, se concluyó que esta condición puede ser motivada también por situaciones de felicidad, como una boda. Sólo un 4% de los pacientes desarrolló el síndrome tras un evento que involucraba felicidad, pero aun así es un resultado extravagante que sorprendió a los científicos y que viene a demostrar que el efecto de las emociones sobre el cuerpo es algo que aún desconocemos.

El síndrome del corazón roto nos hace preguntarnos:
¿se traduce la felicidad en bienestar? ¿deberíamos sólo aspirar a la dicha, al goce y al placer?

Todo esto depende de cómo concebimos las emociones y a los distintos estados del ser. O, más holísticamente: cómo todo esto confluye en nuestra experiencia vital. Lo cierto es que, como nos han enseñado antiguas disciplinas orientales como el vipassana, vivir es un arte. Y el arte siempre está mediado por distintas emociones y contradicciones, como la existencia misma. Ese es su equilibrio fundamental.

El verdadero bienestar se encuentra en saber equilibrar lo externo y lo interno: cultivar el amor propio sin aislarnos, aprender a estar en silencio sin que ello implique volverse intolerante a cualquier pequeño ruido. Esto significa que debemos ser capaces de lidiar con emociones tan antagónicas como el amor y el odio, así como fluir entre estados de tristeza y felicidad. Porque nada está dicho: la felicidad puede desencadenar el síndrome del corazón roto, así como el estrés puede ser benigno.

Quizá, no entender esto es lo que ha ocasionado que la felicidad esté a la baja en el mundo –o por lo menos que esa sea la percepción colectiva–, pues nuestras concepciones de felicidad y bienestar podrían estar siendo incapaces de empatar con un mundo contradictorio en el que no sabemos fluir. En ese sentido deberíamos ver la vida, sus placeres y desgracias, como ese momento en el que podemos satisfacer el hambre: sin duda, el acto de comer es delicioso y provoca bienestar, pero no lo sería si, en principio, no tuviésemos hambre.

El ligero equilibrio de la vida consiste en saber lidiar con el hambre al tiempo que gozamos el momento de saciarla.

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