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Los choferes de “flotas” dejan todo cuando salen a la carretera






12 noviembre, 2018

SAÚL CARDOZO/ BOLINFO/ TARIJA
(elPeriodico- Noviembre 12/ 2018) Bien se dice que nunca hay que ir muy lejos cuando se trata de presionar a un ser humano, porque puedes llevarte muy malos resultados.
Hoy les traemos la historia de un conductor de un bus que a sus 17 empezó a trabajar en la una terminal de buses Agustín Morales de lava coches, oficio por el cual ganaba hasta 40 bolivianos al día para su manutención. Lavaba hasta cuatro movilidades en las buenas temporadas cuando no existía demasiada competencia.
En la actualidad Juan Carlos B. de 58 años de edad es chofer de flotas y realiza viajes al interior del país constantemente, en su tiempo libre lucha contra una creciente dependencia del vino, que lo alejó de su familia convirtiéndolo en un solitario.

El inicio
Todo empieza cuando Juan Carlos, asistió por aquellos años a una parrillada que realizaban los choferes de las flotas más populares de esa época, y entre tragos se envolvió en la conversación. Ellos llevaban una vida que por fuera se veía bien, viajando constantemente sin preocupaciones.
De acuerdo a la charla amena de los choferes, ellos indicaban que sacrificaban sus noches
sin dormir, esto para luego celebrar la paga de los viajes en opulentas fiestas donde no podía faltar el vino, la comida, y las mujeres.
Para ese entonces un chofer ganaba 150 bolivianos por viajar a Bermejo, pero los tramos largos eran los más apetecidos pese al peligro inminente de las carreteras, entre ellos los destinos a La Paz, Santa Cruz o Cochabamba. Es conocida la realidad de los caminos que unen a Tarija con el resto del país, por lo que los choferes tarijeños se ganaban la reputación de estar entre los mejores de toda Bolivia, con una Cuesta de Sama, la temible Angostura, o los accidentados caminos hacia Tupiza por ejemplo.
Juan Carlos, recuerda que fue precisamente en esa parrillada, que analizó la posibilidad de convertirse un día en chofer, subir de rango y disfrutar como ellos de esa vida buena; sin embargo cuando comentó esto durante la reunión casi todos lo tomaron como una broma, incluso uno de ellos, algo soberbio, le puso en frente una licencia de conducir, diciéndole que para soñar en ser chofer primero tenía que lograr ser un conductor categoría “C”, es decir poseer una licencia de conducir que dicte que es un chofer de transporte pesado con capacidad de transportar pasajeros.
Un día mientras lavaba un coche, escuchó que estaban buscando un ayudante floto; Juan Carlos no lo dudó ni un segundo en insistir por el puesto, esperó a que llegue el chofer y en vez de cobrarle los 10 bolivianos por el lavado del bus, le pidió que le permita ser su ayudante, asegurando que se esmeraría y aprendería todo sobre el oficio.
El chofer le indicó que ya había encontrado a alguien para el puesto, felicitándole con palmadas por el brillo que había dejado el coche.
Ese día la vida parecía dura de roer y rápidamente “cachas” como le decían los amigos, se resignó a su oficio habitual; tras comer un almuerzo en los alrededores de la terminal, volvió al área de parqueo para esperar el próximo auto y seguir trabajando, preparando mientras tanto agua con jabón en un balde, un lampaceador y trapos de diferentes texturas, ya que el brillo lo dice todo, y era el motivo por el cual se destacaba de la competencia, compuesta por algunos niños, adolescentes, o señores mayores que siempre andaban desaliñados y trabajaban para comprar alcohol.
El viaje fue uno de los más difíciles que le tocó como ayudante, llovió, el coche presentó fallas mecánicas, una llanta tuvo que ser cambiada y además había problemas entre los pasajeros por errores en la distribución de los asientos. Así tuvo que aprender sobre la marcha todo lo referente al oficio, que implicaba poseer conocimiento sobre mecánica, gomería, matemáticas, relaciones públicas, primeros auxilios, mensajero, y un sinfín de rubros que hacen la vida de un ayudante en un bus, ya que es quien se encarga de cumplir todo lo que le pida el chofer, siendo el tercer hombre al mando a bordo, además del conductor y su chofer de relevo en las distancias largas.
Hoy en día Juan Carlos, lleva más de 25 años conduciendo flotas y viajando a Santa Cruz y La Paz especialmente, su oficio le ha dado una casa, un vehículo, un terreno en el campo, pero nunca una familia, ya que pese a tener dos hijos mayores de edad y una ex esposa, nunca pudo fortalecer los lazos familiares por viajar. (eP)

EL APUNTE
Pasó aventuras inolvidables

En sus seis años de ayudante, Cachas se convirtió en la mano derecha de don Carlos (un flotero mayor), ayudándolo incluso en sus cuestiones personales, ya que ése señor tenía una esposa muy celosa a la que debían mantener desinformada de las aventuras que vivían en Santa Cruz especialmente.
“Yo era el que le charlaba sin dormir durante todo el viaje, el que le pasaba la coca elegida sin vaina y su bico, también me encargaba de prepararle en los tramos difíciles su traguito para el coraje como se hacía antes. Cuando estábamos con una llanta al aire, yo salía para dar las indicaciones, llueva, truene, o haya barro, también me encargaba de poner las cuñas cuando se plantaba la flota, o cosas simples como cobrar los pasajes y guardárselo la plata en las farras”, agrega Juan Carlos.

SACA PUNTAS

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SUMA

La escritora francesa, Isabelle Combès, quien tradujo el libro “Viaje en el Sur de Bolivia” de Hugues A. Weddell, hará la presentación oficial de este trabajo hoy en la noche a las 19:00 en el salón del Convento Franciscano.

RESTA

Bolivia está entre los 10 países del mundo que más deforestan”, fue el titular del artículo de la Cámara Forestal, que explicaba de que las principales causas son la quema para ganadería como agricultura.