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¿Cuándo seré perfecta? Una reflexión sobre la imposibilidad de serlo






12 noviembre, 2018

Cualquiera de nosotros –y nosotras– necesita de la pertenencia: ese vinculo que trae consigo la seguridad de formar parte de algo y de ser alguien. Pertenecer, tener ciertos gustos, cultivar una identidad, son cosas que forman parte de la condición humana. Es así que nos afirmamos en el mundo y creamos comunidad.

Pero cuando las identidades se imponen, ya sea a partir de psiquismos, de ciertos estándares o de supuestas superioridades étnicas o de clase, es cuando se exige a los sujetos tener cualidades muy específicas, a riesgo de ser rechazados si no las tienen. Es entonces cuando la pertenencia no construye comunidad, sino que nos atomiza en individuos egoístas: se vuelve un espacio de permanente disputa, contra nosotros mismos y contra los otros.

El primer espacio de disputa son nuestros cuerpos y psiques.

Cuando las mujeres nos miramos al espejo y odiamos lo que vemos, comienza un primer asalto en la pelea. Ese odio termina por permear a toda una sociedad que se denomina hedonista. Pero en realidad no somos hedonistas: porque el hedonismo es el cultivo del amor propio y la búsqueda del placer. Y no hay placer en luchar por ser lo que no se es.

 

El eterno… eterno femenino

En 30,000 años de historia, la belleza femenina ha cambiado vertiginosamente. Es decir que el llamado “eterno femenino” no es el arquetipo inmutable que se cree. De existir, el eterno femenino sería más bien la condición de cambio perpetuo, en el que la mujer debe cumplir siempre con uno u otro estereotipo, o con uno u otro rol, siendo mermada su libertad en el proceso. Ese sería el verdadero eterno femenino, la tan buscada esencia de las mujeres.

Pero quizá nunca como ahora las exigencias en torno a la belleza femenina habían ocasionado un daño tan serio y profundo.

Afortunadamente, ya existen tendencias que están subvirtiendo los estereotipos femeninos.

Eso es lo que la tendencia de las curvy women ha hecho, combatiendo la delgadez extrema que se exige a las mujeres desde los años 60. Pero la tendencia curvy no necesariamente busca insertarse en el mundo consumista de la moda, sino ser una expresión más de la belleza femenina que, por supuesto, trasciende mucho más que la carne –y que está llena de diversidad–.

La tendencia curvy women tiene sólidos argumentos que hace de los cuerpos curvilíneos objetos del deseo. Pero ya no sólo porque las mujeres con curvas sean hermosas, sino porque realmente están en su peso ideal: así, irradian belleza y salud.

Las modelos llamadas plus size suelen medir 1.70 o 1.80 metros y pesar entre 80 y 86 kilos.

Sus índices de masa corporal van de acuerdo a lo que la OMS considera saludable.

Aun así persisten reminiscencias de los estereotipos impuestos: por eso a estas modelos de más de 70 kilos se les llame plus size, ya que la insalubre norma era de mujeres de 1.70 de altura y 50 kilos de peso (o 40 kilos, si pensamos en la primera supermodelo, Twiggy). Visto así, claro que las modelos plus size son unas obesas mórbidas. Pero por supuesto que eso no es así en la realidad, a la luz de lo que es un cuerpo saludable.

Pero gracias a la tendencia subversiva de las curvy, muchas mujeres se sienten más seguras. A ello también ha abonado el feminismo, cuyas luchadoras, ya sea en el discurso o en la práctica, van siempre en contra de la violencia simbólica de los estereotipos y los roles. Muchas feministas saben que éstos son complejos mecanismos de control social que resultan muy difíciles de extirpar, y que decantan en obsesiones y trastornos mentales que paralizan a quien los desarrolla. Los más comunes son los llamados TCA, trastornos de la conducta alimentaria, de los cuales existe una amplia gama que ni siquiera ha podido clasificarse.

Una de tantas feministas que han aportado a esta nueva tendencia subversiva es la artista brasileña Stephanie Medeiros, a quien pertenecen las animaciones que ilustran esta reflexión, así como este bello fragmento dedicado a las mujeres del mundo:

Encargate de tu jardín
Ensúciate las manos
Haz espacio para las mariposas
Que te atrapen bajo la lluvia
Recuerda que los placeres de la vida
No están todos en uno
Por todo lo existente
Nunca estás sola

No obstante, aún queda mucho por hacer: muchas mujeres siguen siendo presas de sus cuerpos.

La pregunta es: ¿cómo podemos las mujeres normales huir del circuito de los estereotipos?

Un cuerpo ideal se impone a las mujeres cada tanto: por eso el mismo canon pudo ser alabado y después despreciado;por eso las flacas de ayer son las “gordas” de hoy. Pero ahora, esas “gordas” podrían ser otra vez el estereotipo de belleza adulado por la sociedad. O quizá sean las mujeres fitness. O ambas a la vez, ¿quién podría saberlo? Es una carrera que no tiene fin. Y nunca llegamos a la perfección.

Así que al estereotipo femenino que “se ponga de moda”, siempre debemos subvertirlo. “Subvertir” significa trastornar algo, o hacer que deje de tener un orden establecido. Y eso es lo importante: que no exista un orden establecido para la belleza.

Es así que el “ser mujer” puede ser una condición en perpetuo cambio, porque el cambio no es el problema. Y tampoco lo es el ser mujer, ni el adoptar una identidad a partir del género. El problema es que cualquier estereotipo o rol nos sea impuesto, y que no haya lugar para discutir lo que queremos ser, individual y colectivamente.

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