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Martha, la curandera que asegura haber estado muerta por dos días






22 octubre, 2018

SAÚL CARDOZO/ BOLINFO/ TARIJA
(elPeriodico- Octubre 22/ 2018) Se muere cuando el corazón deja de latir, cuando el cuerpo se enfría o todos los órganos han dejado de funcionar, inicia relatando, Martha, quien como otras mujeres del campo, no recibió educación escolar.
“No he pisado el colegio, de letras no sé nada. Ciega soy”, dice sin pena; sin embargo lee la coca con bastante claridad
A la edad de 12 años y durante 48 horas dice que estuvo muerta y “cuando despertó ya no era la misma”, cuenta, una veterana curandera del barrio María de los Ángeles de la ciudad de Tarija.
A más de 50 años de lo sucedido, su oficio es el de sanar a las personas cuando la medicina convencional no funciona.
Martha nació en la comunidad de Culpina del departamento de Chuquisaca, relata que cuando tenía 12 años, tras un accidente automovilístico, permaneció 44 horas muerta.
En ese lapso, ella asegura que conversó con Dios, quien le dijo que no podía morir porque su tarea no había concluido y debía regresar para cuidar a sus hijos.
“Estaba con mis amigos caminando y de repente apareció un camión que me llevó por delante, no recuerdo nada, eso ya me contaron, que estuve inconsciente varias horas; pero algo sí creo, que eso me hizo cambiar mi vida como mi forma de pensar”, añadió.
Ella no tenía hijos, lo que le pareció extraño, pero luego se convirtió en una señal.
“Cuando desperté me di cuenta que no tenía hijos, pues solo tenía 12 años, no comprendía a que se refería, entonces entendí que mi misión era ayudar a los hijos de Dios”, afirma.
Su trabajo es netamente empírico. “Nadie me ha enseñado, yo conozco esto porque Dios me ha dado”, asegura.
Las consultas las realiza en su pequeño cuarto, donde un olor a eucalipto sale a recibir a los pacientes.
Una vez adentro, Martha está recostada sobre una frazada, tiene los pies descalzos y está acompañada por vasos de vidrio, velas, una botella de alcohol y ungüento. Todos estos enseres son sus instrumentos de sanación. “Cuando la gente sale de aquí se va limpiecita” resalta la curandera.
La anciana lleva sus cabellos hechos una trenza; una blusa y una pollera forman su vestimenta diaria. Aunque las arrugas delatan sus años, no son impedimento para que una sonrisa alise su rostro por un momento.
Mencionó que trata desde angustias, malestares en el cuerpo hasta preocupaciones laborales. En el lugar hay un grupo de personas esperando su turno.
En el criterio de la curandera, esta situación debe a que la medicina actual no trata los problemas del alma, solo diagnostica los corporales. “El ánima es importante, hay que llamarla para que uno esté bien” asegura.
Afuera del pequeño cuarto donde realiza las curaciones, hay dos maderas largas apoyadas en troncos a los extremos, lo que sirve de asiento. Es ahí donde los pacientes aguardan a ser atendidos. Dependiendo de la condición de estos, algunos tardan media hora, otros una hora, y no faltan los que demoran dos horas.

La lectura de la coca
La curandera coge una bolsita de coca, agarra un aguayo lo tiende sobre la frazada y pregunta “¿cuál es tu nombre?”, al conocerlo lo repite seguido como si se tratara de un rezo, dobla su aguayo y lo vuelve a extender. “Clarito aquí está hijo, te tienen mucha envidia, cuando estás saliendo ya te están cruzando”, dice.

Un sendero de coca se dibuja sobre el aguayo mientras otras hojas salen despilfarradas y separadas de las demás, Martha ve en las hojas “lo que es, lo que no es y lo que podría ser”.
La seriedad con la que descifra la suerte vuelve al cuarto más pequeño, su rostro se ve más arrugado y su voz más certera.

“La limpia”
El proceso de limpieza consta de un baño, una paliza con chicote o quinsacharaña, una aplicación de ventosas con vasos de vidrio, un fuerte ungüento de eucalipto más un masaje que proviene de las manos sanadoras.
Una vela encendida sirve para prender los vasos remojados en alcohol y luego estos van a parar al omoplato del paciente. La curandera ejerce una fuerte presión en la piel, que es absorbida por el vaso como una ventosa. (eP).