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Un remedio contra tus demonios personales: aliméntalos con tus platillos predilectos






8 octubre, 2018

ECOOSFERA

Si estás meditando y llega el Diablo, pon al Diablo a meditar.

Proverbio sufí

Nos guste o no, la sombra forma parte intrínseca de nuestra esencia como individuos. Esa región oscura de nuestra cartografía personal es por lo menos tan importante como los valles más luminosos, volcanes nevados y verdes praderas que también nos conforman. Pero la sombra no es el problema, al menos mientras no la arrojemos al olvido o intentemos eludirla –recordemos que para que una sombra se manifieste es imprescindible la presencia tanto de luz como de oscuridad–. Lo “divertido” comienza cuando decidimos ignorar esas latitudes personales, y entonces permitimos la gestación de entidades incómodas y, sin duda, peligrosas: los demonios personales.

A las más vívidas manifestaciones de esos miedos, traumas y autonarrativas truncadas, podríamos catalogarlas como nuestros demonios personales. Y debemos admitir que todos hemos cultivado estas entidades psíquicas que nos acompañan a lo largo del camino, como una suerte de antiángeles guardianes: fuerzas que están pulsando ahí, permanentemente, siempre listas a sabotearnos o aprovechar el más mínimo desliz para detonar barrancos ante nuestros pies.

Pero ¿cómo combatirlos? ¿cómo lidiar con estos seres, que a fin de cuentas somos nosotros mismos, y aspirar así a una paz interior? Sin duda habrá múltiples hipótesis o remedios que van de las recetas autosuperacionales a los hacks new-ageros, recursos terapéuticos varios y preceptos milenarios para lograrlo. Pero también existen rutas menos predecibles; por ejemplo, la que propone Robert Anton Wilson (1931-2007). Este escritor y metafilósofo estadounidense, en el segundo volumen de su trilogía Cosmic Trigger, narra un episodio en el que tras una invocación ritual se vio súbitamente rodeado de acechantes demonios.

 

No conjures algo que luego no puedas disipar

Este era uno de los consejos que H. P. Lovecraft compartía. Evidentemente sensato, el problema es que muchas veces nos vemos envueltos en situaciones o frecuencias anímicas que, sin darnos cuenta, derivan en el cultivo de seres que, al menos en esos instantes, parecieran más poderosos que su propio creador.

Por ejemplo, a quién no le ha ocurrido que tras beber cantidades de alcohol bastante mayores a las que nuestro organismo y psique pueden procesar, de pronto nos vemos rodeados por seres “familiares” pero ya transformados en, y dicho con todo respeto, francos demonios –que son simultáneamente tus proyecciones–. El problema es que una vez ahí, pareciera que el arquitecto de la escena está lejos de tener las herramientas necesarias para disipar la orgiástica dinámica.

Gastronomía metafórica para apaciguar demonios

Estando en una granja en California, a principios de los años 70 del siglo pasado, Anton Wilson se encontraba inmerso en un ritual de magia, la “Misa del Fénix”, diseñado por Aleister Crowley para “activar la verdadera voluntad”. Tras la invocación inicial súbitamente se vio frente a incontables demonios con cara de perro, negros y muy siniestros, formando un círculo a su alrededor.

En un plano estaba seriamente asustado; pero en otro, me sentía confiado de mis habilidades arduamente ganadas para navegar los regiones infernales del espacio psicodélico. Recordé algo de H. P. Lovecraft: “No llames nada que no puedas disipar”. Pero eso ya no funcionaba. Después recordé algo de un libro de chamanismo: “Si los alimentas, entonces se convertirán en aliados en lugar de enemigos”. Me concentré entonces en algún platillo festivo y de pronto el altar estaba repleto de cócteles de camarón. No lo había planeado, y me sorprendió mucho. Inconscientemente había invocado uno de mis platillos predilectos. 

Comencé a repartir los cócteles entre los demonios. Los aceptaron para luego transformarse en las monjas de mi escuela, cuando niño; también se comprimieron en cómicos enanos. En la escuela ellas eran mucho más grandes que yo, pero ahora yo era mucho mayor. Habían perdido toda su habilidad de aterrorizarme. Comencé a reír, aceptando que el ritual estaba, en un sentido arruinado. (Pero en otro había sido todo un éxito). Rompí el círculo, bajé la energía al piso y las monjas de disolvieron. 

Cosmic Trigger II: Down to Earth (1991)

Reflexiones posdemoníacas

Los demonios personales, quizá también los impersonales, podrían entenderse como proyecciones de todo aquel que se encuentra con ellos. Algo así como entidades alimentadas en buena medida por nosotros mismos, porciones nuestras. En este sentido, un improbable gesto de gentileza con ellos pudiera ser clave para hacer las paces y en consecuencia, disiparlos –lo que equivale a sanarlos–.

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