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MIL PALABRAS (198) Una bomba de tiempo





29 agosto, 2018

Por Ramón Grimalt
El fracaso del modelo político, pero sobre todo económico en Venezuela es tan evidente que de acuerdo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), hay más dos millones de personas buscándose la vida en varios países de América Latina, entre ellos Bolivia. Resulta que las medidas adoptadas por el gabinete económico que preside Nicolás Maduro y la arriesgada (y suicida) devaluación del bolívar en relación al dólar ha dinamitado cualquier posibilidad de reconducir una situación que bien puede considerarse una crisis humanitaria en toda la extensión del concepto y que además pone en un aprieto a los países vecinos forzados a adoptar medidas para evitar un masivo ingreso de refugiados.
Por ejemplo, la semana pasada Ecuador decidió abandonar el bloque de integración regional Alternativa Bolivariana para los pueblos de América (ALBA), porque considera que le resulta imposible como Estado atender la avalancha que se le avecina.
Aquí, en casa, el magisterio protestó por la llegada de colegas venezolanos en procura de ganarse el pan de cada día temiendo por sus puestos de trabajo; a ello vale la pena agregar la nada desdeñable presencia de ciudadanos del país hermano realizando ya, ahora mismo, actividades cotidianas y no tanto.
En otras palabras, Venezuela se hunde en sus propias contradicciones, tratando de llevar al paroxismo las ideas reformistas del chavismo más recalcitrante (el difunto expresidente tuvo la suerte de aprovechar el buen precio del barril de petróleo) mientras la sociedad pide a gritos una reconducción de la economía allá donde la escasez deriva en hambre y ésta en desesperación. Porque, comprenderá usted, que gobernar a base de verborragia progresista con el “Patria o muerte venceremos” bajo el brazo ya no cuaja allá donde el harina es casi un bien de lujo. Evidentemente Maduro seguirá realizando masivas convocatorias para demostrar al mundo que su país es Fuenteovejuna todos a una, maquillando una realidad que es imposible soslayar. Ayer alguien, probablemente un lector, me preguntó en la calle si la solución pasa por adelantar elecciones. Le respondí que tal vez sería un paliativo considerando que la Mesa de Unidad Democrática (MUD) que aglutina a los principales partidos opositores, tampoco tiene la solución para salir del pifostio económico aunque cabe la posibilidad de que un viraje hacia un gobierno moderado podría permitir una negociación franca y abierta con los organismos crediticios internacionales y conseguir un préstamo que a mediano plazo ayude a salir del abismo. El problema en que la única garantía que ofrece Venezuela en este momento no es otra que su producción petrolera lo que dadas las circunstancias es un arma de doble filo.
Así las cosas y asumiendo que el presidente no adelantará elecciones y se mantendrá firme en su poltrona, se vislumbra un panorama muy complicado para Venezuela. Si el problema se agudiza (y todo parece indicar que así será), el malestar de la sociedad se expresará en las calles y el riesgo de convulsión social es ahora mismo una bomba de tiempo.