JUE
OCT
18

Ecce Homo





30 julio, 2018

Por Ramón Grimalt
“Madre, me he encontrado un pedazo de papel higiénico en un rincón y te escribo unas líneas que espero puedas leer.”
-¡Oí vos! ¿Qué carajo hacés? ¿Acaso no sabes que está prohibido escribir?
-Dejalo, Martín. ¿No ves que está hecho mierda? Además no pasa de esta noche. Se lo escuché decir al comandante.
-¡Cura de mierda! ¡Tanto quilombo que has causado!
-Dejalo. Mierda, dejalo. Cerrá la puerta y vamos a cenar donde la case. Yo pago.
Cenar. Debe ser de noche. Aunque aquí no distingo cuándo es de día. Vivo en penumbras desde no sé cuándo. Tal vez una semana. Probablemente más. O menos. Lo único que recuerdo es que unos hombres me metieron en un jeep metralleta en mano. “Gritas y te timbramos” amenazaron y no me quedó otra que obedecer. Desde entonces aquí estoy. Hace un frío terrible. Tengo la sensación de estar en una especie de refrigerador. Se han congelado hasta mis pensamientos. Ya ni me reconozco, mucho menos mi gente, la de la parroquia, el club de cine, el diario, el sindicato. No hay rostros, sólo sombras que se pierden en los recovecos de mi mente. Si querían despojarme de mis recuerdos lo consiguieron. Creí que resistiría, pero me desmoroné enseguida, después de la primera descarga. Luego respondí cualquier cosa, verdades y mentiras, hasta que se cansaron de escucharme y me dejaron ir.
Espero que terminen pronto. Personalmente lo deseo. En definitiva moriré por algo, aunque no sirva para nada. Dentro de un tiempo, no demasiado, nadie se acordará de aquel sacerdote que cruzó el océano para descubrir una América distinta que no necesitaba ser evangelizada, sino redimida. A lo mejor le ponen mi nombre a una plaza o a un centro cívico. Y todo eso, ¿para qué?
-¡Padre! ¡Acá tenés tu cena!
-Mirá qué gracioso. ¡Su “última cena”!
Ríen a carcajadas. No les culpo. Siempre ha sido fácil reírse conmigo. “Oiga Luis, usted no sabe la falta que nos haría en Bolivia. Es un país que necesita hombres formados en la fe”, me dijeron.
Fe. Ahora mismo me pregunto qué es la fe. Una cosa es lo que te enseñan en el seminario: “Es el fundamento de las cosas que te esperan y un convencimiento de las cosas que no se ven”. Otra muy distinta es la realidad. “Es el fundamento de las cosas que se esperan”. ¿Qué esperaba? Acaso cambiar el mundo, luchar contra la injusticia de una sociedad de por sí injusta, defender a los necesitados, desafiar al poder, condenar…
Condenarme a muerte. Debió ser así en Getsemaní, cuando lloraste sangre, cuando le pediste a tu Padre que te quitara ese cáliz. Debieron ser las mismas dudas, el mismo miedo, la misma impotencia. Pero tú eres el hijo de Dios y yo no resucitaré al tercer día, eso seguro.
“Padre, por favor, estaríamos muy honrados si usted bautiza a nuestro pequeño Fermín”. “Luis, ¿tendrá tiempo este miércoles para moderar el debate sobre “Las uvas de la ira”?” “No se olvide usted que el sábado hay reunión del sindicato de trabajadores gráficos. Ellos esperan que asista”. Por favor, Luis. Vuelve a caso por Navidad. Hemos escuchado cosas muy graves de Bolivia. En la tele hablan de un golpe de estado”. Padre, un consejo. Deje de meterse en política. Además, usted es extranjero”.
Nunca me sentí extranjero. Tampoco boliviano. Pertenezco a un pueblo sometido, atormentado, arrodillado. El pueblo de Dios.
-Vámonos de una vez, cura.
-Martín, respetalo un poco. Yo soy católico.
-¿Y a mí qué mierda me importa?
-Ya, ya, calmate. Hacé lo que tenés que hacer.
Un revólver. Ojalá a este milico no le tiemble el pulso. Que sea rápido. Ya he sufrido bastante. Supongo que es todo. “Adiós madre, te quiero”.
-No me animo. Lo siento.
-¡Pero serás maricón! ¡Dame el arma, carajo!
-Es un cura…
-¿Y? Veo a un hombre como vos y como yo, sólo que este se ha cagao en los pantalones.
-Si vas a disparar hazlo ya.
-¿Qué has dicho, padrecito?
-Digo que dispares de una vez.
No me reconozco. Ni sé der dónde sale este coraje repentino. Probablemente lo vi en el cine. “Sólo ante el peligro”. Gary Cooper. Mediodía. Ni un alma asoma en la calle principal del pueblo. Todos los vecinos metidos en sus casas, husmeando detrás de las cortinas. El comisario le ha prometido su mujer que volverá después de dejar por sentado quién representa a la ley y el orden en aquel polvoriento rincón del Oeste. Los otros, los malos, son cinco, demasiados. Pero a él no le importa. Tiene seis balas, una para cada uno de ellos. Decidido, camina hacia una muerte segura. Es un tipo de principios y de principio a fin. El jefe de los malos sonríe como sólo sonríen los villanos, de lado.
-¿Acaso me estás jodiendo, cura?
La sonrisa del villano.
-¿Quién bromea en la antesala de la muerte?
Los dos soldados cruzan una fugaz mirada de incomprensión. Será porque yo no tiemblo, ni se estremece mi voz. “Luis, usted predica con el ejemplo. Mire a su alrededor. Los jóvenes le seguirán hasta el mismísimo infierno si fuera necesario”.
-Disparale ya, de una vez Martín. Hace mucho frío. Me “helo”.
-¡Cojudo! ¡Se dice me hielo! “Me hie-lo”.
-Pues yo digo “me helo”. ¿Y qué?
-¿Podríais dejar de pelear? La verdad que a mí también me hace frío.
-Bah, a la mierda con vos.
¡Bang!
Interesante. Ha bastado un tiro. Raro, no ha habido dolor. Temía que lo hubiera.
Supongo que estoy muerto, porque allá abajo veo mi cuerpo sobre el pavimento. Hay sangre. Martín me ha dado en la cabeza. Su compañero arrastra mi cadáver y lo arroja en una zanja. Jamás me hubiera imaginado un final así. Es inmerecido para quien admira a Hitchcock. Esto era demasiado predecible. Siempre matan al pobre e indefenso cura, que hasta tiene tiempo para un póstumo Padrenuestro. Yo ni me acordé de rezar y ahora estoy ante ti. Puedo verte al final de este largo túnel. Probablemente no haya hecho los méritos suficientes para estar a tu lado, pero quiero que sepas que por lo menos lo intenté. Ecce Homo.
A la memoria de Lluis Espinal Camps.

SACA PUNTAS

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SUMA

La Alcaldía emitió unas 550 notificaciones para ordenar letreros publicitarios en el centro de la ciudad. Ojalá que con esta acción reduzcan este tipo de anuncios que impiden el paso de los peatones, además de la contaminación visual.

RESTA

La responsable del programa de alimentación y nutrición del Sedes, Elva Gisbert, afirmó que en Tarija 3 de 10 niños se encuentran con sobrepeso u obesidad, es decir, el 30 por ciento de la niñez en el departamento, no practica una buena alimentación.