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¿Dónde quedó el microcrédito?





26 julio, 2018

Por Édgar Zurita Pozo
Bolivia fue el primer país en América Latina en implementar la metodología del microcrédito, hace casi 30 años recogiendo experiencias del Asia, Bangladés e Indonesia, donde grupos de extrema pobreza podían acceder a microcréditos de cinco dólares para mejorar sus ingresos y desarrollarse. En el país se inició el trabajo con microempresarios y pequeños agricultores del altiplano, en la ciudad de El Alto y La Paz para luego expandirse a nivel nacional, a cargo de más de una veintena de entidades microfinancieras, conocidas como ONG.
Nuestro país por casi 15 años fue un referente de este innovador modelo de bancarización y democratización del crédito en los sectores más vulnerables de la economía, de bajos ingresos, bajos niveles de educación y que en su gran mayoría no contaban con capital de trabajo, pero a la vez era el sector más importante en la década de los 90, que absorbía a los desempleados producto del cambio estructural y modelo económico neoliberal implementado que dejó en la calle a más de 35 mil trabajadores.
Es importante recordar estos antecedentes para analizar la situación actual del microcrédito y todo el deterioro y decadencia que ha sufrido este modelo de masificación del crédito, que le dio a uno de sus creadores el Premio Nobel: Mohamed Yunus. El microcrédito fue creado en principio con una visión social, que no existe hoy en día.
El primer elemento a considerar es el microcrédito convertido en un negocio y el más rentable dentro de la gama de productos financieros del sistema bancario; llegando a niveles de usura en algunos países como México y Perú. Las entidades especializadas en este tipo de servicio van desapareciendo en Bolivia y el resto de Latinoamérica y dan paso a grandes bancos o grupos financieros que nada tienen que ver con este producto, ya que lo consideran simplemente una oportunidad de negocio.
Un segundo elemento importante en la metodología —probablemente el principal— consistía en que el microcrédito era el capital semilla para la creación y fortalecimiento de la microempresa, hoy sólo se da crédito a quien ya tiene una actividad económica y mejor si tiene experiencia de más de tres años.
Para matizar, el pequeño productor tiene que demostrar paradójicamente, con estados financieros, planes de negocios y otros exquisitos requisitos, que no necesita crédito; cuando en realidad el microcrédito busca que una microempresa logre arrancar y salir de su estancamiento para desarrollar y competir con un mercado cada vez más exigente.
La trilogía ‘ágil, oportuno y adecuado’, como regla de oro, fue un tercer elemento que todos aplicábamos con mucha eficiencia, así nuestra posición y competencia en el mercado no tenía rivales; y en los años 90 y 2000 el crecimiento de cartera y clientes era progresivo y no había límites.
Ahora es todo lo contrario, créditos inadecuados, con montos sobredimensionados, microcréditos de 100 mil bolivianos y en algunos casos hasta 20 mil dólares, que son producto de la famosa metodología bancaria de ‘bonificación’ para desembolsar los montos que se les antoje, lo que genera un sobreendeudamiento de magnitudes endémicas en las grandes ciudades.
Oportunidad no existe, menos agilidad, el microempresario tiene que recorrer un calvario para solicitar un crédito y tiene que presentar tantos documentos y requisitos que uno de estos días le van a pedir título académico de experto a nivel nacional avalado por una universidad extranjera, en esa dirección va el pensamiento y la innovación de la nueva generación de líderes y gerentes de estas entidades expertas en microcrédito.
La lista de elementos que caracterizaba el microcrédito es tan amplia que da para escribir un libro, pero voy a enunciar algunos más de manera puntual, que son los plazos, el plan de pagos, garantías y la estabilidad domiciliaria, los agrupo así porque en su momento todos estaban adecuados a nuestro grupo meta y en su mayoría reflejaban al tipo de microempresa.
Hoy, los requisitos se adecuan más a un sistema bancario tradicional y conservador que prefiere largos plazos, pagos mensuales, garantías en lo posible reales y mejor si tiene casa o propiedades para respaldar el crédito disminuyendo el riesgo.
Quedaron en el olvido los plazos escalonados y progresivos; los planes de pagos diarios, semanales y quincenales; las garantías grupales mancomunadas y solidarias; y el domicilio sólo era una referencia porque el seguimiento y visita al cliente eran permanentes para la buena aplicación del crédito.
Todos estos elementos ahora son del pasado y por eso solamente el 5% de la cartera de los bancos está en montos de microcrédito de menos de 1.000 dólares, el monto promedio del microcrédito bordea los 5.000 dólares. Con esas condiciones, los pequeños productores ya no pueden acceder a este tipo de servicios en la banca disque de microcrédito y caen otra vez, como hace 30 años, en los prestamistas informales, que sólo en la Paz llegan a un número de 400 aproximadamente.
Terminando este análisis voy a poner la cereza en el pastel: la innovación y el desarrollo son conceptos que desaparecieron de las microfinanzas: hoy Bolivia, que muchos años fue líder en el rubro, está relegada a un cuarto o quinto lugar a nivel mundial; las entidades microfinancieras de nuestra región, África, Asia, Europa y de todo el mundo llegaban al país a aprender y copiar nuestra metodología y modelo siempre innovador; cada día aparecía algo nuevo, y resultaba un sistema de vanguardia y una escuela donde siempre se aprendía algo nuevo.
Hoy estamos retrasados en todo: metodología, tecnología y en plena revolución informática, estamos todavía usando hojas de papel y evaluaciones económicas manuales.
El microcrédito tiene que reinventarse para retomar el camino del éxito y recuperar los espacios perdidos, tenemos muchas ventajas y posibilidades para lograrlo: un mercado supervisado y controlado, casi un oligopolio de la banca, una economía estable, una moneda sin cambios bruscos, una revolución tecnológica al alcance de nuestras manos, una regulación y supervisión que, si bien tiene sus debilidades, es un requisito para el éxito.
Nos toca subir al siguiente nivel y salir de ese estado de confort en el que estamos sumergidos, en sus inicios esta herramienta se desarrolló y triunfó en un ambiente mucho más adverso que el de ahora; ojalá seamos capaces de transformar y darle la mística y la visión con la que se creó el microcrédito.
Gerente Nacional de Microfinanzas del Banco Unión.