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REMANDO CONTRA LA CORRIENTE





22 julio, 2018

Los esfuerzos que se realizan son vamos y hacen ver una guerra difícil de ganar, los enemigos son grandes, fuertes y mueven mucho dinero con el que se compran conciencias y voluntades. El narcotráfico y el contrabando son dos ilícitas actividades arraigadas en una ciudad como Yacuiba, convertida en tierra de nadie y en zona roja de mucho riesgo.

Su calidad de frontera con la Argentina y su fácil vínculo con el Oriente boliviano propiciaron la expansión de estos flagelos que la han sumido en índices de violencia preocupantes, es cierto que la población de esta región fundamentalmente se dedica al comercio informal y apuesta al intercambio entre los dos países para sobrevivir, Yacuiba no produce absolutamente nada y por eso el peso específico de estas actividades es muy grande. El puente internacional es el escenario de “la legalización” del contrabando pues diariamente por el pasan toneladas de productos sobre las espaldas de los bagalleros, cargadores que se ocupan de llevar y traer lo que uno quiera. Aunque se sabe que el puente es sólo lo un punto referencial ya que por la frontera en si, una extensa y angosta quebrada casi seca, se consolida lo realmente grande, ahí no hay control, la policía esta en sus oficinas y en la quebrada los contrabandistas y narcotraficantes. El narcotráfico también ha ido creciendo con el tiempo y hoy Yacuiba es un punto importante de paso de drogas pero también de producción, el Chaco sirve como un buen escondite para los que fabrican los estupefacientes, constantemente se conocen de operativos que encuentran fosas de maceración y su posterior destrucción.

Es una labor dura que cuenta con pocos comprometidos y muchos condicionados por el poder del dinero, lo complicado es que junto a estos crecientes “negocios” llega la violencia, los ajustes de cuentas, los asesinatos y muertes, la inseguridad en las calles y el peligro para la gente. No nos podemos rendir y hay que extremar esfuerzos para vencer a estos dos enemigos cueste lo que cueste, el precio es muy alto, no sabemos la tarifa pero lo que si conocemos es que dolerá… y mucho. Si tenemos éxito, la recompensa será gigante porque abriremos puertas de esperanza para nuestros niños y jóvenes.