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10 libros que revelan el lado oscuro de la danza






12 julio, 2018

Cultura Colectiva

La mayoría de las personas ignora lo que ocurre tras bambalinas, luego de partir de aquel espectáculo colmado de perfección, en que gráciles y etéreas figuras femeninas flotan en el escenario. Los asistentes elogian de pie y aplauden vigorosamente a los bailarines que les miran de frente, y hablan de su excelso, maravilloso e impecable trabajo. Se escuchan entre la multitud comentarios como “¡qué bárbaro!”, “¡sublime!”, “¡pero qué artistas!”; sin embargo, ¿realmente tienen idea de cómo fue el proceso que llevó a escena la exquisita obra que acaban de ver? La audiencia desconoce que la danza se trata no sólo de un arte, sino de una actividad de alto rendimiento que involucra mucho más que un ejercicio físico. Es una lucha constante con uno mismo y con los demás que no solamente desencadena desórdenes alimenticios y mentales, sino que también suele ser un estilo de vida bastante sufrido debido a carencias económicas que lleva a los bailarines a responder de manera inimaginable. Lo que nosotros podamos imaginar acerca de lo que hay detrás de los tutús y las zapatillas es apenas un vistazo muy vago que difícilmente se acerca a la realidad. Algunos bailarines han profundizado en el tema, imprimiendo en las páginas de un libro la historia de sus vidas y dando su testimonio acerca sus experiencias en los salones de duela y en losesce arios. “Dancing On My Grave”, Gelsey Kirkland
Gelsey Kirkland fue una legendaria bailarina del New York City Ballet, invitada a formar parte de él a sus quince años por el mismísimo George Balanchine (uno de los fundadores del estilo neoclásico, que revolucionó la calidad del movimiento del ballet, pues proponía una calidad de movimiento diferente y se anteponía a la rigidez de la danza clásica). Apenas un año después de integrarse a la compañía, la promovieron a solista y más tarde fue bailarina. Durante su carrera dancística, Kirkland padeció de anorexia y adicciones, y terminó por  registrarse, voluntariamente, en un hospital psiquiátrico. En su libro relata cómo en un intento de alcanzar la perfección, se enfrentó cara a cara con la muerte.


“Fosse”, Sam Wasson

Bob Fosse ha sido una figura importantísima no sólo para la danza, también lo fue en el cine. Obtuvo el Oscar a mejor director en 1972 por “Cabaret” (sobre Francis Ford Coppola, que competía ese año por “El padrino”), la Palma de Oro en 1979 por “All That Jazz”, y muchos otros premios y distinciones. Lo que hacía especialmente notables a estas películas, es que no sólo él las dirigía, sino que también se encargó del montaje de las coreografías. En la cinta “All That Jazz”, Fosse hace una especie de autobiografía en la que contó la historia del coreógrafo Joe Gideon, adicto a las drogas y al trabajo, y quien se enfrentó a un constante pero disfrazado deseo de muerte. La obra de Wasson es lo más cercano a la vida y obra del artista.


“Holding On To The Air”, Suzanne Farrell

También miembro del New York City Ballet y considerada la musa de George Balanchine, ya que el coreógrafo creaba papeles exclusivamente inspirados en ella. Este libro hace un recorrido por su trayectoria artística, que si bien la adicción a las drogas o desórdenes mentales no son la temática principal en la historia, Farrell enfatiza en las dificultades que representa pertenecer a uno de los medios más competitivos del arte.


“Winter Season”, Toni Bentley

Bentley tomó su primera clase de ballet a los cuatro años en la escuela oficial del New York City Ballet y hasta los diecisiete formó parte de la compañía. Permaneció allí bajo la tutela de Balanchine, hasta que a los 26 años sufrió de una lesión de cadera que la llevó a abandonar los escenarios. Durante sus días en el NYCB, Bentley llevó un diario personal en el que contaba cómo era la vida de un bailarín dentro de una compañía profesional, donde la competitividad, el agotamiento, la exigencia desmesurada y otras desventuras podían llevar a cualquiera al límite, al punto de querer colapsar. The New York Times se refirió a este libro como uno de los vistazos más inteligentes e introspectivos en el mundo de la danza.


“Life in Motion”, Misty Copeland

Misty Copeland es un nombre muy popular en el mundo actual de la danza. Pertenece al American Ballet Theatre y fue la primer afroamericana en ocupar el puesto de primera bailarina en los 75 años de la compañía. Sin embargo, eso sólo es un hecho por lo que Copeland ha dejado huella en los escenarios. No sólo inició su carrera a una edad tardía (bajo los estatutos de la danza clásica), sino que además le fue difícil incursionar en el medio debido a su constitución física, que distaba de los estándares de la danza clásica. Esto y más son los temas que Copeland aborda en “Life in Motion”, la autobiografía de una bailarina fuera de lo común.


“Bunheads”, Sophie Flack

 

Aunque no se trata de una autobiografía, esta novela está más apegada a la realidad de lo que se esperaría. Su autora, Sophie Flack, quien perteneció al cuerpo de baile del New York City Ballet, proyecta sus vivencias en el personaje ficticio Hannah Ward, una joven de 19 años que forma parte del cuerpo de baile del Manhattan Ballet Company y que se enfrenta a la lucha por convertirse en solista, además de los clásicos estragos por los que pasa una bailarina profesional.


“Once a Dancer”, Allegra Kent


Una más de las musas de Balanchine en el New York City Ballet; sin embargo, algunos dicen que Kent era una de las favoritas del coreógrafo. Allegra Kent tuvo una vida difícil desde su infancia, creció en una familia disfuncional y posteriormente se enfrentó a una relación destructiva con el fotógrafo Bert Stern. En su autobiografía, Stern narra su lucha interminable contra problemas emocionales, físicos y económicos que la persiguieron durante toda su carrera.


“Ballerina: Sex, Scandal, and Suffering Behind the Symbol of Perfection”, Deirdre Kelly

El título lo dice todo. Deidre Kelly fue crítica de danza en el periódico canadiense The Globe and Mail. En este libro, Kelly utiliza las historias de las bailarinas más importantes, como Anna Pavlova, Isadora Duncan, Suzanne Farrel y Gelsey Kirkland para exponer el riguroso estilo de vida de las mujeres en la danza. Kelly habla de las paupérrimas condiciones de trabajo y el pago mediocre, prostitución, anorexia y adicción a las drogas.


“Apollo’s Angels”, Jennifer Homans

Jennifer Homans es una historiadora y crítica que también vivió la danza en carne propia. En “Apollo’s Angels” hace un recuento de la historia de la danza, desde las cortes europeas hasta la actualidad. Homans habla de la evolución de la técnica, la coreografía y la interpretación. Además, concluye con una reflexión acerca de la danza clásica en la actualidad, que, según ella, está en crisis desde que los grandes maestros han dejado el mundo.


“Astonish Me”, Maggie Shipstead

Esta es una historia ficticia que nos habla de Joan, una bailarina que después de un embarazo decide dejar los escenarios para dedicarse a un estilo de vida doméstico. Los recuerdos la invaden cuando su hijo Harry resulta ser un prodigio de la danza. Es un relato que indaga en la siempre tortuosa decisión de dejar los escenarios y el perpetuo fantasma de la danza que atormenta por siempre a los bailarines retirados.

Si creías que la historia de “Black Swan” era una exageración, fuera del toque cinematográfico que se le añade a cualquier guión para poder llevarse a la pantalla, la realidad no dista para nada de lo que se vive diariamente dentro de las más prestigiosas academias y compañías de danza. Puede ser una de las artes más bellas en cuanto al manejo del cuerpo humano, pero es también un arte con un lado bastante macabro que la mayoría desconoce. Cabe mencionar que, aunque en este listado se habla principalmente del rol femenino en la danza, esto no quiere decir que los hombres no atraviesen exactamente las mismas situaciones; incluso habría que agregar a la larga lista de desdichas la enfermedad que les ha arrebatado la vida a muchísimos bailarines varones: el SIDA.

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