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¿Cómo será la política con el 5G?





1 julio, 2018

Cuando los cambios tecnológicos van tan rápido y son tan transformadoras, la política suele llegar tarde y mal
Antoni Gutiérrez-Rubí
Analizamos las 5G de la política
La transición digital pronto quedará en el pasado. Los nuevos escenarios nos plantean una realidad completamente distinta, debido al nuevo motor de cambio: el 5G.  La llegada de esta nueva capacidad de conectividad diseña una hoja de ruta con grandes cambios, llamados a revolucionar todos los ámbitos de nuestras vidas. Nos confundiremos si vemos el 5G como un paso más en la evolución de la conectividad. Las consecuencias de este nuevo paradigma se podrían comparar más con el paso de la máquina de escribir al ordenador, que no tanto con el paso del 3G al 4G.
¿Cómo será la política con el 5G? No lo sabemos, todavía. Ni tan solo podemos intuirlo bien. Pero sí que sabemos que cuando las tecnologías van tan rápido, son tan profundas, y tan transformadoras, la política llega tarde y mal. Y su tentación regulatoria es la única respuesta. Pero debemos pensar más a fondo, en términos más complejos. La idea de organizar en Barcelona un gran foro, sobre cómo plantear soluciones a los retos que propone la revolución tecnológica del 5G (el «Davos digital»), sería una buena oportunidad. Estas podrían ser las 5G de la política.
G de Gobernabilidad
El hábitat natural de esta nueva conectividad son las ciudades inteligentes que, con esta nueva realidad, darán el paso a ciudades en directo, con capacidad de hacer nuestras urbes más seguras, más eficientes y mucho menos contaminantes. Cuando hablamos de las ciudades en directo nos referimos a aquellas Smart City que operarán bajo la lógica del 5G y que implementarán y darán respuesta a bases de datos en tiempo real. Esto nos plantea múltiples retos en su gobernabilidad y gestión, no solo en aspectos sonados, como los coches autónomos, sino en aspectos más complejos como la gestión del transporte público, por ejemplo. Con todos estos elementos, los representantes públicos tendrán el gran desafío de legislar —y comprender— ámbitos con los que no se encontraron antes, como la ética y transparencia de los algoritmos que tomarán decisiones que afectarán directamente a la vida de los ciudadanos. De las smart cities a los smart citizens.
G de Gestión
¿Qué solución pueden encontrar las operadoras a esta nueva realidad? ¿El 5G puede ser atendido solo desde el mercado? Hay voces reputadas, como la de Jon Fredrik Baksaas, expresidente de la GSMA y de la teleoperadora noruega Telenor, que piden que las telecos «cambien el chip» y comiencen a colaborar más entre ellas, tanto para compartir redes como para buscar modelos de negocio basados en nuevos servicios que lleguen con el 5G. «Todos tienen que entender que el panorama competitivo ha cambiado, y las operadoras necesitan dar forma a sus estrategias de creación de valor de forma coordinada». Nos enfrentamos a un volumen extraordinario de datos que no puede crear mercados desiguales, fraccionados o segementados por renta o accesibilidad. Además, el 5G necesita más antenas, estaciones base y cables de fibra óptica que su tecnología predecesora. Cambiará nuestro paisaje urbano. ¿Cómo gestionar esta demanda, cómo garantizar su inversión? El 5G desafiará las pautas conocidas y establecidas de la clásica colaboración público-privada.
G de Garantías
La gestión ética de los datos generados por el Internet de las cosas será básica para el ámbito de la comunicación y la estrategia política. Nos encontraremos en un escenario de vigilancia bidireccional: los ciudadanos tendrán muchos más datos para evaluar a sus representantes e instituciones; y estos tendrán más datos que nunca para analizar y comprender a sus ciudadanos, así como más capacidad para adecuar, programar y ofrecer servicios públicos a una sociedad permanentemente conectada y donde los datos serán el combustible de la economía.
Debido a esta nueva realidad, la gestión y propiedad de los datos generados será objeto de debate constante, ya que en este nuevo contexto no solo los dispositivos electrónicos generarán información, sino que aquellos objetos actualmente concebidos como analógicos también serán motores de datos altamente sensibles.
G de Gigabyte
¿Por qué es tan importante el 5G? Una de sus grandes ventajas es la velocidad de transmisión: el objetivo es que alcance un gigabyte por segundo y una latencia (en telecomunicaciones, la suma de retrasos en una red mientras se transmiten los datos) por debajo de los diez milisegundos. Nunca hemos tenido esta capacidad. ¿Cómo gobernar a esta velocidad, cómo garantizar el interés general a un ‘gigabit’ por segundo?
G de Grassroots
Además, con un mayor número de herramientas, relaciones y redes generando datos, podremos tener un análisis más detallado de nuestro contexto. Será posible ejercer una política de proximidad y segmentada al detalle, conociendo los problemas y preocupaciones de los votantes a niveles que hoy no podemos imaginar.
Más allá de la segmentación del mensaje, también deberemos adaptar las campañas electorales a esta nueva tesitura. La capacidad de generar activistas para una causa política será mucho más sencillo y su impacto mayor. La posibilidad de compartir contenido o expresiones políticas, desde dispositivos que hoy no consideramos conectados, permitirá hacer campaña en cualquier sitio o momento.
Uno de los retos más relevantes será incorporar elementos de la inteligencia artificial a la comunicación política, combinando metodologías clásicas con los nuevos algoritmos que nos aportarán información útil para construir mensajes y estrategias. Los nuevos algoritmos del 5G deberán ir ligados a un proceso de democratización y de fiscalización de aquellos gigantes tecnológicos que gestionen esta nueva realidad. Desde todos los sectores tenemos el reto de tomarnos la revolución del 5G como una oportunidad democratizadora y no perder el punto de vista ético en la gestión de los nuevos escenarios.

Antoni Gutiérrez-Rubí es asesor de comunicación y consultor político. @antonigr | www.gutierrez-rubi.es