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Francia-Argentina, duelo de campeones






30 junio, 2018

AGENCIAS
Argentina y Francia, vigentes subcampeones de América y Europa, abren el sábado en Kazán los octavos de final del Mundial de Rusia con un pulso de vértigo, que les sitúa ante la posibilidad de dejar atrás las dudas que arrastran y el precipicio al que les aboca la derrota.

Por su trayectoria histórica, con independencia de su momento de confianza o de juego, las rondas eliminatorias de los grandes torneos siempre les sitúan ante la exigencia de no fallar.
Del Kazan Arena, por tanto, una selección se marchará con la tacha de las expectativas no cumplidas y la otra revigorizada y con un gran capital de confianza para el resto de la competición.
El conjunto ‘bleu’ se presenta en el envite como líder invicto del Grupo C, pero con un juego muy criticado; el cuadro albiceleste, en cambio, tras una clasificación agónica, “buscada y trabajada”, según Giovani Lo Celso.
Esquivar un adiós prematuro permitió a la selección argentina mudar sus emociones. Con su victoria (2-1) ante las Súper Águilas de Nigeria, apartó el ánimo catastrofista que le acompañó tras el empate ante Islandia y la derrota ante Croacia.
Rebelado contra lo que se intuía como un destino fatal, el grupo que capitanea Leo Messi decidió reiniciar su recorrido en el torneo en la tercera jornada de la fase de grupos. Cuenta desde ahí cinco finales hasta el 15 de julio -cuando se definirá el título en Luzhniki-. Ganada la primera, apunta con ilusión a la segunda.
La Albiceleste encontró el fútbol y la solidez que ansiaba en el bloque de los históricos, es decir, en Gabriel Mercado, Marcos Rojo, Javier Mascherano, Ever Banega, Ángel Di María, Leo Messi y Gonzalo Higuaín. Junto a ellos formaron el arquero Franco Armani, los defensas Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico y el centrocampista Enzo Pérez, que ya recuperado de un golpe en la cadera ofrece a Jorge Sampaoli la posibilidad de repetir equipo titular.
Es algo que el técnico de Casilda no hizo en ninguno de sus catorce partidos como seleccionador argentino, pero en el precipicio de los octavos de final vuelve a necesitar corazón y certezas, lo que pasaría por volver a recurrir a ellos.
Frente a las dudas de Sampaoli, su homólogo francés, Didier Deschamps, afronta el duelo con un mayor crédito, pero quedará muy resquebrajado en el caso de que no llegue a los cuartos, la misma fase que alcanzaron hace cuatro años.
A diferencia de la “albiceleste”, la concentración “bleu” ha sido una balsa de aceite, incluso demasiado tranquila, en un ambiente bucólico y sin sobresaltos, un remanso de paz que se trasladó al césped en forma de juego estático, aburrido, insulso.
Ese ha sido el principal escollo de Francia, asolada por las críticas a su pobre juego, encorsetada en un fútbol sombrío en el que sus estrellas se apagaron en busca de un único credo, el resultado, que fue propicio, lo que les privó de la épica.
De todas las grandes naciones, aquellas que llegaron a Rusia pudiendo reivindicar el sello de favoritas, Francia es la única que tuvo un recorrido cómodo, que se clasificó desde el segundo partido y que no ha dado para grandes titulares.