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15 frases de Rayuela para enamorarte






28 junio, 2018

Cultura Colectiva

Julio Cortázar transformó nuestra forma de ver y entender el amor. Con estas frases de rayuela lo demuestra.

Leer los clásicos es importante, pues nuestra vida se moldea con lo que vivimos, pero también con lo que leemos. Por eso los clásicos son necesarios durante toda nuestra vida. En lugar de decir “Estoy leyendo este libro”, deberíamos decir “Estoy releyendo este libro”. Son libros que leemos sin entender, que nos retan e incluso aburren durante nuestra juventud. Sin duda, son libros difíciles que dicen más de lo que se lee a primera vista. Por eso leerlos cada tres, cinco o diez años cambia el contenido aunque éste se encuentre exactamente igual, eso es gracias a que nosotros cambiamos.

Dejar de leer un libro, y más un clásico, solamente porque su popularidad aumentó, es un error garrafal. Llamar “hipster” a una novela es un sinsentido otorgado por la popularidad y el tipo de gente que lo lee, el producto continúa siendo el mismo. Y si hay una obra que peca de pertenecer a ese gremio es la obra maestra de Julio Cortázar: Rayuela.

El libro que revolucionó la forma de contar una historia, reestructuró la novela e incrementó la popularidad de la literatura latinoamericana a nivel mundial; es un intenso imaginario creado por el escritor argentino. Una historia acerca de la vida, el intelecto pero, sobre todas las cosas, el amor. Diferentes formas de leerlo y entenderlo, el libro expone que muchas veces podemos entender cosas completamente distintas dependiendo el orden en que leemos o escuchamos. Sin embargo, estas frases de los 155 capítulos de Rayuela te aventurarán a enamorarte sin duda alguna.

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

“Nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared”.

“Y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios”.

“No puede ser posible que estemos aquí para no poder ser”.

“-Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para tocar sonatas.

-Precioso, lo que decís.

-Era así, el piano iba por su lado y el violín por el suyo y de eso salía la sonata, pero ya ves, en el fondo no nos encontrábamos. Me di cuenta en seguida, Horacio, pero las sonatas eran tan hermosas”.

“Oh mi amor, te extraño, me dolés en la piel, en la garganta, cada vez que respiro es como si el vacío me entrara en el pecho donde ya no estás”.

“Amor, ceremonia ontologizante, dadora de ser”.

“Procuremos inventar pasiones nuevas, o reproducir las viejas con pareja intensidad”.

“Alguna vez había creído en el amor como un enriquecimiento, como una exaltación de las potencias intercesoras. Un día se dio cuenta de que sus amores eran impuros porque presuponían esa esperanza, mientras que el verdadero amante amaba sin esperar nada fuera del amor, aceptando ciegamente que el día se volviera más azul y la noche más dulce y el tranvía menos incómodo”.

“El amor juega a inventarse, huye de sí mismo para volver en su espiral sobrecogedora, los senos cantan de otro modo, la boca besa más profundamente o como de lejos, y en un momento donde antes había como cólera y angustia es ahora el juego puro, el retozo increíble, o al revés, a la hora en que antes se caía en el sueño, el balbuceo de dulces cosas tontas, ahora hay una tensión, algo incomunicado pero presente que exige incorporarse, algo como una rabia insaciable. Sólo el placer en su aletazo último es el mismo; antes y después el mundo se ha hecho pedazos y hay que nombrarlo de nuevo, dedo por dedo, labio por labio, sombra por sombra”.

“Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, lo atás con ayuda de las palabras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo”.

“Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos (…), te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto”.

“Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto”.

Capítulo 7

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja”.

“Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”.