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El Priorato de Sion y el secreto que se esconde en La Última Cena






27 junio, 2018

Cultura Colectiva

¿El hombre llegó a la Luna en 1969? ¿En los reinos de Inglaterra hubo conspiraciones grandes que corrompieron la corona? ¿Existió Jesucristo?
Como observadores tardíos del avance del mundo, solemos aceptar la historia como se nos ofrece, sin tener dudas sobre la veracidad de los hechos, o simplemente nos resignamos a imaginar que jamás sabremos realmente lo que sucedió. Algunos historiadores dedican su vida a desenterrar hechos o corroborarlos para así tener una visión más amplia y clara de lo que definió nuestro pasado en algún punto, y así, quizás responder a algunas de las mas grandes preguntas de la historia.

Es interesante considerar también que, actualmente, el golpe de distintas religiones ha ido disminuyendo. El número de creyentes se reduce conforme llegan nuevas generaciones, ya que, a su forma de ver el mundo, son hechos que no vale la pena rescatar. Se piensa que son fantasías de mundos distintos que, aunque sus bases sean el amor y la comunión, han causado al mundo más daño que bien. No precisamente por las palabras que pregonan, sino por la gente que lo sigue (se demuestra claramente en el caso del Islam e ISIS).

Sin embargo, nuestra misma curiosidad humana nos lleva a veces a considerar la posibilidad de que realmente sucedieron ciertos hechos. Es común escuchar chistes sobre Jesús en un mundo moderno o incluso en su propio contexto. Y esto suele derivar en ciertas preguntas como: ¿Y si efectivamente existió? ¿Y si sólo fue una figura al que se le atribuyeron características celestiales? O la pregunta que se repitió en múltiples ocasiones en la década pasada durante el apogeo de “El Código da Vinci”, de Dan Brown: ¿Da Vinci nos estaba contando una verdad con sus obras? ¿Especialmente en “La Última Cena”?

Para muchos de nosotros podría sonar ridículo, pero hechos analizados como estos, así como las teorías de conspiración, resultan en historias llamativas que hacen más interesante una obra, y además, le añaden cierto atractivo a los cuentos que consideramos como fantasía. Y, aunque muchas de estas teorías pueden no ser verdad o no tengan la suficiente prueba como para demostrar su veracidad, sería aún más interesante descubrir que sí hay algo detrás, que hay algo oculto que no hemos visto y quizás así, de esa forma, podríamos descubrir si existió Jesús, tal vez no era como lo imaginábamos. Pero… ¿De verdad da Vinci nos quería decir algo?

Lo más probable es que lo haya hecho, pero no de la manera que pensamos. Según un dibujante francés llamado Pierre Plantard (1920-2000), existió una sociedad secreta llamada El Priorato de Sion. La historia que desarrolló este hombre establece que El Priorato era una sociedad secreta que pretendía guardar el secreto del Santo Grial, además de presentar una línea de sangre de la dinastía Merovigniana. El propósito de Plantard era ascender como “El Gran Monarca”, idea que había establecido Nostradamus. Su ambición lo levó tan lejos que se habló de evidencia falsa plantada en distintas locaciones alrededor de Francia y partes de Europa por él mismo y sus seguidores.

La historia falsa de Plantard llegó tan lejos que, a pesar de que se había descubierto como una farsa, resurgió en 1982 en el libro “La Santa Sangre y el Santo Grial”, que debido a su condición pseudohistórica, fue tomado como hecho. “El Código da Vinci” siguió esa línea y trató al Priorato de Sion como algo real. Pero, según Plantard, ¿quién fue parte del Priorato de Sion? Y ¿qué consecuencias tuvo su historia falsa?

De acuerdo a Plantard y ciertos teóricos, algunos de los “Grandes Maestres” de esta orden fueron grandes personajes de la historia, como Isaac Newton, Victor Hugo, Boticelli e incluso hasta Juana de Arco, además del previamente mencionado Nostradamus. Este último atrajo aún más atención a esta falsa historia, debido a sus predicciones que, como algunos afirman, se han convertido en realidad. Sin embargo, el personaje más importante del Priorato que quizás pudo revelar más de la orden (según los teóricos), sin duda, es Leonardo Da Vinci.

Aunque parezca una repetición de “El Código da Vinci”, los secretos que pudieron ser más importantes para el Priorato de Sion fueron revelados por él mismo, y aunque podría ser solamente una simple casualidad o un “juego” de da Vinci para los estudiosos religiosos de sus obras, sin duda, es un pedazo de historia muy interesante de analizar.

Algunos de los elementos que, según los teóricos, se encuentran en “La Última Cena”, apuntan directamente a que María Magdalena tenía una relación más grande con Jesucristo que cualquiera de sus discípulos. De acuerdo a los análisis, se determina que da Vinci pintó la cena de una manera incorrecta a propósito. Estableció una mesa y pintó a los protagonistas en un solo lado esta, mientras que, históricamente, tuvo que ser diferente.

Las teorías tienen como base que el número doce está considerado como un número celestial; de esta forma, se quita la idea de los doce discípulos y menciona que Jesús hablaba de los doce, solamente refiriéndose a un ente celestial, a un grupo santo que lo acompañaba en distintas partes de su vida, en especial durante esta última cena. Entonces, las teorías dicen que da Vinci pintó a los doce apóstoles en forma de simbolismo para expresar un mensaje oculto.

Se habla de las posiciones de los discípulos, en especial Juan, quien se encuentra a la derecha de Jesucristo, que, según los análisis, en realidad es María Magdalena. Sus rasgos delatan la figura femenina y mediante un estudio de refracción y con el uso de espejos, se llegó a “acomodar” la imagen de Magdalena en el pecho de Jesucristo.

“Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús, cerca de su pecho”.

Según el orden de asientos en la cena original, Juan y Judas Iscariote tomaron lugar al lado de Jesús, lo que convierte a Juan en la figura que debería estar en el pecho de Jesús, pero con el posible cambio de da Vinci, sin duda, la figura de Magdalena logra empatar para estar inclinada sobre él, creando, junto con el color, una imagen mejor proporcionada, como acostumbraba el pintor.

Además, esos análisis encuentran un M, de Magdalena en el cuadro, representada en el ángulo entre Jesús y Juan (María), revelando un poco más. En la esquina derecha de la mesa se encuentra un nudo, que representa un vínculo, una pista más de lo que trata de revelar. Ahora, el momento representado en la imagen es el momento en el que Jesús revela que alguien lo traicionará, seguido de la eucaristía. La reacción de los discípulos parece confirmarnos las sospechas.

Lo que mencionan los que estudian al Priorato de Sión es que Jesús ofreció a sus discípulos su cuerpo y sus sangre, pero no de la forma en que conocemos. Según lo que parece mostrar la imagen, Jesús presentó de forma más literal esos elementos mediante María Magdalena: su linaje, su descendencia. El hijo de Jesús fue revelado (como embarazo) durante la Última Cena, por lo que las reacciones no tratan sobre la traición, sino sobre la revelación durante la eucaristía. El hijo de Jesús, es, entonces, El Santo Grial. Por lo tanto, el secreto que ocultaban los Maestres de esa orden de Sion fue la descendencia de Jesucristo.

Es razonable pensar que existiría un secreto que la Iglesia no quisiera revelar, pues para ellos Jesús es el único hijo de Dios; es por ello que la idea de un Jesús que no fue célibe y que dejó un linaje, el cual podría revelarse hoy en día, cambiaría por completo las ideas del mundo eclesiástico. Existen más “pruebas” dentro del cuadro de da Vinci, sin embargo, está lleno de especulaciones. El propósito de Plantard era ser reconocido como parte de ese secreto y cambiar el juego. Sin embargo, la Iglesia tiene el poder sobre toda la información y la mente de las personas está muy aferrada a las ideas ya presentadas, por lo que un cambio no generaría gran escándalo.

Probablemente da Vinci sólo jugaba con los estudiosos de la religión, al igual que Miguel Ángel al pintar la Capilla Sixtina. Ocultó grandes cosas detrás de su obra para que pudieran pasar años tratando de descifrar algo que no existe ahí. O quizás sí existe, pero sólo en la pintura. El polímata tenía una de las mejores mentes de su tiempo, pero en el mundo de las teorías y las ideas, de las historias que no pueden corroborarse, cualquier cosa puede desatar un misterio.  Aunque bien podría ser solo fantasía, existen algunas teorías conspiratorias que resultaron ser reales. Hay también otras que te dejarán cuestionando tu propia existencia, al final, uno decide si cae en la ficción o no. Eventualmente, las teorías abren puertas en el mundo del arte, como el caso de Freud, que aunque sus teorías resultaron ser falsas, revolucionaron el arte.

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