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Portugal iguala con la magia de CR7






16 junio, 2018

AGENCIAS
Tres goles de Cristiano Ronaldo, el último de falta directa a tres minutos del final, frustraron el ejercicio de carácter, determinación y remontada de España, que resurgió hasta dos veces contra el actual campeón de Europa y contra sí misma, pero que recibió el 3-3 cuando ya sentía suyo el triunfo.
No le asustó de principio el 1-0 en contra, en un penal de Nacho sobre Cristiano, que él mismo transformó, ni tampoco la puesta en escena trepidante de Portugal, lanzada al contragolpe, del que no sacó provecho Gonçalo Guedes, primero porque le faltó valentía para medir a Sergio Ramos y después porque no tuvo nada de precisión.
Lo marcaba el cronómetro en el imponente estadio Fisht de Sochi, pero, sobre todo, el compás al que se movía ya España, inconformista y ambiciosa ante tal panorama, rebelada contra la adversidad y contra la presión de su contrincante y rearmada con el 1-1 de Diego Costa, una jugada que representa milímetro a milímetro al atacante. Un balón largo, de esos que tanto le gustan, al choque con Pepe, le dio la posesión. Se revolvió ante un par de defensas, para un lado, para el otro, encontró el hueco, disparó y empató (1-1).
Era el minuto 24 dentro de un partido que ya sí era de España, por ritmo, por juego, por ocasiones. Apagado entonces Cristiano y, por extensión, el ataque de Portugal, la selección española disfrutó con una versión muy reconocible, con un trallazo de Isco al larguero -botó después en la línea-, con remates de Jordi Alba e Iniesta…
Todo apuntaba al 1-2 para España al borde del descanso. Y fue todo lo contrario, indiscutiblemente más por error de De Gea, incapaz de agarrar un balón fácil, raso, a sus manos, mal puestas y directas a su propia portería, que por mérito de Cristiano, que encontró un gol en un tiro del que nunca intuyó tal recompensa.
Otro palo para España, camino del vestuario de nuevo incrédulo ante un gol inimaginable en un guardameta de tal nivel, de nuevo ante otra competición contra sí mismo, consciente de que el marcador era adverso por dos situaciones más que evitables, por sus errores, por dos regalos, no por los aciertos rivales ni de Cristiano, por otra parte un líder evidente que necesita Portugal en cada segundo.
También era otra prueba de fortaleza mental para España, de la que resurgió de nuevo, primero con el 2-2, otra vez de Diego Costa, atento para remachar a la red un toque de cabeza de Sergio Busquets en una acción a balón parado botada por David Silva, y después, sin apenas pausa, con el 2-3, un golazo imparable de volea de Nacho.
Tan imparable como lo fue la reacción del equipo, que puso bajo su control el partido un rato, con la certeza que le aportó y le aporta siempre la posesión de la pelota, pero con el riesgo de una falta al borde del área a tres minutos del final. Ahí tomó carrera Cristiano para el empate, un derechazo directo a la cara de España.