MAR
NOV
13
MAR
NOV
13

MIL PALABRAS (166)





15 junio, 2018

Zapatos rojos

Por Ramón Grimal

Martina se calzó los zapatos de tacón color rojo. Eran sus favoritos desde que los vio en la vitrina de una tienda en el centro. Sin duda le quedaban bien. Eso mismo le dijo la dependienta en cuanto se los vio puestos. Ella, naturalmente, dejó que aquellas palabras la sedujeran. A quién no le gusta escuchar cosas bonitas en vez de esas voces altisonantes de los muchachos de la esquina, esos que se sientan a pasar la tarde al sol entre birra y birra. “Que ven para acá, mamita”, “No sabes lo que yo te haría, reina” y lindezas de ese estilo tan agresivo y maleducado.
Pero ella no está para eso. Trabaja de recepcionista en un bufete de abogados de la capital y el puesto exige elegancia y corrección. ¡Y cómo no va a estar radiante con esos zapatos rojos! Entonces se mira al espejo que le devuelve la imagen que siempre quiso ser pero que todavía no era. Los zapatos culminan unas piernas largas y bien formadas, enfundadas en pantis negros, calados, y un traje chaqueta de tres cuartos, sobrio. Lleva el cabello corto, teñido de rubio ceniza, las cejas bien delineadas, así como los labios carmesí y las pestañas revueltas, desafiando la gravedad. Es, para Josué, el portero de la vieja casa de huéspedes “una mujer por la que valdría la pena matar”. Claro que falta un detalle; un casi nada que cumplir.
Martina aún es Martín, el hijo menor de doña Francisca, ay ella, tan católica y devota.
-Tú no te preocupes, mamá. Siempre seré tu hijo. La consoló el otro día.
-Pero tú no eres…
-Soy lo que soy.
Y Martina sale a la calle. Y ya no le importan los muchachos de la esquina porque en aquellos zapatos rojos es ella y solamente ella