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El sepulturero más antiguo y los sonidos que siente por las noches






11 junio, 2018

Este camposanto cuenta con 14 calles, 59 manzanos y más de 3 cuarteles

SAÚL CARDOZO/ BOLINFO/ TARIJA
(elPeriódico- junio 11/ 2018) El sepulturero del Cementerio General Anastasio Rueda Vargas, uno de los trabajadores más antiguos de este camposanto, contó que en las noches, cuando realiza los recorridos entre las tumbas, es común oír los gruñidos de un chancho, que provienen de los mausoleos, pero cuando se dirige hacia el lugar, jamás encuentra algo.
“Ya estoy acostumbrado, no sé de nadie que críe chanchos por la zona, además, no sé qué podría hacer un animal de ese tipo aquí, ya que no hay comida, y lo raro es que solamente se escucha en las noches, nunca en el día”, contó.
También cuenta que en “algunas noches”, ve sombras perderse entre las intersecciones del cementerio, lentamente, además de oír lamentos quejumbrosos sin que nadie los emita.
“Lo que hago es no darle mucha importancia a esas cosas, para no interrumpir en nada, sea lo que sea, por algo debe ser, así que prefiero estar distante”, refirió.
Contó que una vez, al promediar la medianoche, pasaba por la sección de los nichos de niños, cuando alguien produjo sonidos de risa.
“Puedo asegurar que un niño se reía, y lo más extraño es que la risa jugaba conmigo, pues cuando me alejaba del sitio, se oía nuevamente. Debo admitir que en esa ocasión, sí sentí miedo, justamente ese día enterraron a un niño de nueve años de edad en ese sector”, relató.
Cuenta que en diferentes oportunidades, cuando vivía en el cementerio, en sus sueños aparecía gente que no conocía.
“Pareciera que mi sueño se desviara, o algo así, pues creo que si no aparecieran, el desenlace de los mismos sería algo diferente”, comentó.
Indicó que 18 años trabajó en el Cementerio General de Tarija y después de tantos años cavando tumbas en el camposanto, asegura que nunca le ha temido a los muertos ni a la muerte.
“Lo mejor de mi trabajo es estar en un entorno peculiar, silencioso, acogedor, mágico casi, en contacto con el aire y con los efluvios de las almas. Lo peor, los hielos y escarchas del invierno”.
Este tarijeño de 54 años, semblante de tipo duro y voz cálida, lleva 18 años inhumando y exhumando cuerpos en el cementerio. “Una de las sacramentales con más encanto de la capital” asegura.
“No me imaginaba llegar a trabajar como sepulturero, pero por un amigo llegué y me quedé, porque es un trabajo normal”, afirmó.
Aunque una gran parte de las personas, la pasaría mal teniendo que convivir a diario con cadáveres encerrados en cajas, Rueda asegura que es un trabajo “normal y corriente”, con una salvedad que también le diferencia del común de los mortales: a él su labor le “encanta”.
Es difícil que se conmueva por un “entierro”, aclara Anastasio.
“Tengo sangre fría”; afirmó; sin embargo, recuerda que en dos ocasiones su “corazón duro” se puso a prueba.
No se sabe con exactitud cuántos cadáveres entierra por día. Hay días que son por los menos unos cuatro entierros.
“Ya no tengo miedo ni dolor, enterrar es parte de mi trabajo y creo que hace tiempo se perdió el dolor”, acotó.

Almas milagrosas
La tumba de los difuntos, Jorge Fuentes y Antonio Chuquimia es la más visitada en este cementerio.
Las personas que concurren a pedir sus favores, afirman que los difuntos hacen milagros.
El entrevistado cuenta, que fueron unos jóvenes que habían asaltado a una familia para robar su inmueble, pero los sorprendieron los propietarios, debiendo usar un arma de fuego con la que los asesinaron.
El Gobierno en ese entonces, les dio la Ley de Fuga que estaba vigente.
Esta normativa consistía en dejarlos correr libre, mientras los soldados disparaban por detrás a quemarropa.
Cuentan que encontraron a uno de ellos en el aeropuerto Oriel Lea Plaza y al otro en la salida a Iscayachi, donde los mataron.
Según el administrador del Cementerio General, Ariel Zamora Gutiérrez, los enterraron en dos fosas comunes a una distancia de unos 35 metros el uno del otro, sin cajón, en bolsas.
“Cuando me hice cargo del cementerio en el año 2005, mucha gente venía a visitarlos por sus milagros. Al ver esto, juntamos los cuerpos e hicimos la gestión con la funeraria hasta lograr conseguir cajoncitos, sacamos los huesos y ahora es la tumba más visitada”, relató. (eP).

EL APUNTE
Las calles del cementerio
En la actualidad la “ciudad misteriosa” cuenta con 14 calles, 59 manzanos y más de 3 cuarteles, cada uno con un promedio de 500 nichos construidos en diferentes niveles hasta el quinto piso y en otros antiguos hasta el octavo piso.
El cementerio antiguo se ha conservado con las antiguas bóvedas, la parte que colinda con la quebrada Víbora Negra, que posee unas antiguas rejillas que tienen más de 50 años.
En las calles, número dos hasta la cinco, hay grandes mausoleos que ocupan de 12 a 24 metros. En las calles 8 a 11 están las tumbas menos fastuosas pertenecientes a gente humilde, sin embargo, según Zamora, son las más concurridas.