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Manuel Belgrano murió en soledad y pobreza a los 50 años de edad agobiado por varias enfermedades






3 junio, 2018

Belgrano murió en soledad el 20 de junio de 1820 en Buenos Aires, alejado de sus seres queridos y en medio de la pobreza, incluso hasta olvidado por sus contemporáneos. Manuel Belgrano falleció a los 50 años de edad culpa de una grave enfermedad (hidropesía) que en aquella época era muy poco tratable. Cumpliendo con su última voluntad, su cadáver fue vestido con el hábito de los Dominicos, orden de la Iglesia Católica de la cual formaba parte y enterrado en el Convento de Santo Domingo. No hubo grandes velorios ni demasiados lujos en su entierro. Es más, solamente una sencilla lápida con la leyenda “Aquí yace el General Belgrano” cubrió su sepultura durante años.

Su salud fue estudiada durante un ateneo en el Instituto de Medicina Cardiovascular del Hospital Italiano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Según la publicación de 19 de junio de 2012 en Tiempo Argentino, el reuma o la sífilis precipitaron la muerte de Belgrano. El historiador Felipe Pigna, el médico Daniel López Rosetti y otros especialistas debatieron la causa de su deceso. Fue una insuficiencia cardíaca, pero hay varias hipótesis sobre qué la desencadenó.

Por: Gustavo Sarmiento
Tres veces por semana, el Instituto de Medicina Cardiovascular del Hospital Italiano de Buenos Aires realiza un ateneo anátomo-clínico sobre casos específicos. El de ayer fue uno muy particular, el de Don Manuel Belgrano, fallecido el 20 de junio de 1820. La idea la aportaron el doctor Daniel López Rosetti y el historiador Felipe Pigna, quienes contextualizaron y detallaron los diferentes síntomas que padeció el prócer durante su vida. Luego, unos 100 especialistas que se acercaron al auditorio del Italiano evaluaron el caso clínico para dar un diagnóstico de las causas de su muerte, entre las cuales prevaleció la de una insuficiencia cardíaca progresiva.

Como en jornadas anteriores, la actividad comenzó con la ficha del paciente. Actividad: periodista, economista, abogado, político, militar. Examen físico: estatura media, delgado, tez blanca rosada, pelo rubio, ojos azules. Perfil personal: persona disciplinada, aplicada, hiperactiva, exigente, con condiciones de liderazgo, que dormía pocas horas y tenía la voz aflautada. El primer elemento de diagnóstico fue un cuadro de depresión que padeció en 1794, a los 24 años, cuando llegaba de España. Ese mismo año sufrió otra patología que determinaría a futuro su delicada salud: le diagnosticaron sífilis, enfermedad que padecerá, al menos, hasta 1810. Casi el 50% de la población padecía enfermedades venéreas. Obviamente, no existían profilácticos de látex, solamente había unos muy caros de intestino de carnero, que tenían la característica de ser incómodos y reutilizables.

En 1800, Belgrano sufrió una afección ocular en su ojo izquierdo que muy probablemente le haya dejado una fístula. El 23 de agosto de 1812, en pleno Éxodo Jujeño, padeció fenómenos descriptos de dispepsia, con frecuentes dolores de estómago, intolerancia a la carne de llama o al caldo de perdiz. Hacia fines de mayo de 1813, Belgrano escribe al gobierno de Buenos Aires: “Estoy atacado de paludismo-fiebre terciana, que me arruinó a términos de serme penoso aún el hablar.” Tras pasarle el mando a San Martín, irá de licencia en un viaje a Inglaterra en 1815; por lo que se sabe, hasta entonces le duró esa afección.

En Londres, conoció a su médico de cabecera, el doctor Joseph Readhead, que lo acompañó hasta el último día. El 7 de abril de 1819, consignó en una carta a Ignacio Álvarez Thomas estar afectado del pulmón y del pecho, y además del muslo y la pierna derechos, por lo que debían ayudarlo a desmontar. Es el primer testimonio de la enfermedad final. Un año después, lo ratificará en una nota a Manuel de Sarratea, gobernador de Buenos Aires, en la cual especifica que su enfermedad comenzó el 23 de abril de 1819. En esa misiva prevalecen los reclamos de sueldos atrasados.

Belgrano falleció en su sillón el 20 de junio de 1820 a las 7 a.m., el mismo día que Buenos Aires tuvo tres gobernadores. El patólogo Juan Sullivan, que practicó la autopsia del prócer, señaló que sacó gran cantidad de agua; que encontró el hígado y el bazo aumentados en volumen; los riñones desorganizados; los pulmones colapsados y del tamaño de una mano; el corazón hipertrofiado; tejido duro por la cirrosis portal que suele asociarse ictericia y ascitis.

EL TRAGICO FINAL DE
LOS GRANDES PROCERES

La historia registra trágicos finales de los libertadores y patriotas de lideraron las luchas por la independencia de América contra el imperio español. El Libertador Simón Bolívar falleció a la una de la tarde con tres minutos y cincuenta y cinco segundos del viernes 17 de diciembre de 1830, en Santa Martha, Colombia, afectado por tuberculosis, una enfermedad prevalente en esa época.

Pero su fallecimiento estuvo rodeado de misterio y ha sido uno de los enigmas científicos más estudiados en la región. El profesor Paul Auwaerter, director clínico de la División de Enfermedades Infecciosas de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, Estados Unidos afirmó que la muerte de Bolívar fue causada por envenenamiento crónico por arsénico el cual condujo a una grave enfermedad respiratoria. Los registros señalan que antes de morir Bolívar padeció una enfermedad muy larga con una amplia variedad de síntomas, incluidas crisis frecuentes de pérdida de conciencia, oscurecimiento de la piel, pérdida extrema de peso, tos, agotamiento y dolores de cabeza persistentes. Bolívar habría ingirió arsénico como un remedio para algunos de sus frecuentes males: dolores de cabeza recurrentes, debilitamiento, hemorroides y sus episodios crónicos de pérdida de conciencia. En esa época el arsénico era un remedio médico común, señala el informe del investigador.

El 4 de junio de 1830, muy temprano por la mañana, Antonio José de Sucre tomó el camino de su cita final. Murió asesinado en la montaña de Berruecos, en Colombia, el Gran Mariscal de Ayacucho, egregio prócer militar, político y estadista venezolano, figura fundamental de la independencia de Bolivia, uno de los más leales y consecuentes compañeros de armas e ideas del Libertador, Simón Bolívar. Tenía 35 años de edad. El asesinato de Sucre fue como una “Crónica de una muerte anunciada”, ya que fue planificado y ejecutado en las Montañas de Berruecos, Arboleda (Nariño) Colombia, con alevosía, ensañamiento, ventaja, traición y premeditación. Tras la cobarde acción, allí permaneció su cadáver por más de 24 horas hasta que los pobladores de las localidades cercanas le dieran cristiana sepultura. Si el Mariscal se hubiese ido por Buenaventura, allí lo esperaba el general Pedro Murgueitio para darle muerte; si optaba por la vía de Panamá lo acechaba el general Tomás Herrera, y desde Neiva lo vigilaba el general José Hilario López.

El prócer Miguel Martin de Güemes murió el 17 de Junio de 1821 a los 36 años de edad en la Cañada de la Horqueta, Salta y junto con él un ciclo de la historia de Salta de la Independencia Argentina y del Alto Perú, actual Bolivia. Güemes fue herido en una emboscada el 7 de junio de 1821. Un proyectil le perforó el abdomen, entrando cerca de la nalga izquierda del prócer, siguiendo una trayectoria ascendente leve, saliendo por la región inguinal derecha. La pelvis es una zona que contiene elementos importantes de la anatomía humana, entre ellas el colon (intestino grueso) terminal que en la supuesta trayectoria del proyectil se denomina sigmoide y además lesionó la vejiga, los conductos urinarios, además de la próstata. Todo ello configuró una afección compleja y mortal, que no podía solucionar la cirugía de la época. Murió al pie de un árbol de Ceiba.

Fuente: Centro “Documentos del Archivo de Belgrano”. Biblioteca Municipal. Jujuy. 1990
Biblioteca Nacional de Maestros. Jujuy. 1993
Biblioteca de Armas. Salta. Argentina. 1902
Memorias póstumas. Brigadier General José M. Paz. Imprenta de la Revista, 1855.
Diego Barros Arana, “Compendio de Historia de América”, Vol. 2.
La Batalla de Salta. 20 de febrero de 1813. Roberto Enrique Díaz. 2006.
El Tribuno de Salta. Junio 2010. Salta. Argentina.