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“Un día me desperté y no reconocía a mi mujer” 






1 junio, 2018

BBC MUNDO

Adam y Raquel Gonzales habían estado juntos cinco años cuando él se despertó una mañana sin tener idea de quién era ella: había perdido todos los recuerdos del matrimonio. Pero Raquel estaba decidida a conquistarlo nuevamente.

Una madrugada de septiembre de 2016, Raquel fue hasta la sala de la casa en pijama y vio que su esposo la miraba perplejo. Él le habló como si ella fuera una extraña. Parecía no tener idea de quién era.

“Le pregunté: ‘¿Sabes dónde estás? ¿Qué año es? ¿Cuál es mi nombre?’ Y dijo ‘No’ a todas estas cosas”, cuenta Raquel.

“Cuanto más preguntaba, más enojado se ponía”.

Raquel le aseguró que esa era su casa, que ella era su esposa y que tenían tres hijos en común. Adam comenzó a llorar.

Ella le pidió que se vistiera y que lo llevaría al hospital de inmediato. Cuando Adam abrió su armario, preguntó: “¿Dónde están mis trajes?”

Raquel le explicó que no tenía ningún traje, que era un entrenador personal.

Adam se vistió y a desconfiado siguió a esta mujer que no conocía al hospital.

Raquel era amable con Adam, sabía que su memoria había fallado una vez, después de que una mujer intentara asesinarlo.

Cinco años antes, a los 35 años, Adam era gerente de una sucursal para el gigante de las telecomunicaciones AT&T y un devoto líder de una iglesia en Lubbock, Texas, Estados Unidos.

Después de la ruptura de su primer matrimonio, comenzó una nueva relación, pero esta terminó en desastre. Su nueva novia era abusiva y finalmente trató de matarlo estrangulándolo con un cable eléctrico.

Murió tres veces de camino al hospital, dice. Aunque fue resucitado por paramédicos cada vez. Estuvo en coma cuatro meses.

“Cuando me desperté no sabía quién era, no sabía que había estado casado y divorciado y que tenía dos hijos”, dice Adam.

Pasó un año en el hospital, aprendiendo cómo caminar y hablar de nuevo. Pero los recuerdos de su vida pasada no regresaron.

Pasaron meses antes de que a Adam le volvieran a presentar a su hijo e hija. Le pareció todo un desafío mirarlos por primera vez.

“¿Cómo podía un padre olvidar a sus hijos biológicos?” se pregunta.

Cuando finalmente regresó a la casa, todo estaba lleno de fotografías con las que no podía conectarse y premios que no recordaba haber ganado.

“Estaba tratando de entender quién era este hombre. ¿Podría estar a la altura de esta persona?”

No podía volver a su antiguo trabajo y temía no poder sostener su estilo de vida anterior.

“Ni siquiera recuerdo para qué fui a la escuela (universidad)”, dice. “Era evidente que estuve allí, pero cómo llegué allí, cómo lo sostuve, era inimaginable”.

Decidió dejar la ciudad y comenzar de nuevo. Se mudó a Phoenix, Arizona, con sus hijos y se convirtió en entrenador personal.

Fue allí donde comenzó con las citas en internet y en 2012 empezó a mandarse mensajes con Raquel, una gerente de marketing de 30 años con una hija pequeña.

Acordaron reunirse en un pequeño bar en el centro de Phoenix. Raquel se sentó y esperó, pero pasó una hora y todavía Adam no había aparecido. Finalmente la llamó, pero desde el restaurante equivocado.

“Se mostró tan arrepentido y humilde que pensé: ‘Todos cometen errores'”, dice Raquel.

Adam finalmente entró el restaurante correcto, vestido con una chaqueta de cuero y jeans.

“No lo intentaba, pero de alguna manera se veía tan guapo”, dice Raquel.

“No podía dejar de mirarla, tenía estos hermosos hoyuelos y una sonrisa realmente dulce”, dice Adam.
Hicieron clic y comenzaron a verse más seguido.

Después de unos meses, se mudaron con sus hijos, y en julio de 2015 se casaron en una pequeña capilla en las afueras de Phoenix.

Pero todos los recuerdos de los cinco años que Adam y Raquel pasaron juntos desaparecieron esa mañana de septiembre de 2016.

Mientras Adam estaba en el hospital, llamó a la única persona en la que sabía que podía confiar: su madre. Ella le aseguró que él estaba enamorado y por eso se casó con Raquel.

“Ella te ama. Tienes mi bendición”, le dijo su madre.

“Así que comencé a confiaren ella y a hacer preguntas”, dice Adam. “Hubo algo de emoción y un poco de misterio acerca de quién era esta mujer realmente agradable”.

Empezaron a salir (de nuevo) y conocerse en el hospital.

“Me mostraba fotos en su teléfono celular sobre lo que en el pasado yo hubiera llamado MySpace, pero era Facebook”, dice Adam.