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10 argumentos que jamás debes decir si quieres ganar una discusión






30 mayo, 2018

Cultura Colectiva

Hay tres cosas que debes evitar en una discusión para asegurar tu victoria:

1. La ira

Te puede llevar a perder la cabeza y decir cosas sin sentido o hirientes.

2. Evadir el tema

Pareciera que lo estás haciendo porque te has quedado sin argumentos que defender a favor tuyo.

3. Las mentiras

Son la peor manera de ganar una discusión, pues estás cayendo en el error de no comprobar tus palabras.

Si los dos primeros son importantes, el último es vital para que una discusión sea ganada por ti de manera inteligente. Para ello debes evitar caer en las llamadas falacias argumentativas, que no son otra cosa que una serie de argumentos en contra de tu oponente basados en generalidades, suposiciones o en “verdades” que no lo son. Una pelea que incluya información engañosa como arma para rebatir los argumentos de tu rival son la primera opción para ponerte la piedra que te hará caer.

Cuando se intenta persuadir a alguien por medio de la compasión —adoptando el papel de víctima de las circunstancias que no puede resolver un problema por sus propios medios— es un ejemplo de falacia argumentativa: una manera tramposa de querer ganar una discusión cuando todos los demás medios no sirven. Las batallas contra tus padres, hermanos, pareja o amigos a veces son inevitables: no todos comparten los mismos gustos, ideas o creencias respecto a un mismo tema, pero usar falacias para vencer es lo último que debes usar a tu favor. Éstas son las más comunes y que seguro ya te has encontrado en el camino:

Argumento desde el silencio

Es la suposición de que el silencio o la ausencia de réplica hacia tus argumentos significa tu victoria al no obtener una respuesta de tu contrincante. Podemos mencionar ejemplos como «Te pregunté si habías salido con ella y no me dijiste nada, entonces supongo que me estás engañando» o «Quien calla otorga» para ilustrar este tipo de falacia. Detrás del silencio no siempre se esconde dar la razón a tus suposiciones.

Argumento de la apelación a tradiciones

¿Sólo porque algo se ha hecho de una sola manera, aunque esté mal, es válido seguirlo replicando? Justificar tus actos con base en las tradiciones de una familia o de una sociedad es uno de los argumentos menos inteligentes a los que puedes recurrir. «En mi familia siempre se ha hecho de esta manera». «¿Qué quieres que haga? Me educaron así».

Argumento especulativo

Hasta que algo no se compruebe no se puede afirmar que es cierto o falso. Hacer conclusiones con base en especulaciones es una de las peores maneras de presentar argumentos en contra de la otra persona. «Escuché rumores de que me habrías engañado con mi mejor amigo. ¿Acaso estás buscando que lo nuestro acabe en estos momentos?».

Argumento de la generalización

Generalizar o asumir que todo es igual a una mínima parte es un error común que da pie a perder discusiones. Nunca tomes como referencia un ejemplo mínimo, pues esto es es una falacia que te puede jugar en contra: «Todos los hombres engañan a sus mujeres alguna vez en la vida. Mi hermano y mi cuñado lo hicieron con sus parejas y seguro tú actuarás igual».

Argumento de autoridad

Tomar prestadas las palabras de una autoridad o de un personaje famoso para usarlas a tu favor no es una buena manera de resolver una pelea. Antes de tomar como verdaderos ciertos hechos debes contrastarlos con la realidad y con tus propias ideas al respecto.

Argumento de las “coincidencias”

¿Te ha pasado que a fuerza de unir cabos sueltos, que no tienen conexión alguna, terminas creyendo que algo es verdad? Hay personas muy dadas a asociar elementos que revelan una “verdad” donde no la hay. «Me niego a viajar aunque me lo pidas. En esta misma fecha, el año pasado tuve un accidente en mi carro; estoy seguro que si hoy me subo a él, me pasará algo muy malo».

Argumento de la ignorancia o alegato especial

Al recurrir a este tipo de argumento a favor tuyo le estás poniendo la etiqueta de tonto a tu rival en turno. Es un argumento que apela a la experiencia previa como método inadecuado para demostrar una verdad: «Tú no sabes nada de historia de México. Yo he estado sobre las pirámides, he caminado en medio de ellas y esa es la mejor manera de saber lo que vivieron esos pueblos al ser conquistados».

Argumento de la apelación a la multitud

A pesar de que cientos, miles o millones de personas crean que algo es cierto, es probable que estén equivocadas. Es poco fiable valerte del criterio multitudinario y ajeno para exponer algo como cierto y ganar una discusión. ¿Durante cuánto tiempo se creyó en todo el mundo que la Tierra era plana hasta que se demostró lo contrario?

Argumento ad hominem

No se puede juzgar a una persona (ni ganar una pelea) por su apariencia física, grado de estudios, condición social o cualquier otro elemento ajeno al tema principal de discusión. Es una manera de demostrar que te has quedado sin argumentos a favor y que tienes que recurrir a cosas sin sentido para intentar tener la razón. «¿Pero tú qué vas a saber si eres un muerto de hambre?» o «¿Acaso crees que te voy a creer a ti, que no tienes estudios?». Éstos son algunos ejemplos de la pobreza de criterio que algunos usan para intentar dar por zanjada una pelea.

Argumento del consecuente

«Siempre que salgo contigo, algo malo me pasa». ¿Realmente tiene veracidad y lógica que plantees esta clase de argumentos basados en interpretaciones, subjetividades y coincidencias? A esto se le llama hacer asociaciones basadas en consecuencias, un tipo de verdad que al ser usadas en una discusión no te asegura el triunfo. Procura siempre apelar a un hecho comprobable, pues esa será tu mejor defensa y/o ataque.

Tal como decíamos, las discusiones con tus personas allegadas a veces no se pueden evitar, pues de manera constante estamos sometidos a juicios y comparaciones de criterios que se transforman en peleas. A toda costa debes evitar que estas discusiones con tu pareja se conviertan en episodios de violencia, pues pueden dañar tu relación de manera permanente. Aprende a no llegar a estos extremos, discutiendo mediante la razón con ciertas reglas que evitarán un daño mayor a los demás y, sobre todo, a ti.

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