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Los vestidos de novia más célebres y lujosos de las bodas reales






16 mayo, 2018

El Comercio

A días de la boda real de Meghan Markle y el príncipe Harry, hacemos un repaso por los vestidos de novia más lujosos de los eventos reales.

Su boda, en 1840, marcó un antes y un después por varias razones. En primer lugar, por “popularizar” el blanco como opción para el vestido. No fue la primera novia en hacerlo pero, en su caso, se esperaba que recurriera a otros tonos, incluyendo metalizados. Por la cantidad de veces en que fue retratada con el vestido y por la popularidad que tuvo su enlace es que en cierto modo se convirtió en tendencia.

Varios interpretan que el blanco no se debió a la idea de proyectar un aspecto etéreo o virginal, sino que fue consecuencia del intento de la reina de apoyar a la industria textil local, que había sido afectada por los avances en maquinaria. Apoyando lo artesanal, la reina eligió una pieza de encaje de Honiton con un motivo que evocaba un diseño antiguo. Tener blanco como fondo era una excelente opción para destacar este minucioso trabajo y, por este motivo, William Dyce diseñó el vestido blanco con cola y velo de encaje.

Las clases altas se vieron inspiradas por su estética y también fue una manera de diferenciarse, porque era difícil y costoso obtener un blanco de este tipo en los tejidos.

Más allá de casarse ya siendo reina, otra de sus elecciones causó revuelo y críticas en su momento: no usó ninguna tiara y se inclinó por una corona de flores de naranjo, símbolo de pureza, y mirto, símbolo del amor y la felicidad. Esto también permitió que el broche con un zafiro azul se convirtiera en el accesorio más llamativo y era un obsequio del príncipe Alberto.

Una novia romántica con todas las letras, más aún en una época en que este tipo de enlaces no eran un broche de oro para una historia de amor.

-Elizabeth II, inspirada en “La Primavera”-

Se casó como princesa, a los 21 años, a fines de 1947. En su caso, la boda se dio poco tiempo después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y varias personas enviaron cupones a la futura reina para que pudiera tener el vestido de sus sueños (aunque estos cupones fueron devueltos).

El vestido fue diseñado por Norman Hartnell, inspirado en “La Primavera”, de Sandro Botticelli, y en cierto sentido buscaba representar un renacimiento. Esta vez no fue blanco, sino en tono marfil, con hilos de plata, cristales, bordados con motivos florales y 10,000 perlas blancas.

La cola del vestido medía cuatro metros y medio de largo y el velo que lució tenía una tiara que pertenecía a su madre, que se rompió y debió ser reparada minutos antes de la ceremonia.

El ramo que acompañó su atuendo estaba compuesto por “orquídeas blancas y una ramita de mirto que había crecido del arbusto que plantó la reina Victoria con su propio bouquet después de casarse”.

-Grace Kelly, un regalo de Hollywood-

Su vestido fue diseñado por Helen Rose -ganadora de dos premios Oscar a Mejor Vestuario- para la boda que ocurrió en abril de 1956. De hecho, fue un obsequio de la Metro-Goldwyn-Mayer a la actriz. La falda abullonada era de tafetán y seda y, para el resto del vestido, se necesitaron varios metros de tul. El cuerpo del vestido era de encaje de Bruselas, cosido con perlas, se complementaba con un fajín de seda que destacaba su cintura.

Evitó la tiara y se inclinó por un velo tipo Julieta adornado con perlas, brillantes y una corona de flores de cera. Su elección del ramo también fue distinta a los grandes bouquets tradicionales; en este caso se trataba de un libro de oraciones adornado con perlas, acompañado de un pequeño ramo de lirios.

Su vestido fue mencionado más recientemente al compararlo con el que lució la Duquesa de Cambridge, Kate Middleton, al casarse con el príncipe William en 2011.

-Carolina de Mónaco, ¿como la Princesa Leia?-

En 1978, la princesa se casó con Philippe Junot luciendo una creación de Marc Bohan para Christian Dior.

Es un diseño simple, especialmente considerando que se trata de una boda real, con transparencias, superposición, mangas amplias, cuello redondo, apliques y flores en el cuerpo y la falda. El vestido no tenía cola y la simplicidad también se vio en las joyas. Lo que resultó llamativo y llevó a compararla con la Princesa Leia, de Star Wars, fue el tocado de flores blancas laterales.

-Lady Di, uno de los más míticos-

En su boda en julio de 1981, la Princesa de Gales llevó uno de los vestidos de novia más comentados hasta el día de hoy.

Diseñado por David y Elizabeth Emanuel, se convirtió en una referencia de lo que sería la década de los 80 y fue de los más imitados por la masividad de esta boda (750 millones de personas la vieron en todo el mundo) y el carisma de Diana.

El volumen es su factor distintivo y esto se observa en la gran falda, en las mangas abullonadas y en los volados a lo largo del escote, que incluye también moño y deja en segundo plano todo el trabajo de bordado en el torso. La cola desmontable, de casi 8 metros de largo, fue otro elemento del “exceso” de este atuendo que tuvo su toque más moderno en cómo Diana lucía su cabello corto.

Varias características tienen similitud con el vestido de novia de la reina Elizabeth II: es de tono marfil, tiene encaje antiguo y más de diez mil perlas.

El ramo fue confeccionado por la misma florista que hizo el de la monarca y en este caso, a las orquídeas blancas, se sumaron rosas, gardenias, fresias y lirios, cayendo en forma de cascada.

Diana lució una tiara de su familia.

-Reina Rania, un vestido casi ochentoso-

En este diseño de Bruce Oldfield para el casamiento en 1993 todavía se observa la influencia de la década anterior, lo dramático y exagerado a través del tipo de género.

También los bordados en hilo de oro y todos los detalles del atuendo como el cinturón, las solapas, las mangas cortas y los guantes.

-Estefanía de Mónaco, con falda corta-

Fiel a su estilo rebelde, Estefanía eligió un vestido corto de encaje con mangas largas y escote corazón, para su boda en 1995.

Los vestidos con falda corta fueron tendencia para las novias de estilo llamativo en esta década.

-Máxima de Holanda, con una tiara histórica como protagonista-

Su boda en 2002 la mostró como una novia chic con un diseño en tono marfil a cargo de Valentino.

El brillo de la textura fue protagonista y permitió destacar su rostro mediante el cuello cerrado.

Las mangas largas ajustadas y el único detalle de apliques de encaje en ambos lados de la falda fueron parte de esta estética femenina y sumamente refinada de este vestido que llevaba una cola de 5 metros.
La tiara fue el accesorio protagonista, encargado de sujetar el velo con detalles florales, fue la misma que había lucido la Reina Beatriz en su boda con el Príncipe Claus.

El cabello recogido fue un acierto por lo cerrado del vestido y para que se luciera la tiara.

-Letizia de España, con una diadema prusiana-

Dos años después de Máxima, Letizia daba el sí con un diseño del español Manuel Pertegaz.

Aquí se destacaba el bordado en hilo de plata y oro en el escote en pico con cuello corola, en la espalda, en la terminación de las mangas y en el bajo de la falda.

En la cola, de 4,5 metros desde la cadera, se podía observar el tul bordado con motivos heráldicos.

Al igual que Máxima, Letizia lució la diadema que había usado la entonces Reina Sofía en su casamiento con Juan Carlos en 1962, la célebre diadema prusiana.

-Princesa Charlene de Mónaco, en un Armani minimalista-

Su boda con el Príncipe Alberto II de Mónaco tuvo lugar en 2011 y optó por un diseño chic y minimalista de Giorgio Armani, evitando lo más tradicional en estas bodas que son las faldas importantes o la gran cantidad de encaje.

Un claro ejemplo de “menos es más”, con este diseño blanco roto, con hombros descubiertos y flores de piedras bordadas a mano, cristales y madreperlas en la gama de blanco y dorado, desde el centro en la zona superior hacia abajo, extendiéndose a nivel horizontal.

La princesa optó por evitar los complementos y joyas, limitándose a adornos plateados en el recogido del cabello.

Más allá de esta “simplicidad”, se estima que se usaron 40.000 cristales Swarosvski y 20.000 piedras.

Los hombros descubiertos ya eran tendencia para este entonces. Sin ir más lejos, el año anterior, la princesa Victoria se había casado con Daniel Westling luciendo un diseño de Pär Engsheden con esta característica, aunque más imponente por su falda, por el ramo que lo acompañó y principalmente por haberlo usado con la imponente tiara de camafeos con la que se había casado su madre, la reina Silvia, en 1976.

-Kate Middleton, con un icónico Alexander McQueen-

En su boda de 2011 optó por un vestido en gazar satinado, encaje y organza con reminiscencias al de Grace Kelly, diseñado por Sarah Burton para Alexander McQueen.

En la zona superior presenta un escote corazón y está cubierto por encaje de manga larga formando un escote en V. Destaca su cintura también por la falda amplia, con volumen en la cadera, donde también lleva apliques de encaje y flores de seda, con una forma similar a la de una flor en plena apertura. La enagua es de tul de seda con adornos de encaje y el vestido cuenta con una cola de casi tres metros de largo.

Los complementos que se destacan son los aros, obsequio de sus padres, con forma alusiva al escudo de armas de la familia Middleton, y la tiara Cartier de la reina Elizabeth II, que la misma recibiera al cumplir 18 años por parte de su madre.

En el ramo se incluyó mirto, siguiendo con la tradición instaurada por la reina Victoria, así como lirios, jacinto y hiedra.

Kate eligió no recoger totalmente el cabello, manteniéndose fiel a su estilo y peinada de modo tal que no opacara los detalles del encaje ni sus joyas.

Este es uno de los vestidos icónicos dentro de las bodas reales más recientes, influyendo en la elección de vestimenta de varias novias. Además, H&M lo recreó en una versión low cost que denominan “vestido de encaje”.

-Stéphanie de Lannoy, de Luxemburgo, en tono marfil-

Un año después, tuvo lugar la boda real en Luxemburgo, donde Stéphanie de Lannoy optó por un diseño de Elie Saab muy elaborado.
Era de tono marfil bordado con hilo de plata, mangas tres cuartos de encaje y el velo marfil bordado con hilo de oro.

-Princesa Sofía de Suecia, con una corona de diamantes-

El encaje en mangas se mantiene vigente y lo pudimos ver en el diseño de Ida Sjöstedt con el que se casó la princesa Sofía de Suecia en 2015.
En esta ocasión, el vestido contaba con distintos matices de blanco y lo complementó con detalles de color en el ramo y en la corona de diamantes y esmeraldas.

-Alessandra de Osma, bien romántica-

En noviembre del año pasado, tuvo lugar la boda de Alessandra de Osma y el príncipe Christian de Hannover, donde lo romántico y el encaje dijeron presente a través de la creación del español Jorge Vázquez.

El diseño presenta una cola importante en gazar de seda doble italiana, con cobertura de encaje chantilly rebordado en hilo de seda con motivos florales en escote, falda y cola.

Se complementa a la perfección con la imponente diadema de la Casa Real de Hannover que han usado, entre otras, Carolina de Mónaco en 2004.

SACA PUNTAS

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SUMA

El Programa Rabia dependiente del Servicio Departamental de Salud, informó que desde el año 2004, en Tarija no registraron ningún caso positivo o sospechoso de rabia humana, pese a que mensualmente.

RESTA

Los conflictos internos al interior de la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, especialmente por el manejo de la FUL que tiene recursos del IDH.