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Los recuerdos que perduran con la muerte del dictador






30 abril, 2018

Se estima que durante la dictadura de García Meza murieron 150 personas

Jesús Vargas Villena/Bolinfo/Tarija

(elPeriódico-abril 30/2018) “Fue el ruido muy fuerte, nos asomamos a la ventana, pensamos que nos iban a detener, no que nos iban a matar”, contó incrédula al equipo de Verdad con Tinta, Gloria Ardaya Salinas, por todo lo que vería ese día y por lo que se vino en los meses siguientes.
Gloria Ardaya Salinas, fue la única sobreviviente de la masacre de la calle Harrington en la ciudad de La Paz.
El presidente de ese entonces era Luis García Meza Tejada, quien en un golpe de Estado había asumido la dirección de la Junta Militar en julio de 1980, y mantuvo un Gobierno del “horror” hasta agosto de 1981, como lo recuerdan.
Luis García Meza Tejada, falleció este fin de semana en la ciudad de La Paz, en el hospital militar de Cossmil, a los 89 años.
Murió Meza, pero el recuerdo de ese fatídico inicio de la década de los 80 para los bolivianos, perdura en la memoria colectiva. Una lección que nos muestra que las denominadas “revoluciones” que golpean la democracia, solo mueven intereses políticos a nombre del pueblo.
Uno de los momentos de quiebre de la dictadura, fue precisamente la masacre de la calle Harrington en la ciudad de La Paz, cuando estaba prevista una reunión de la cúpula del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), para analizar las nuevas medidas económicas del Gobierno, la misma debía efectuarse en la clandestinidad, pues el entonces ministro de Interior, Luis Arce Gómez, había advertido a los opositores que caminen “con el testamento bajo el brazo”.

Era un 15 de enero de 1981, cuando un grupo de dirigentes del MIR, que se habían reunido desde las 14.00, fue sorprendido en esa casa ubicada en el barrio Sopocachi por los militares a eso de las 18.00.
Los gobiernos militares que habían gobernado el país por más de 10 años, con dos breves paréntesis de Walter Guevara Arce (1912-1996+) y Lidia Gueiler Tejada (1921-2011+), habían malgastado los recursos económicos del país, sin realizar ningún tipo de políticas públicas para fomentar la producción.
“Era insostenible la crisis económica que se vivía”, recordó Ardaya.
La casa donde se reunieron, les había prestado un amigo extranjero, quien les dio las llaves porque estaba de viaje.
Era según el relato, una casa pequeña, con departamentos estrechos, pero con diferentes niveles.
No todos llegaron a la hora pactada, pero era una costumbre por la forma de vida que tenían.
10 personas se reunieron en aquella oportunidad, ninguna de ellas sabía que los paramilitares vigilaban por la zona.
“A las tres comenzamos la reunión y terminó cerca de las seis”, contó.
Los dirigentes que salieron antes, como el campesino Gregorio Andrade, fueron interceptados por los paramilitares, quienes los torturaron hasta que revelaran el sitio exacto de la reunión.
“Un compañero que pidió salir del país, era Jorge Navarro y llevó a su sucesor para presentarlo, quien debía ocupar su lugar en parte del frente”, recordó a Verdad con Tinta con precisión los puntos tratados en aquella última reunión.

Explicó que a diferencia de otros países, los dirigentes bolivianos si debían irse al exilio dejaban alguien que los reemplace en sus cargos.
Participaban de aquella reunión: Luis Suárez Guzmán, Arcil Menacho Loayza, José Reyes Carvajal, Ramiro Velasco Arce, Artemio Camargo Crespo, Ricardo Navarro Mogro, Jorge Baldivieso Menacho, Gonzalo Barrón Rendón y Gloria Ardaya Salinas.
Gloria fue la única sobreviviente. Cuando se encontraban a punto de terminar la reunión, escucharon el ruido de dos jeeps; de ellos bajaron militares armados que luego ingresaron a la casa.
En ese entonces, era normal que los jóvenes sean tratados de subversivos y trasladados a las celdas militares o policiales, pero después de un tiempo, volvían a ser liberados, aunque, el régimen de Luis García Meza, no tenía ningún tipo de contemplaciones.
Los militares ingresaron de golpe, unos de civil, otros uniformados, la mayoría con capuchas.
Dispararon a todo lo que se movía en el pequeño departamento de la calle Harrington.
Seis compañeros murieron al instante, los otros fueron rematados minutos más tarde; ninguno de los jóvenes estaba armado.
Gloria se escondió debajo de una cama y permaneció en silencio en esos fatídicos cinco minutos en los que escuchaba los disparos a sus compañeros.
Se aguantó las ganas de gritar y solo atinó a lagrimear. Permaneció en shock hasta las 21.00, cuando un segundo grupo militar la encontró. La apresaron y la torturaron.
Soledad Soruco Verdún, es otra de las personas que guarda en sus recuerdos aquellos duros años 80. Su padre, Nilo Soruco Arancibia (1927-2004+), recién había retornado del exilio y se encontraba nuevamente con un gobierno militar.
Soruco, fue un conocido cantautor dirigente sindical y especialmente, identificado por ser seguidor del Partido Comunista (PC).
“Yo creía que lo matarían en cualquier momento a mi padre”, recuerda Soledad, cuando ella era apenas una adolescente.
En ese tiempo, ella salía con su mochila rumbo al colegio y veía frente a la puerta a los militares armados apuntando hacia su casa, ubicada sobre la calle Ballivían de la ciudad de Tarija.
Al padre y a toda la familia la tenían vigilada, haciéndole asustar, al apuntar a cada integrante con sus armas.
Estos son solo parte de los cientos de recuerdos que quedan de aquella época, como una prueba fehaciente de que no puede repetirse más. (eP).
elApunte
Las víctimas de la dictadura
Primero fue el atentado al semanario Aquí en La Paz, luego el asesinato del sacerdote jesuita Luis Espinal (1932-1980+), el atentado contra el avión en el que iban dirigentes de la Unidad Democrática Popular (UDP), después el ataque a la casa de Hernán Siles Zuazo (1913-1996+), así fueron los eventos previos a la toma de Gobierno por la dictadura militar que encabezaría, Luis García Meza.
El hecho que despertó los peores temores de los ciudadanos fue el asesinato de Espinal, brutalmente torturado y muerto por el impacto de más de diez balas.
Si había gente que era capaz de asesinar de esa forma a un sacerdote, solamente podía esperarse lo peor. Eso ocurrió el 22 de marzo de 1980.
Otra de las víctimas fue Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien fuese asesinado en un asalto a la sede de la Central Obrera Boliviana (COB), el 17 de julio de 1980