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Adiós a un hombre bueno





24 abril, 2018

Por Ramón Grimalt

Ha llegado el momento de que nos digamos hasta pronto. Sabes muy bien que el nuestro no es un adiós por siempre, sino un adiós por un instante. Dios, el seleccionador más exigente del mundo, siempre quiere a los mejores para su equipo y te llamó a la convocatoria. Por supuesto, tú no podías fallar. Y allí estás ahora mismo, mientras los tuyos, propios y ajenos, lloramos tu partida, preparando la alineación de un partido que para nosotros, los que nos quedamos, será eterno. Pero fíjate que estarás al lado de Di Stefano, Puskas, Cruyff, Kubala, César y Manchón, formando un rondo en que está prohibido que el balón toque el suelo. Ahí, papá, les darás una lección a todos ellos. Te veo como cada domingo, a primera hora, despertando a San Pedro para que haga de árbitro y un par de ángeles se vistan de jueces de línea. Tú llevarás el balón, para variar, y lo cogerás en tu propia línea de defensa, levantarás la cabeza, analizarás en una fracción de segundo la mejor opción de pase y, tras un quiebre de cintura a un oponente, pondrás un centro milimétrico que aprovechará Kopa. ¡Ríanse ustedes de la Liga de Campeones! Allá, en el Gran Estadio del Cielo, brillará con luz propia, la rutilante estrella recién contratada por el club celestial: Pedro Grimalt Pallicer, mi padre, mi mentor, mi faro, mi guía, mi todo, a quien llevaré por siempre en mi corazón y ya siento en mi alma siempre atribulada, atropellada por las circunstancias, herida por la pérdida, pero aliviada por la gloria eterna de un hombre bueno, simplemente un hombre bueno.
El mundo está repleto de buena gente; esta tierra destaca por su buena gente; pero papá, era un hombre bueno, que no es lo mismo. Él, no hablaba demasiado. Decía, cuando tenía la oportunidad, que quien mucho habla, mucho yerra. Sabias palabras, por cierto. Pero cuando decía, todos callábamos y escuchábamos. “Ha hablado papá”, silencio en el foro. Y a veces, la verdad, no lo entendíamos, pero al poco rato Pedro, mi hermano, me decía: “Tiene razón. Ese es el camino a seguir”. Sí, papá trazó nuestra hoja de ruta en todo momento, siempre estaba ahí, en silencio, mirándonos, siguiendo nuestros pasos, evitando que cayéramos al abismo de la duda, mostrando que siempre hay una meta que alcanzar y que sólo se consigue si establecemos una línea recta. Por eso era un hombre bueno, sin dobleces ni artificios, menos estridencias, siempre sereno y prudente, certero cuando tocaba, pero jamás hiriente o avieso. Era noble y honrado porque conocía el sabor amargo de la maldad. Fue uno de los hijos de la posguerra, la censura y el oscurantismo, las privaciones, la radio a media tarde y la televisión en blanco y negro, los domingos de fútbol en el Estadio de la Avenida de Sarrià, territorio del Real Club Deportivo Espanyol.
A papá le tocó una época dominada por los malvados y él respondió siendo bueno, como esos vaqueros de sombrero blanco que a mediodía se enfrentaban a los villanos de sombrero negro, en un duelo desigual, mientras mamá, aguardaba en el porche esperando el desenlace. Los mismos héroes que papá emulaba cuando jugaba conmigo a armar el fuerte Laramie donde el Séptimo de Caballería resistía el incesante asedio de los pieles rojas, o los piratas pretendían abordar el galeón del Capitán Trueno, o un puñado de paracaidistas estadounidenses resistían el cerco de los tanques alemanes en las Ardenas. Aquellas batallas se hacían interminables en nuestra casa de Barcelona hasta que llegaba la hora de cenar. Y él, siempre dispuesto, preparaba bocadillos canturreando una melodía que le recordaba a aquellos días en que salía de novio con la ejemplar mujer que hoy es mi madre. Sonaba Frankie Avalon y alguna vez los Beatles, pocas el Dúo Dinámico y quién sabe si Marisol. Ya cansado, después de deslomarse en la oficina, siempre tenía una sonrisa dibujada en los labios y si sufría, este hombre bueno, lo hacía en silencio, para no molestar. Por Dios, él detestaba molestar. Era discreto hasta la extenuación, hacía siempre gala del “saber estar”, una condición sine quanon para una caballero y hacía de la prudencia una virtud que creo que hemos heredado, y si no, todavía tenemos un largo trecho para heredar. Porque, todo hay que decirlo, ha llegado la hora de honrar su memoria y vivir por ella, continuar un legado emprendido por mis abuelos, seguido por mi padre y continuado por nosotros, sus hijos y sus nietos. Cuando mi hijo Jordi me dice que soy un buen padre, le digo que ya quisiera ser la cuarta parte de lo que mi padre fue. No me equivoco ni por un instante. Papá fue, es y será por siempre insuperable.
Y ahora permítanme dedicarle unas palabras en nuestro idioma, el catalán.
Pare meu, llum de la meva vida, bona sort en aquest camí a Itaca. No miris enrera, sino sempre endavant, que la barca no dü, vela, ni orsa, ni timó, només la teva guia sempre certera i precissa. Bon viatge, gran mariner! Per sempre a els nostres cors. Bona sort! Arreveure, papá.
Tarija, 23 de abril de 2018

SACA PUNTAS

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SUMA

La oficina del Defensor del Pueblo, la Armada Boliviana y otras instituciones de Bermejo se sumaron este fin de semana a la campaña nacional contra la trata y tráfico de personas.

RESTA

Es lamentable que el olvido y la dejadez hayan llegado al bosquecillo de Juan XXIII, al ser un espacio pintoresco en otros tiempos que  luce hoy desdibujado en relación a la imagen que tenemos grabada en la retina.