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Dolor fantasma: por qué terminar con el amor de tu vida nunca te dejará de doler






23 abril, 2018

Cultura Colectiva

Yo extraño

Tú extrañas

Él/ella/usted extraña

Nosotros extrañamos

Ellos/ellas/ustedes extrañan

 

No sólo es la conjugación de un verbo, sino 5 oraciones que recuerdan una inexorable verdad: todos extrañamos a alguien y si ese alguien fue el amor de tu vida, estás completamente jodido.

No es por asustarte, no es nada que no sepas: si rompiste con alguien que amaste más que a nadie en el mundo, con quien reías por horas hasta que el estómago te dolía, con quien al ver tus ojos en los suyos entendías que no había nada más que buscar, con quien una tarde lluviosa se convertía en una oportunidad de dormir abrazados. Con quien podías discutir por cosas estúpidas y reír 5 minutos después, con quien no necesitabas preguntar nada porque la respuesta la sabías. Separarte de esa persona va a costarte y mucho. No sólo eso, tu mente te engañará continuamente con su recuerdo y por ello su ausencia te dolerá continuamente.

Vas a recordarlo, sentirás que aún está contigo, olerás su perfume, imaginarás que te abraza, por momentos no recordarás que han terminado y querrás mandarle un mensaje, soñarás continuamente con él, confundirás a las personas en la calle y verás su rostro; será un dolor fantasma.

En materia médica, este dolor se refiere a la capacidad de tener sensaciones en una parte del cuerpo que fue amputada. Quienes son impedidos de alguna extremidad —piernas, brazos o pies— son capaces de sentir entumecimiento, pinchazos, hormigueo, comezón, calor o frío. Aunque no es la regla, la mayoría de las sensaciones son dolorosas o, cuanto menos, desagradables.

Aún no es completamente unánime la respuesta científica a este efecto. Sin embargo, la hipótesis más aceptada es que se debe a una readaptación del cerebro; debido a que éste tiene un área para cada parte del cuerpo, cuando falta, él mismo crea una sensación parecida a la que antes sentía. Es decir, nuestro cerebro es el último en enterarse que el miembro en cuestión ya no está y por eso crea sensaciones “coherentes” a las que sentía cuando la extremidad existía.

Es por eso que este fenómeno es común, el 80% de las personas amputadas lo desarrolla. Sin embargo, con el paso del tiempo este tipo de sensaciones va desapareciendo. No de un día para otro, claro, sino gradualmente; muchos pacientes necesitan terapia psicológica y física.

Cuando terminamos una relación con alguien que amamos mucho, sucede algo similar: nos sentimos amputados, rotos, incompletos. Esta no es una metáfora, la ciencia asegura que el cerebro manda señales continuas al cuerpo —en forma de olores, reacciones corporales, sensaciones físicas— que hacen recordar a la persona que una vez representó toda la felicidad en nuestra vida.

«Desde el punto de vista neurológico, quedarse solo durante un tiempo no ayuda a superar el fin de una relación […] Cuanto mayor sea la información que se grabó hacia ese afecto, en cantidad o calidad, más grabado va a estar en la amígdala y más reacciones va a seguir enviando. Estos recuerdos pueden aparecer como imágenes pero también como olores, sensaciones auditivas y como procesos de pensamiento», dijo Ignacio Brusco, director del Centro de Neurología de la Conducta y Neuropsiquiatría de la UBA, para el diario el Clarín.

Así como extirparnos una extremidad, así nuestro cerebro debe acostumbrarse a la ausencia emocional. Debe aprender que esa persona ya no está, que no volverá a estar y a hacer algo al respecto. Eso tarda y lleva un proceso de “rehabilitación” que —al igual que sucede con el cuerpo— no se hace de manera abrupta o violenta, sino con paciencia y cuidado.

Poco a poco nuestra mente se irá llenando de nuevos impulsos que nos harán superar la pérdida. Nuestro cerebro irá comprendiendo lo que ha sucedido y al final, como en la falta de pierna y brazos, el dolor cederá y sólo quedará el recuerdo.

Vivir extrañando es un hábito al que nos acostumbramos cuando preferimos sufrir con el recuerdo que el dolor de olvidar a alguien que marcó nuestra vida. Sin embargo, es importante recordar que si “el amor de tu vida” es tal, tarde o temprano volverán a estar juntos. Si eso no ocurre, significa que no lo es. Además —aunque no lo veas ahora— este sufrimiento pasará; a diferencia de nuestros brazos y piernas, el amor sí vuelve a crecer.

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