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Hombre no encuentra consuelo porque asesinó a su esposa por celos






16 abril, 2018

El padre relató del conmovedor encuentro que tuvo con su hija e indicó que si podría volver al pasado, lo único que cambiaría sería aquel momento en que se perdió

SAÚL CARDOZO/ BOLINFO/ TARIJA
(elPeriódico- abril 16/ 2018) El asesino debe cumplir la pena de 30 años de cárcel, pero su hija le perdonó. “Tuve un sueño en el que mi madre me dijo que ella estaba en paz y en un buen lugar”, dijo Carla C, quien asiste al penal de Morros Blancos a visitar a su papá.
Carla, con llanto en los ojos, comenzó a relatar lo que vivió.
“Mamá, despiértate, no nos dejes solos”, gritó, desesperadamente al ver cómo su padre asesinaba a su madre, aparentemente por celos.
En ese entonces, ella tenía solo 10 años y su hermano menor 8.
Cuando han pasado más de 15 años de aquella tragedia, dijo haber perdonado a su padre y que solo quiere vivir su vida y seguir cuidando de su hermano.
El hombre fue condenado a 30 años de prisión y desde entonces, no halla consuelo.
Contó que el hecho sucedió a fines del año 1999, cuando su madre tenía 29 años y su padre 34, fue entonces, que en una noche salieron ambos a una fiesta y se quedó ella al cargo de su hermano como de su casa.
En esa oportunidad, vivían por el cruce a la comunidad de San Andrés. Cuando sus padres retornaron ese trágico día a las 3.00 de la madrugada, ella escuchó gritos desde lejos, por lo que decidió esconderse y sacar a su hermano, quien estaba durmiendo para ir al patio.
“Entraron a la casa, me escondí en el patio de atrás de un tanque de agua vacío, llevé a mi hermano y de repente vi, que mi madre se escapaba gritando ¡auxilio, auxilio!, me levanté y corrí a ver que sucedía, cuando la vi tirada en el suelo”.
Se encontró con su padre llorando a un costado. “No sabía qué hacer y lo único que hice fue abrazar a mi mamá y estar con ella”, contó llorando Carla, quien luego abrió la puerta a las personas que escucharon gritar a su mamá.
Relató, que su padre se quedó sin palabras, no se movía y había gente tocando su puerta a lo que fue a ver quién era, entonces, entraron los vecinos de la zona, quienes llamaron a la Policía
La ambulancia trasladó a la mujer, pero llegó ya sin vida al hospital.
“Cuando estaba abrazada de mi mamá, ella muriéndose, me decía que cuide a mi hermano y que sea una persona de bien, por eso, creo que estudié mucho y ahora trabajo para salir adelante y hacer estudiar a mi hermano que aún continua en la universidad”, añadió.
Recuerda que sufrió bastante, lloraba todo el día, no podía creer lo que había pasado y cómo de repente, los sueños que tenía como familia se le fueron en un instante.
“Cuando era niña soñaba estar siempre con mis padres, éramos una familia feliz, fui creciendo, me hice preguntas de cómo pasó todo”.
Luego le contaron que en esa vez, su padre estaba borracho y su madre también. “A veces el alcohol destruye familias y eso hizo con la mía”.
Tras esta experiencia, la joven no toma ni una gota de alcohol, ni deja que su hermano lo haga.

“Ahora entiendo todo y lo asimilo, por eso decidí perdonar a mi papá, y creo que él siempre será mi padre, le hice saber hace siete años atrás, cuando le visité por primera vez en la cárcel y sé, que él nos quiere mucho a mí como a mi hermano”, mencionó.
Indicó, que la primera vez que fue a visitar a su padre, ella tenía 17 años, estaba en la promoción de su colegio, sintió la necesidad de ir a verlo, además que ya le había perdonado todo lo que les hizo.
“Cuando fui a verlo, me daba mucho miedo de cómo podía reaccionar; sin embargo, me vio, se arrodilló, comenzó a llorar y me pidió que le perdonara, me dijo que nunca pensó que haría eso, él quería mucho a mi mamá y a nosotros, comencé a llorar con él, le respondí que lo perdonaba”.
Contó que su vida no fue fácil, pero hubo personas que le hicieron pasar momentos felices, porque vivió junto a su hermano en una aldea, donde le enseñaron a valorar la vida y a salir adelante.
“Siempre luché para ganar y lograr cosas, eso me enseñaron personas lindas, en Tarija y luego en Cochabamba, actualmente trabajo en Santa Cruz, vengo cuatro veces al año a ver a mi padre, porque mi hermano vive conmigo”.
Ella trabaja en una empresa constructora y vive “muy bien”, según relató.
El padre, quien cumple su pena en el centro penitenciario de Morros Blancos, mostró su arrepentimiento por lo ocurrido.
Él es un hombre alto, de cabello blanco, cansado por el tiempo, pero muy amable.
“Tengo una espina muy grande en el corazón; sin embargo, al saber que mis hijos están bien y me quieren mucho, me hace pelear por salir adelante, ahora sólo faltan unos años para salir, por lo que deseo estar con ellos, ya me lo pidieron”, dijo con lágrimas. (eP).

EL APUNTE
La vida en la cárcel…

Mencionó que en el penal de Morros Blancos, él realiza objetos de madera para venderlos en las diferentes ferias que realizan.
“Nunca más levanté la mano; aquí me dicen el cura, porque les doy consejos y hago rezar a las personas que quiere orar conmigo”, contó el hombre.
Refirió que lo que pasó en ese entonces, ya no quiere recordar ni saber más, porque fue lo peor que hizo en esta vida.
“Lo que viví y vivo en la cárcel, no es nada al castigo que merezco por haber hecho eso, pero sé que ella me apoya ahora, lloré todas las noches por varios años, yo amaba a mi esposa”, dijo con la voz entrecortada.

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