JUE
ABR
19

Con Tariquía, no





12 abril, 2018

Por María Silvia Trigo

Hubo una época en la que nos habitó el optimismo. Cuando llegó la industria de los hidrocarburos a Tarija, llegaron los sueños: era un montón de dinero el que recibiríamos por sus regalías y lo fue. Mucha gente vio en los campos de gas el desarrollo y creyó que gracias a ese negocio tendríamos aquellas cosas que en otros países son comunes y en Tarija no, como carreteras bien hechas, centros de salud equipados, un transporte público con buses decentes, educación de calidad, por nombrar algunas cosas simples. También de las regalías tenía que surgir otra industria para que en el futuro no tengamos que sacrificar nuestra tierra a cambio de miserias. Los hidrocarburos tenían que ser el empujón que nos lleve al futuro, incluso hubo quien se animó a hacer cálculos y establecer que en unos diez años podríamos ser como Dubái, ¿se acuerdan?.
Los hechos demuestran que nada de eso ha pasado. Entre 2006 y 2017, tras la nacionalización de los hidrocarburos, el departamento recibió 4.700 millones de dólares que nadie ha visto. Hay gente que sigue haciendo fila desde las tres de la mañana en la puerta de hospitales destartalados o buscando un bus que lo lleve a Jujuy para salvarse la vida en el otro lado de la frontera, el camino al Chaco aún no está terminado y todavía hay quienes que se van a dormir con hambre.
Que quede claro: el motivo para oponerse al proyecto de explotación petrolera en Tariquía no es porque no nos guste el desarrollo, ni porque sea un proyecto del MAS, ni por joder. Es, en parte, un tema ambiental porque es una de las reservas naturales más importantes y biodiversas que tenemos y nuestro futuro como especie -en esto coincidimos todos-, depende del aire, los bosques y el agua.
Pero el problema es, sobre todo, lo que la experiencia nos muestra: gran parte del dinero que llegó convertido en promesas ha quedado en manos de unos cuantos. Lo que está mal es la manera de gestionar esos recursos y las personas que se encargaron hacerlo.
Ayer vi un video en el que un poblador de Tariquía cuestiona al ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez: “Usted no tiene la culpa y no sé quien tiene la culpa, pero si han llegado esos miles de dólares ¿dónde está el impacto en Tarija? ¿qué ha mejorado? ¿a Tariquía ha llegado un peso?”, le pregunta y luego sigue: “Ustedes dicen que van a recibir más de 5 mil millones de dólares de regalías, ¿qué tal si con esos millones de dólares Tarija sigue en lo mismo y encima nos quedamos con la destrucción de Tariquía? ¿no será mejor para nuestros hijos que conservemos lo que tenemos ahorita?”, con esa contundencia y sencillez resumió lo que sentimos muchos tarijeños.
Con la promulgación de la ley, no solo se están cargando un área natural protegida, están entrando, supongo, en el mismo círculo de antes: vender lo que es de todos para repartirse la plata entre algunos. No sorprendo a nadie si digo que la arenga ‘pachamamista’ del presidente Evo Morales es solo discurso y que poco le importa el medioambiente, pero ojalá recuperara esa práctica tan bonita que lo llevó a donde está ahora: escuchar qué es lo que la gente quiere.
Puedo equivocarme pero creo que pensar que esta vez la historia será distinta, es pecar de ingenuo. Es vender un área natural que necesitamos todos para que algunos se hagan ricos. Es dejar que vuelvan a abusar de nuestro silencio sumiso. ¿Hasta cuándo nos vamos a dejar meter los dedos en la boca?