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El complejo que hace que las mujeres amen a los patanes






11 abril, 2018

Cultura Colectiva

Si hubiera nacido mujer seguro que hubiera sido una prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba constantemente mujeres, cuanto más guarras mejor. Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí. Básicamente deseaba prostitutas, porque eran duras, sin esperanzas, y no pedían nada personal. Nada se perdía cuando ellas se iban. Pero al mismo tiempo soñaba con una mujer buena y cariñosa, a pesar de lo que me pudiera costar. De cualquier manera estaba perdido. Un hombre fuerte pasaría de ambos tiempos. Yo no era fuerte. Así que continuaba bregando con las mujeres, con la idea de las mujeres.
Charles Bukowski

 

Las relaciones amorosas, en muchas ocasiones, terminan siendo un tormento del que no podemos escapar. Nos preguntamos cómo ocurrió todo, cómo fue que de pronto las cosas simplemente se fueron al carajo, pero, tal vez, desde el principio estábamos predestinados a fracasar. ¿La elección de esa pareja que en un momento pareció llenarnos fue la equivocada? ¿Nos convertimos en esa mujer intentando cambiar a quien consideramos perfecto? ¿Sólo somos parte del cliché de esa chica que se enamora de un patán?

“Una chica que cree que los puede cambiar… como si ese fuera el afrodisiaco esencial que las mujeres buscan”.

¿Desde cuándo nació la obsesión femenina de enamorarse de los patanes y considerar que los hombres buenos y amables son aburridos? ¿Cómo es que llegamos a creer que un verdadero idiota puede convertirse en el amor de nuestra vida aunque sepamos el daño que nos hace, lo mal que la pasamos en ciertos momentos y la locura en la que se han convertido los celos absurdos o el descuido total de la relación?

Cuando Jean Austen puso la mítica figura de Mr. Darcy como el hombre ideal, nadie se preguntó si en verdad lo era. En el baile, él le dice a Bingley que sería un horrible castigo bailar con alguna de las chicas presentes, pudo ser un indicador de que su encanto era un cliché del hombre patán; cuando él habla de Lizzie Bennet para referirse a “una chica tolerable pero no lo suficiente hermosa como para tentarlo”… no había duda y aún así, las mujeres lo aman e idolatran como si fuera posible que él sea el hombre perfecto.

Un hombre bien educado sin gran conversación, rudo, frío. Ese que critica la vulgaridad de la madre de Lizzie, lo soez de esa chica que parece gustarle y además, el que le asegura que a pesar de degradarse a un nivel más bajo, le hará el favor de casarse con ella. Algunos especulan que el personaje está basado en un amor que tuvo Jane Austen, de cualquier forma, el romance por el que tantas mujeres parecen obsesionarse no es más que el del típico personaje patán que vemos repetido en tantos libros y películas.

“Si un hombre no está contigo, no te quiere y nunca te querrá, debes moverte y buscar otra cosa. Si ese sujeto te engaña, acéptalo, te engañará por el resto de la relación y no cambiará. Si tú eres con quien ese hombre engaña, ¿qué esperas?, ¿que contigo sea diferente? No pasará”.

No sólo Mr. Darcy es aquel hombre por el que las mujeres se vuelven locas porque, consideran, han arriesgado todo por estar en su vida, perdiendo, como algún día lo aseguró el personaje de Jane Austen, su belleza, su galanura o estrato social por ellas… la referencia invita a considerar a Edward Cullen o Christian Grey como el típico hombre frío (sí, lo siento por las mujeres enamoradas de ellos), malo y misógino, que conquista a una chica que cree que los puede cambiar… como si ese fuera el afrodisiaco esencial que las mujeres buscan.

Bella Swan apenas puede creer lo afortunada que es cuando el vampiro se enamora de ella. Aunque él la hace a un lado y vive entre la miseria de hacerle daño o no ser feliz con ella, Bella lo ama como no ha amado a nadie, lista para sacrificar todo con tal de estar a su lado para hacerlo cambiar.

De pronto, no nos damos cuenta de que hemos caído en el peor de los patrones. No nos rendimos ante alguien que no está disponible, que no quiere ser nuestra pareja, a ese que debemos dejar ir porque su corazón está ocupado o simplemente no quiere estar a nuestro lado. Si un hombre no está contigo, no te quiere y nunca te querrá, debes moverte y buscar otra cosa. Si ese sujeto te engaña, acéptalo, te engañará por el resto de la relación y no cambiará. Si tú eres con quien ese hombre engaña, ¿qué esperas?, ¿que contigo sea diferente? No pasará.

Así como Lizzie hizo cambiar a Mr. Darcy hasta que él decidió estar con ella, ser la excepción (como le aseguró que fue ella quien logró un cambió en él), nosotras buscamos ser la mujer que logre que nuestra pareja cambie, que nos trate como siempre quisimos, como los cuentos de príncipes azules nos hicieron creer… pero lamentablemente, las novelas y películas románticas no son reales.

Las mujeres han gastado más de 200 años intentando encontrar a Mr. Darcy. Tal vez debido a un complejo de inseguridad. Tal vez porque nos gusta que nuestra vida no sea aburrida y queremos estar, casi a la fuerza, con esa persona que por más que intentemos no nos querrá tanto como nosotras a ella. Considera la historia de “Un tranvía llamado deseo”, en la que ella espera con fervor que de una vez por todas un hombre la rescate… ¿acaso en realidad necesitamos de un hombre para sobrevivir?

¿Quieres soportar toda la vida a un amor en el que no confiarás nunca por completo? Sigue ahí; si no, muévete y encuentra a alguien que te haga verdaderamente feliz

Se tratan de cientos de ejemplos que nos demuestran el estúpido patrón femenino de buscar al hombre rebelde que no tiene límites, al atractivo mujeriego que nos haga sentir como en sueños pero siempre con la inseguridad de que está con alguien más, al que cree que no puede atarse a una persona, a quien busca cualquier pretexto para salir huyendo, de quien somos el respaldo para cuando no tiene una fiesta, el que no está listo, quien se empeña en justificar sus acciones con regalos que no sirven para nada, al frío que nos sabe perdidamente enamoradas de él… es un problema femenino, evidentemente… porque si nosotras no tuviéramos tan arraigado ese deseo fundamental por estar con ellos, probablemente, se darían cuenta de que no está bien ser así.

Es un problema global; todas tenemos una amiga, si no es nuestro caso, que ha vivido ese romance en el que no sabe por qué está ahí, pero tiene la ferviente convicción de que su pareja cambiará. Ya lo vimos en “La insoportable levedad del ser”: no pasará, ni por el amor más profundo que en algún momento profesen. Tal vez, en cierto punto, deberíamos considerar al hombre amable que siempre hacemos a un lado.

Lo único que queda por decir es: dejemos de creer que el hombre patán, perfecto para “cambiarlo con nuestro amor” es una opción, y pongamos en duda nuestro amor propio… ¿Quieres soportar toda la vida a un amor en el que no confiarás nunca por completo? Sigue ahí, si no, muévete y encuentra a alguien que te haga verdaderamente feliz.

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