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CRECIMIENTO DESORDENADO DE LA CIUDAD





16 febrero, 2018

La historia de los asentamientos humanos tiene larga data, aún más en Tarija, la permisividad de  las autoridades ha permitido que crezcamos desordenadamente y sin las condiciones necesarias para brindar calidad de vida a quienes buscan un nuevo lugar para quedarse. Nadie puede decir que no se puede venir a esta tierra o que alguien cerró sus puertas, la hospitalidad es una característica del tarijeño y se tuvieron los brazos abiertos para recibir a familias de todo el país.

El gas fue un gran atractivo, la razón para que miles decidieran mirar hacia el sur y marchar decididamente, fue tan marcada la tendencia que no estábamos preparados ni tampoco nos preparamos con el tiempo, sello de la dejadez e improvisación con que se manejan nuestras instituciones. Lo cierto es que las nuevas “urbanizaciones” fueron apareciendo en los cuatro puntos cardinales sin que nadie regule el fenómeno ni se preocupe de manera auténtica por cómo se acomodarían quienes se asentaban en ellas, en otras palabras, cada quien debía hacerlo de la mejor manera que pudiera. Así de claro. Como era de esperar, las condiciones de vida eran muy precarias, zonas sin agua potable, saneamiento básico, electricidad y ni siquiera transporte… de alguna manera, estos nuevos pobladores sólo querían una tierra sobre la que estar parados y que sintieran suya y un techo que los cubra en las noches, eso ya les daba un cierto sentido de propiedad y soberanía sobre lo que no era suyo. Sucede que muchos de estos asentamientos estaban en terrenos privados, con dueños, que tuvieron que recurrir a todas las instancias para desalojar a los recién llegados y en algunos casos se tuvieron que resignar a perder sus tierras o a venderlas a precio regalado con tal de no quedarse con nada.

No faltaron los que para ganarse unos cuantos votos, desde el poder, llevaron algunos servicios hasta estas zonas, institucionalizando la ilegalidad, lo que abrió las puertas a mal vivientes que encontraron en esta actividad, una forma lucrativa de vivir, engañando y estafando por doquier. Aún hoy, en pleno siglo XXI, encontramos barrios sin ley, que se formaron a la de Dios, donde nada esta claro, menos el derecho propietario, donde las edificaciones fueron apareciendo sin un sólo plano y menos la aprobación del municipio, donde la inseguridad campea y la policía no gusta aparecer muy seguido. Es muy difícil poner orden y hacer que todos cumplan la ley, hasta ahora nadie lo hizo o nadie se animó a hacerlo, mientras no tengamos autoridades decididas a afrontar la realidad y una visión de cambio diferente, seguirán surgiendo vecindarios improvisados, en los que se vive mal y donde todo puede pasar.