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​14 DE FEBRERO DE 1879 Y  LA GRAN MENTIRA CHILENA DEL CARNAVAL 





14 febrero, 2018

Como los chilenos inventaron la leyenda del carnaval de 1879.

El escritor chileno Vicuña Makquena, escribió una afirmación que se transformó en una  de las leyendas más  negras de la historia del Presidente Daza en la Guerra del Pacifico, y es que, por celebrar el Carnaval se omitió informar a la población de la planificada y alevosa invasión de Chile al Puerto de Antofagasta un 14 de Febrero de 1879, la realidad es que con ello se trató de sembrar las sombras sobre Presidente Daza.

La realidad es que la Guerra había sido preparada por largo tiempo por agentes chilenos  con la complicidad de bolivianos como Aniceto Arce y sus interés mineros ligados a Concha y Toro. El 14 de Febrero fue el momento culminante de una larga acción de penetración, control de territorio, migraciones y acciones solapadas

Los gobiernos comenzando por el de Melgarejo y los que le siguieron, no prepararon al país y abandonaron la costa boliviana librada a su suerte sin fuerzas que la protegieran, el Congreso de Bolivia, boicoteó todo intento para otorgar permiso a la Republica  para  así obtener un empréstito y comprar armas al ejército, sabiendo de los preparativos belicistas de Chile, tan solo existía un 10% de bolivianos poblando las costas, el resto eran chilenos que silenciosamente ocuparon el territorio.

A partir del año de la guerra, es Chile, quien desata una campaña programática de desprestigio de Bolivia, a través del historiador de este país, Benjamín Vicuña Mackena, que inicia la mentira, la que sería repetida por los bolivianos ligados a la facción de Narciso Campero (quien golpea a Daza cuando éste se encontraba en pleno campo de batalla en Perú) y luego perpetrada por los intelectuales bolivianos posteriores a la guerra, como también los voceros de Aniceto Arce y sus promotores, ligados pragmáticamente a los intereses de la Plata, y a capitales chilenos.

La historiografía boliviana del siglo XX ha sido la encargada de quitar la máscara carnavalera fabricada por la historia chilena de la época, aunque aún quedan algunos resabios de especialistas del país que insisten en ella tales como: Alcides Arguedas, Luis Crespo y Manuel Ordoñes Lopez, Jose Vicente Ochoa, Cnel. Fernando Wilde, Enrrique Finot, Gabriel Rene Moreno, Humberto Vasquez Machicao, Jose Fellmann Velarde, Jose de Mesa y Teresa Quisbert., todos estos escritores se hicieron eco del escritor chileno Vicuña Mackena; difundiendo la gran mentira y sólo por dar un ejemplo, en la educación pública de Bolivia esta mistificación continúa totalmente vigente, para vergüenza de nuestro sistema escolar.

Sin la intención de hacer una defensa del general Daza, subrayando también sus errores, muchos estudios desmienten, de manera documentada, la posibilidad de que se haya callado la noticia de la invasión. El libro más importante de este tenor es “Daza no ocultó la noticia de la invasión chilena (1982)” de Luis Antezana, aunque siete años antes Enrique Vidaurre ya presentaría pruebas para el desmentido de ese episodio en su libro El presidente Daza.

El interés de algunos bolivianos en confirmar el mito se asentaba en que los camperistas y otras autoridades —en pos de matizar sus errores— querían desprestigiar al militar derrocado para justificarse en el poder. “Es notorio que el pueblo de La Paz ignorara el aviso funesto del 14 de febrero (fecha en que la tropa chilena invade Antofagasta), mientras que Daza, aturdido por el bullicio del Carnaval, ocultaba el parte”, cita a Eliodoro Camacho el historiador Antezana en el libro ya mencionado. Los que sostienen esta posibilidad hablan de que Daza y Eulogio Medina, entonces ministro de Relaciones Exteriores, recibieron el aviso del cónsul boliviano en Tacna, Manuel Granier, al día siguiente del de la invasión, el 15 de febrero: “Gobierno chileno ha ordenado a fuerzas reunidas en Caldera ir a Antofagasta y ocupar Litoral”. Hay que subrayar aquí que el formato mismo del comunicado es el que tiene un telegrama (por la ausencia de artículos), cuando se sabe que entre Bolivia y Chile no había una red de telégrafos. La historiografía del país probó la insostenibilidad de la versión. El fundamento básico de la falta de veracidad de que Daza haya callado la noticia de la invasión del 14 de febrero de 1879 es, esencialmente, de orden físico: no existía una red de telégrafos entre Bolivia y Chile, y la noticia llegó hasta el Presidente a lomo de caballo el Martes de Carnaval (25 de febrero).

La cronología de los hechos, es citada por Antezana de manera detallada. El viernes 14 de febrero se inicia la invasión de los chilenos en Antofagasta, a las 7.40, el comándate de las fuerzas chilenas notifica al Prefecto boliviano Zapata, que tomaran Antofagasta y minutos después desembarcan un número cercano a 200 hombres y toman la Prefectura, Policía, Capitanía del puerto, el edificio de bomberos, etc, sin la mínima resistencia

El 15 la tropa chilena se dedica al saqueo de los bienes de los bolivianos, asaltando domicilios, casas comerciales, bodegas y almacenes en busca de botin y bebida. 

En la tarde del 16 llega el vapor “Amazonas” con la bandera boliviana (la misma que fue cambiada por la chilena inmediatamente). El prefecto de la localidad, Severino Zapata, las autoridades y varias familias bolivianas se embarcan en ese buque para escapar de la furia de las fuerzas de ocupación, cuando zarparon a altas horas de la noche.

El lunes 17, el “Amazonas” llega a Tocopilla. El martes 18 parte con rumbo al puerto peruano de Iquique y se manda un telegrama escueto al cónsul boliviano en Tacna, Manuel Granier. El 19 llega el vapor a Arica. En el muelle se encuentra Granier para recabar información más amplia que la del telegrama que recibió y así redactar la noticia para mandarla por correo a La Paz. 

El 20 (Jueves de Comadres) parte de Tacna el estafeta Gregorio Choque (apodado Goyo) con la correspondencia urgente y logra hacer el recorrido impensado de 76 leguas (más de 450 kilómetros) en sólo seis días.

“Bolivia no contaba con un servicio telegráfico (…), el camino directo era el de Tacora a Machagas”. Por su parte, el historiador chileno Tomás Caivano lo confirma en su libro Historia de la Guerra de América, entre Chile, Perú y Bolivia: “Repetimos, entre Bolivia y Chile no hay telégrafo. El (camino) más cercano del que puede hacer uso Bolivia va de Tacna y Arica”.

El itinerario de Goyo fue el siguiente: el 20 de febrero fue de Tacna a Palca; el 21, de Palca a Huchusuma. El sábado 22 recorrió el trayecto de Huchusuma a la posta de Chulluncayani; el 23, de ese último lugar a San Andrés de Machaca. El 24, de esa localidad a Tambillo, y el 25 (Martes de Carnaval), de Tambillo a la ciudad de La Paz.

Gregorio Choque llegó con la noticia al Palacio de Gobierno a las 23.00 y se encontró con el cochero de Daza, quien lo llevó a la casa de Carlos Frías (esquina Yanacocha y Mercado), donde se festejaba el Carnaval y donde había estado antes la comitiva presidencial. De esa casona, la autoridad se retiró a la fiesta del coronel José María Baldivia, intendente de Policía, en la calle Pichincha. Efectivamente, allá encontraron al Presidente y fue donde conoció la mala noticia. Eran las 12.00 cuando la noticia comenzó a circular inmediatamente se supo (esta relación cronológica puede verse en los libros mencionados de Antezana y Vidaurre). 

Se puede discutir sobre el tema de la Retirada de Camarones, pero lo que si queda claro es que Chile y sus historiadores sembraron dudas sobre Daza para justificar su extraña muerte en Uyuni.

Dos meses después Chile declara formalmente la guerra a Bolivia