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La gran matanza de gatos que estuvo a punto de acabar con la humanidad






24 enero, 2018

 

Cultura Colectiva

 

El Papa Gregorio IX afirmó que los gatos negros eran una representación y disfraz de Lucifer. Un siglo después, más de 50 millones de personas morían a causa de la Peste Negra.

Desde Bastet, diosa egipcia de la armonía (representada como un gato o bien, una mujer con cabeza de gato) y hasta Freya, diosa nórdica cuyo carruaje es empujado por felinos domésticos, durante la Antigüedad la humanidad encontró en el gato a un aliado poco común, que si bien no poseía características específicas como otros animales de trabajo domesticados previamente, su presencia y carácter depredador entre poblaciones humanas resultaba eficaz para ahuyentar a los roedores y otros animales pequeños que amenazaban con comer o contaminar las cosechas de granos.

Sin embargo, a partir del siglo XII la relación entre gatos y humanos cambió radicalmente. Con el cristianismo como pensamiento dominante, la noción de que todos los seres vivos estaban creados por y para servir a Dios y podían ser utilizados por el hombre era ampliamente aceptada; sin embargo, los felinos no entraban en tal definición: se trata de animales semisalvajes que mantienen un carácter independiente. No están dispuestos a seguir órdenes ni cuentan con la zalamería típica de los perros, el ejemplo de animal doméstico por antonomasia.

Esta naturaleza, definida como altiva y desinteresada llevó a generar serias dudas sobre su comportamiento, en especial cuando el sistema moral de la época (cristianismo) exigía ascetismo y obediencia, mientras las relaciones económicas feudales (vasallaje) se basaban en el servilismo y la lealtad de los siervos hacia los señores feudales. El temperamento propio de los gatos fue interpretado a partir de tales principios y sumó a la visión que más tarde habría de convertirse en una catástrofe para su población:

«Esto provocó una especie de tensión conceptual. Si bien el gato posee las características de un buen cazador, es útil, “pero mientras lo haga permanece domesticado de manera incompleta”. Los herejes también –en un sentido metafórico– no están completamente domesticados, ya que desafían el pensamiento ortodoxo y vagando libremente aquí y allá en su interpretación de las creencias religiosas, asemejándose a la definición de salvajismo incluida en los bestiarios. Simbólicamente, los gatos podrían ser el animal herético por excelencia».

Expulsados de conventos y monasterios donde antes eran bien recibidos, expulsados de los centros urbanos (en especial si eran negros), los gatos comenzaron a aparecer frente a los ojos del europeo medieval como intrusos, seres no deseados que representaban herejía y desobediencia –la misma que dentro de la fe cristiana, pretende el diablo para alejarse de las enseñanzas de Dios–. Más tarde, una bula papal de Gregorio IX contribuyó a agravar la situación y marcó oficialmente el inicio de la caza de gatos. En palabras de Abigail Tucker en su investigación sobre la domesticación e historia felina:

«En 1223, el papa Gregorio IX escribió Vox in rama, una bula papal que describe orgías de brujas confraternizando con Lucifer disfrazado de gato negro. Aunque el documento también implicaba a ranas y patos, un prejuicio antifelino barrió Europa y un incontable número de gatos fueron posteriormente cazados y ejecutados bajo sospecha de brujería».

Esta idea fue replicada por distintas autoridades eclesiásticas (Guillermo de Auvernia, Obispo de París en 1230 no dudó en afirmar que «Lucifer puede aparecer ante sus adoradores bajo la forma de un gran gato negro…») en las décadas posteriores hasta implantarse en el imaginario colectivo y dar forma a una persecución constante contra los felinos domésticos, al menos en los dos siglos subsecuentes.

A pesar de que resulta imposible saber con precisión cuán profundo fue el declive de la población de gatos europeos durante la Edad Media, lo cierto es que una vez que los felinos fueron ahuyentados, sucedió la proliferación de su inmediato inferior en la cadena alimenticia: la rata negra, especie que a su vez carga consigo a la pulga, vector natural de transmisión de la Peste Negra (Yersinia pestis) hacia los humanos, la pandemia cuyo primer brote surgió un siglo después de la bula papal de Gregorio IX (1346) y acabó con algo más de 50 millones de personas en todo el mundo medieval.

A pesar de que no existen estudios concluyentes sobre la validez de esta hipótesis, es muy probable que el descenso de la población felina haya influido poderosamente en la proliferación de la Peste Negra, la mortal enfermedad que cambió la forma de concebir el mundo durante el Medioevo.

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