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PEQUEÑOS E INOCENTES MENDIGOS





9 enero, 2018


Como nos gustaría no tener que informar lo que está en la portada de la edición de hoy, cuanto quisiéramos poder contra otra historia pero nuestro deber es reflejar la realidad, la verdad, lo que sucede en el lugar donde vivimos. Nos preocupa mucho ver que en especial el centro de la ciudad de Tarija  presenta una cara triste, la de los sin techo, aquellos que están en las calles estirando la mano, pidiendo limosna o alguna ayuda para poder sobrevivir.

Efectivamente, son hombres y mujeres, muchos adultos pero también demasiados niños, pequeños inocentes que son arrastrados por la pobreza, por la miseria, por sus propios padres, en algunos casos los acompañan porque no queda más que ir con ellos ya que no tienen donde dejarlos… pero también muchos son soltados en la calle, por el mundo, para hacer eso, mendigar, criminal acción de padres desesperados tal vez, que necesitan más manos para juntar dinero que sirva para la comida del día. Así es, con tristeza notamos que la mendicidad tiene rostro de niño y el corazón se rompe porque ellos sólo deberían jugar, divertirse, estudiar, no sufrir ni hambre ni frío… la realidad es otra, es dura, es hiriente pero es la realidad.

Están comprobados los casos en que son los mismos progenitores los que enseñan a sus hijos a mendigar, les enseñan como tocar la sensibilidad de la gente y de repente descubrimos que hasta eso se ha convertido en un negocio, padres que bien podrían trabajar en lo que sea o de lo que sea, en vez de estar deambulando esperando que les caiga una moneda o un billete por pena, por lástima. Que son capaces de inculcar esa forma de vida en quienes son sangre de su sangre, llegando incluso a sólo hacerlos trabajar a ellos mientras esperan la recaudación del día. Una especie de explotación de niños como mendigos ejecutada por papá y mamá… suena torcido, no natural, pero sucede. Y aquí el Estado tampoco abastece, es que el problema se multiplica y demasiado rápido y la burocracia es pesada, más cuando se trata de los desposeídos, más cuando son los más pequeños y débiles los que están de por medio.