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​Nace para siempre la “garra charrúa” al dar vuelta la primera final ante Argentina






28 diciembre, 2017

ANDRÉS TÓRREZ TÓRREZ

Todo el entusiasmo que había provocado la decisión de que se realizara el primer Mundial, desapareció cuando llegó el momento de emprender la aventura. Si bien  cruzar el Atlántico en 1930 no podía considerarse épico, seguía siendo mucho más que un simple viaje.

Por eso, la expectativa que había generado en 1929 el Congreso de Barcelona. Se fue perdiendo de a poco. Al final fueron 13 las selecciones que asumieron el compromiso, aunque solo 4 llegaron desde el otro lado del océano.

La delegación francesa estuvo a punto de no viajar, pero la capacidad dialéctica del visionario Jules Rimet convenció a jugadores y dirigentes de la necesidad de participar en el torneo por el que tanto habían luchado.

Los franceses compartieron el viaje en el trasatlántico Conte Verde con las selecciones de  Rumania  -el Rey, Carol, había elegido personalmente a los integrantes- y Bélgica, además de los brasileños  que se sumaron en la escala que el barco hizo en Río de Janeiro. En el Conte Verde además viajaba el trofeo que se pondría en juego en Uruguay. La cuarta selección europea que viajó fue la de Yugoslavia, que lo hizo a bordo del Florida

Una vez confirmadas las selecciones participantes se decidió la distribución por grupos, cuidando que no se juntaran los 4 europeos y que Uruguay, Argentina y Brasil, encabezaran sus zonas para mantener el interés hasta el final del torneo.

Sin embargo, los brasileños decepcionaron al ser eliminados por Yugoslavia en la primera ronda, mientras que argentino y uruguayos avanzaron con paso firme a la final.

En las semifinales los equipos rioplatenses ratificaron los pronósticos, Uruguay en realidad sufrió un ratito frente a Yugoslavia, cundo en un estadio Centenario repleto por el público, Vujadinovic puso en ventaja a los europeos. Después la catarata de goles uruguayos, como la de los argentinos contra Estados Unidos, confirmaron la reedición de la final, que 2 años habían disputado en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam.

La final del 30 estuvo llena de condimentos. Más de 30.000 argentinos se embarcaron hacia Montevideo, pero sólo la mitad llegó al puerto uruguayo y pido estar en el Centenario. La niebla retrasó la partida de muchos barcos y muchos hinchas ni siquiera desembarcaron porque el partido ya había terminado cuando llegaron a la otra orilla. En la aduana todos los viajeros fueron palpados porque las autoridades uruguayas quisieron evitar el ingreso de armas argentinas a su país.

El 30 de julio de 1930, bajo la tutela del árbitro belga John Langenus, se inició la final que en el primer tiempo favoreció a los argentinos por 2 a 1, con goles de Carlos Peucelle y Guillermo Stábile y Pablo Dorado para la celeste.

En el segundo, nació para siempre la “garra charrúa”. Remontando el marcador Uruguay logró 3 estupendos goles por intermedio de Pedro Cea, Santos Iriarte y Héctor Castro, conocido como el ”manco”, pues había perdido su mano derecha en un accidente. Esos astros consolidaron la victoria por 4 a 2 de la celeste.

En la primera Copa del Mundo, no  hubo empates, algo que jamás se repetiría en la historia.

Frente a la Torre de los Homenajes en la Tribuna olímpica, así llamada por los triunfos uruguayos en Amsterdam y Colombes, el capitán José Nasazi recibió de manos de Jules Rimet, la preciada Copa ante el delirio de un pueblo bullicioso y feliz.

Así empezó a escribirse una historia grande del fútbol, que a sus comienzos ya vaticinaba un crecimiento que alcanzaría años después en los 5 continentes. Su fama, prestigio y difusión  llegaría a millones en el mundo entero.