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El ruido que viene





24 diciembre, 2017

Por Ramón Grimalt
La promulgación del nuevo Código de Sistema Penal cuyo principal objetivo es reforzar el cuerpo legal correspondiente para una mejor administración de justicia, ha disparado las alarmas de los médicos y trabajadores en salud que consideran que se está penalizando el acto médico como tal.

Pero no sólo eso, ha colocado al gobierno que preside Evo Morales en una crisis de proporciones insospechadas al paralizar por más de veinte días los servicios de salud arriesgando la vida de miles de bolivianos y bolivianas. Para el Gobierno, el debate en el Senado y la promulgación exprés (no era posible esperar otra cosa considerando que el Movimiento Al Socialismo es el promotor del Código en cuestión), obedecen a una consigna básicamente sindical: doblar el brazo del enemigo tensando la cuerda al máximo porque quien resiste gana. Y para el MAS esto se interpreta como una victoria que permite lamer las heridas del revés electoral del 3 de diciembre, aunque desde Plaza Murillo quieran vender un relato mucho más conveniente para sus intereses.
Sucede que, además, la movilización del Colegio Médico de Bolivia, sus afiliados y los docentes y alumnos de Medicina, mostró la inevitable polarización política del país, bajo la consigna “si estás a favor de los médicos estás en contra de Evo” y quizás el camino era ciertamente otro. La oposición ha jugado, entonces, en contra de la protesta usufructuando su sentido y canalizando vías políticas que el Gobierno, siempre más hábil y avieso en estos menesteres, tornó en contra de los movilizados acusándolos de violentos, mentirosos e inhumanos “mercaderes de la salud”. En oro, cuando la política impregna una demanda social por legítima que se presente es mucho más factible que sea desmontada por sus propias contradicciones como las evidenciadas por el doctor Luis Larrea, presidente del Colegio Médico de La Paz, que un día firma un acuerdo y al rato, por la presión de las bases, lo niega quedando en el más absoluto de los ridículos. Quizás porque la protesta médica provenga de una clase media poco acostumbrada a hacer suyas las calles, territorio inconmensurable del masismo.
Al margen de esto, la promulgación del polémico artículo 205 no sólo se convierte en una latente espada de Damocles que pende sobre el profesional de la Medicina, también hace que la protesta vaya contra la ley. La amenaza de despidos, descuentos y otras sanciones administrativas a quienes mantengan las medidas de presión acabarán conjurando el movimiento porque nadie en su sano juicio va a inmolarse por la causa. De cualquier modo, está claro que 2018, independientemente de ese bálsamo cosmético llamado Rally Dakar, empezará en medio de protestas y reivindicaciones. Cuando la indignación médica acabe convirtiéndose en resignación por una simple cuestión de desgaste natural, los movimientos cívicos tomarán el testigo en dos frentes: Chuquisaca y Santa Cruz por Incahuasi y Santa Cruz y el resto del país contra la repostulación de Evo Morales a la Presidencia en 2019. Qué duda cabe que habrá ruido y en medio, un ciudadano de a pie que sólo aspira a no convertirse en instrumento de intereses sectarios que tanto daño nos hacen como sociedad.