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Por qué el Episodio VIII de Star Wars rompe con todo lo que sabíamos de la Fuerza, los Jedi y los Sith






21 diciembre, 2017

Cultura Colectiva

 

“The Last Jedi” parece más interesada en meditar sobre el futuro de la saga que en los rudimentos tradicionales que la convirtieron en objeto de culto instantáneo.

ADVERTENCIA: El artículo contiene spoilers del Episodio VIII: Los últimos Jedi (The Last Jedi) de la saga de Star Wars.

La última escena de The Force Awakens (J.J. Abraham, 2015) muestra al personaje de Rey extendiendo a un envejecido y silencioso Luke Skywalker su viejo sable láser. No resulta casual que la mirada que ambos cruzan sea ambigua, melancólica e impaciente. Se trata de una ruptura entre la vieja percepción sobre el poder místico e invisible que sostiene la trama entera y un rostro más joven. Luke y Rey simbolizan un espacio formal de enorme importancia entre la noción sobre la fuerza tal y como la conocemos y algo más profundo, novedoso y construido a partir de una idea más amplia del concepto. Al final, The Force Awakens es el preludio a una percepción más compleja de la saga creada por George Lucas hace casi cinco décadas.

Por ese motivo The Last Jedi (Rian Johnson, 2017) es un paso adelante hacía la madurez de la saga. Hasta ahora, la Fuerza —el motor que enlaza, sostiene y contiene la mayor parte de los hilos argumentales de la historia— había sido percibida como un atributo sacro directamente relacionado con una orden dogmática, e incluso con una línea familiar. La noción sobre la Fuerza como atributo de unos pocos —o en todo caso, sujeta a la idea de un entrenamiento y conocimiento que se transmite por línea directa— construyó un limitado espacio de acción entre quienes pueden transmitir el conocimiento —esos escasos Maestros Jedi— y sus alumnos, dispersos entre la galaxia y que eran una fuente de temores y dudas, ya que el lado oscuro parecía tan tentador como inevitable. Además, hasta ahora, la Fuerza tenía unos pocos elementos reconocibles y que estaban basados mayormente en el control mental y una misteriosa capacidad sobre el espacio físico, que hasta ahora era insuficiente para justificar su importancia en la mitología de la saga. No obstante, The Last Jedi amplía su alcance y, por primera vez, analiza el núcleo esencial de la Fuerza como poder, en todas sus implicaciones y ramificaciones.

No sólo vemos a Leia haciendo uso de este poder, sino también el nacimiento de un nuevo punto de vista sobre lo que los Jedi pueden hacer. De pronto, la capacidad intrínseca de la Fuerza va mucho más allá de controlar voluntades o mover rocas. Y es entonces cuando la película encuentra su tono y ritmo, en medio de todas las miradas y aseveraciones sobre su identidad como parte de una saga de semejante importancia en la cultura pop. The Last Jedimedita sobre el futuro de la historia, pero también sobre las infinitas posibilidades que se plantean a partir de la idea de la Fuerza como algo más amplio, inabarcable e inexplicable.

Para muchos fanáticos, el hecho mismo de replantearse la naturaleza de la Fuerza parece un exabrupto, pero no lo es tanto. Durante toda la saga, la Fuerza ha sido considerada una percepción omnipotente de cierta energía universal que analiza y galvaniza todas las percepciones sobre la realidad. La Fuerza, tal y como George Lucas la concibió, se presume como una cualidad intrínseca al Cosmos, que se manifiesta a través de ciertos individuos y que además posee la innata capacidad de equilibrar el bien y el mal. Lucas usó esta idea para dotar a la saga de corazón y de sentido moral; además, sumó una orden seudo religiosa capaz de mantener una doctrina que sostuviera su interpretación más general. Pero con el correr del tiempo, fue evidente que la Fuerza como idea superaba la mera percepción de los Jedi como depositarios de un ancestral sabiduría. Convertidos en parias dentro del mismo Universo, la figura del Jedi pareció encarnar el temor y la angustia subsecuente a la noción del Yoestructural en la trama. Después de todo, Lucas ha insistido a lo largo de las décadas que los Jedi son una forma de comprender la Fuerza, pero no la Fuerza en sí misma. La metáfora general sobre el uso del poder siempre gravitó sobre la Star Wars como una mirada elusiva del autoritarismo, la codicia y sus peligros.

Toda la trama de The Last Jedi es un anuncio periférico y casi abstracto sobre lo que la Fuerza puede hacer como núcleo conductor de la trama. La película es toda una reflexión sobre los alcances del bien y el mal, además de la profundidad de las reflexiones morales que asumimos inevitables al momento de ejercer el poder. Desde las primeras escenas, tanto Luke Skywalker (Mark Hamill), la General Leia (Carrie Fisher), Rey (Daisy Ridley) y Kylo Ren (Adam Driver), como el Líder Supremo Snoke (Andy Serkis) muestran nuevas y desconocidas capacidades. La Fuerza crece, une y elabora lo que podría definirse como un vínculo inevitable entre todas las formas de vida que habitan el Universo de Lucas. El poder está en Luke y Leia, pero mientras él lo contiene y lo oculta debido al miedo y al dolor, Leia sólo hace uso de él en el momento más álgido de su larga existencia. Rey apenas comienza a comprender los límites del poder secreto que, como ella misma admite, “siempre estuvo en ella”, pero que apenas ahora se manifiesta. Kylo demuestra la perversión de este poder a través del miedo y el rencor; mientras que Snoke sostiene su precario control sobre la Primera Orden a través de un mero anuncio de lo que realmente puede hacer. Pero Snoke además demuestra la arrogancia definitiva y el hecho de que la Fuerza que se manifiesta como expresión de la voluntad también es usada como un arma.

Snoke muere, y de pronto Kylo asciende no en su conocimiento sobre lo intrínseco de la Fuerza, sino en el hecho mismo de que está vinculada directamente a su voluntad y a sus sentimientos. Tal vez por esa razón, Kylo y Rey están unidos durante toda la trama. Uno y otro representan la tentación del lado contrario para ambos personajes. Mientras la Fuerza en Rey se hace cada vez más fuerte a través de su bondad y su dolor, en Kylo ocurre exactamente lo contrario. El bien y el mal se asumen como indispensables para la existencia conjunta de la realidad. Un antiguo concepto religioso que Star Wars analiza desde una perspectiva esencialmente moral, sin elemento dogmático alguno. Tanto que Snoke jamás se identifica como Sith y tampoco lo hace Kylo, a pesar de su admiración hacia la figura de Darth Vader. Por su parte, Rey comprende que la instrucción que necesita recibir en realidad es su propia comprensión sobre los alcances del poder en su interior. La joven recorre las brechas de emociones y heridas invisibles como una forma de asumir a cabalidad el peso de la Fuerza en su vida.

Por otro lado, Luke Skywalker convertido en un ermitaño y aislado por el dolor de la culpa, encarna la transición del Jedi tradicional hacia algo mucho más complejo. Poco a poco y a través de la información revelada —la narración sobre lo ocurrido en la academia Jedi, las diferentes interpretaciones de la misma escena que tanto Luke como Kylo tienen— comprendemos que Luke consideró la posibilidad real de matar a Kylo en un impulso tan cercano al Lado Oscuro que define por completo la tridimensionalidad del personaje. Luke logra sostener la percepción de la Orden de los Jedi y es su reflexión final sobre el fracaso de sus objetivos la que logra colocarlo en una disyuntiva de enorme importancia sobre la capacidad de la Orden para sostener la comprensión de la Fuerza como teoría. Entre mucho dolor, Luke llega a la conclusión de que los Jedi fracasaron en el intento no de comprender la Fuerza, sino de difundir su poder y construir una dogma sacralizado sobre sus elementos más evidentes.

De un extremo a otro, es evidente que The Last Jedi pondera sobre los alcances de la Fuerza más allá de su cualidad de Deus ex machina que suele atribuírsele. En los diferentes aspectos de sus personajes, resulta notorio que la esta octava entrega de la saga —novena, si contamosRogue One— analiza la correspondencia del bien y el mal en más de una forma. En la que es con toda seguridad una de las mejores escenas de la película, Rey y Kylo luchan en equipo en la impresionante Sala Roja llena de guardias de Snoke. Es evidente que entre ambos existe una complicidad inherente a la Fuerza, pero sobre todo una extraordinaria compenetración que los hace invencibles. ¿Toma Kylo poder a través de Rey? ¿La batalla entre ambos es la visión más evidente entre el equilibrio de la Fuerza que postula toda la película? ¿Qué hace que entre ambos exista una coexistencia necesaria e incluso previsible? Mientras ambos luchan, hay un paralelismo entre ambos, una colaboración poderosa que insinúa que uno y otro se reflejan mutuamente. No obstante, al final la Fueza vuelve a dividirse, entre los dolores y el rencor de Kylo y la visión idealista de Rey. Una brecha definitiva que al final separa a ambos personajes, quizá para siempre.

The Last Jedi parece más interesada en meditar sobre el futuro de la saga que en los rudimentos tradicionales que la convirtieron en objeto de culto instantáneo. De pronto, los Jedi —como Orden— parecen haber perdido su papel protagónico, en favor de una nueva generación de hombres y mujeres que asumen la fuerza como atributo espiritual. La última escena de la película —en la que un niño demuestra que la Fuerza se manifiesta de maneras nuevas y asombrosas— deja muy claro que el futuro de Star Wars va mucho más allá de su mitología. Y quizás ese es el mayor aporte de la película a la franquicia: la Fuerza convertida en el poder que aglutina la voluntad universal y la justicia, la Fuerza para todos.

Definitivamente la película cumple con la expectativa de los fanáticos de Star Wars. Todo el encanto que caracteriza a la saga está retratado sin temor y con entusiasmo por Rian Johnson. Pero existe un planteamiento que se harán algunos: ¿En verdad es necesario seguir exprimiendo la saga de Star Wars fuera de motivos económicos? La respuesta variará dependiendo del enfoque, pero un hecho es que Disney no planea dejar de hacer dinero con esta franquicia. Si quieres prepararte mejor para esta nueva cinta no dejes de leer estas cosas que necesitas saber antes de ir a verla.

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