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¿Qué pasa cuando el amor se convierte en una historia de abuso y asesinatos?






18 diciembre, 2017

Cultura Colectiva

Si en algo son expertos los asiáticos es en crear historias fascinantes. Los relatos de amor son una de sus especialidades, pero también, y en oposición, los de terror y angustia. Cuando conjugan ambos recursos el resultado es un relato verdaderamente poderoso.

Killing Satlking es justamente una historia que se vale de ambos recursos para crear un discurso capaz de involucrar a cualquiera. Quien lo lea terminará por enloquecer junto a los protagonistas, ya que es un relato de amor, pero no cualquier tipo de amor, sino uno muy tóxico que mata, que lastima y que perturba a dos muchachos que, aunque sienten algo muy fuerte uno por el otro, es sólo una pantalla que pareciera ser enamoramiento y, sin embargo, no es más que una forma de idealizar hasta los extremos una obsesión y ciertas prácticas que como sociedad juzgamos, pero que en su imaginario son de las mejores formas de demostrar afecto.

Esta manhwa (‘manga’ en coreano, por su procedencia) fue escrito por Koogi, una escritora que al parecer está bastante adentrada en las mentes perversas, mismas que la inspiraron y le han permitido dar forma y estilo a su historia. Ambos personajes están tan perturbados que sólo ellos dos pueden hacerse compañía; Yoo Bum es un hombre de mediana edad que siempre ha sido una persona rechazada, que vive en un constante temor y en soledad, por lo que su forma de acercarse a las personas es a través de la insistencia extrema. Se convierte en la sombra de aquel que le interesa y no respeta límites. Se transforma en un alma oscura digna de ser removida con lo que sea que esté a su alcance, pero no es tan fácil de repeler.

Bum, homosexual, ve pasar diario a un hombre muy distinto a lo que usualmente le atrae: alto, atlético, atractivo, interesante… su nombre es Sangwoo y vive solo en un departamento enorme. Bum siente atracción hacia él. Contrario a lo que han sido el resto de sus “víctimas”, Sangwoo difiere del estereotipo. Él es un hombre muy alejado de los gustos de Bum, pero no puede dejar de mirarlo. La forma de stalkear que tiene es tal que descifra el password de entrada al departamento logrando acceder para descubrir su vida. Sin embargo, se topa con una de las más increíbles sorpresas y —posiblemente— desilusiones que jamás imaginó: Sangwoo es un secuestrador, verdugo y asesino en potencia.

En su sótano hay una mujer encerrada, atada y golpeada que sufre lentamente, mientras su cuerpo se deteriora. Bum intenta ayudarla, pero su amor platónico llega antes de que éste pueda hacer algo y sin más, se convierte en la nueva adquisición del apuesto hombre que vive en ese lugar. Ante ello, el stalker no pone resistencia, ¿por qué? Por amor a una persona que nunca existió. Es decir, sólo vivió dentro de su imaginación un personaje que él inventó. No más. Ante tal falacia, Sangwoo siente un poco de tristeza al ver que alguien lo idealizó de una manera equivocada, por lo que intenta reivindicarse mostrándose tierno con su acosador a quien ha secuestrado y amenazado. Bum intenta que las cosas sean parejas y haya equilibrio entre ambas formas de ser, no obstante, Sangwoo no lo permite. Él siempre ha tenido el control de todo lo que ve y toca, no puede flaquear. Entonces se convierte en una relación que deriva en una carrera de egos y crueldad por ver quién es más sanguinario y gore.

Mientras que Sangwoo es un polémico asesino y verdugo de mujeres, Bum es un acosador en potencia. Ambos son capaces de hacer muchas cosas impensables cunado necesitan de la atención del otro o cuando saben que su compañero está ganando terreno. Entonces, sí, se convierten en seres macabros, llenos de rencor y coraje, posicionando el maltrato, el abuso, la idealización del amor y el poder.

Killing Stalking habla de lo que vemos y de lo que hay dentro de cada persona. Una cara bonita o amable no significa que en verdad lo sea. Bum y Sanwoo hacen del amor una codependencia que va mucho más allá de un simple encanto, porque al final eso es un hechizo visual, una ilusión óptica.

Podría entenderse que pertenece al género yaoi, no obstante, en esta historia, aunque se entiende que hay sexo, nunca es demasiado explícito y tampoco es la base del argumento. Ése es el mérito de Koogi, su creadora. Lograr enfatizar en la concentración del poder en un solo personaje y en cómo el otro se lo quiere arrebatar. Es una historia de obsesión, odio, rencores y falso amor en la que se ven envueltos sentimientos y acciones que les generarán una codependencia donde pareciera que el síndrome de Estocolmo está presente, pero en realidad es una relación de víctimas en las que no podemos evitar sentir empatía u odio por ellos, es más una forma de sentirse frustrado ante la situación que viven y que aunque los dos sienten que los carcome por dentro, no pueden despegarse.

Las personalidades de ambos se ven reflejadas en su manera de atarse, por ejemplo, Bum se culpa a sí mismo por lo que ocurre, pero trata de convencerse de que es por amor, aunque en el fondo tiene miedo de lo que Sangwoo pueda hacerle y éste a su vez teme que Bum difunda todo lo que ha visto dentro de la casa, por lo que no pueden separarse entre sí. La autora ha sabido llevar al extremo los sentimientos convirtiéndolos en una especie de característica que todos odiamos porque esta historia no está hecha para todos. Es incómoda, cruel y cansada, no hay amor, sino frustración; no hay cariño, sino coraje. No es el síndrome de Estocolmo, pero sí se necesitan para vivir, porque al final de todo, sólo ellos dos pueden mantenerse juntos demostrando que su forma de amar es única, algo que muy pocas parejas pueden jactarse de tener.

Koogi ha hecho de su thriller erótico uno de los mangas más leídos en el mundo logrando entrar a la mente de sus lectores para que estos se identifiquen con los personajes. Pudiera parecer algo muy simple, pero en realidad es mucho más complejo, implica una apropiación de los problemas, aunque la intención de la escritora no es que haya empatía, sino que sea una forma diferente de entender el amor.