MIE
SEP
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Fue difícil entender que debía resignarme y comenzar a pensarme sin ti






20 noviembre, 2017

Cultura Colectiva

“No fue fácil acostumbrarme a convivir conmigo y a escuchar mis demonios hablar en los momentos de soledad en los que estaba acostumbrada a estar contigo”:

Fue difícil salir sin ti y recorrer la ciudad sin sentir tu mano, sin contarte historias de astronautas, de huracanes o de amor. Recordando cada lugar por el que pasábamos siendo felices, al planear nuestro futuro juntos, riendo, mirándonos a la cara para después quedarnos callados, sonreír y pensar, ¡cómo lo amo!

Fue difícil salir con mis amigos, tomarme unos tragos y ver a la gente hablar sin escuchar qué decían, diluir mis pensamientos en cada estrofa, en cada nota musical y relacionar cada palabra contigo. Dedicarte una canción, dedicarme otras cuantas y luego volver a la realidad para darme cuenta que las luces no se veían igual, mis ojos estaban empañados con lágrimas.

Fue difícil pasar los tragos de whisky con bebidas energéticas y no con el sabor de tus besos, bailar sin ti, mirar a los lados y creer que todos se miraban como nos mirábamos tú y yo, como si no hubiera nadie más a nuestro alrededor y luego aterrizar para decirle a algún hombre con ganas de encontrar el amor por una noche que me gustaba bailar sola, que se alejara, sólo para no borrar de mi cuerpo las huellas que dejaron tus manos cuando hacíamos el amor al ritmo de la música.

Fue difícil levantarme un domingo, abrir mis ojos y no sentir esa caricia inmediata que siempre estaba acompañada de una sonrisa, esa que me hacía sentir que en tu mundo amanecía cuando yo despertaba.

Fue difícil entender que debía resignarme y empezar a planear mis sueños sin ti a mi lado, y más aún cuando empezaste a construir los tuyos con otra persona, la que en ese entonces yo sentía que estaba robando lo que más amaba, mis ilusiones y mis ganas de seguir creyendo en el amor.

Mi corazón se congelaba con el pasar del tiempo y cada día me volvía más fría y solitaria, no fue fácil acostumbrarme a convivir conmigo y a escuchar mis demonios hablar en los momentos de soledad en los que estaba acostumbrada a estar contigo, pero por fin descubrí que lo difícil no era olvidar lo que sentía por ti, lo difícil era enfrentar lo que no sentía por mí. Así que empecé a cocinar para mí, a consentirme, a descubrir mi cuerpo y poco a poco me fui armando de valor para, por fin, un día  pararme frente al espejo, mirar mis ojos y enamorarme de mí.

Y empecé a planear mi futuro sin miedo y a descubrir la verdadera libertad, esa que viene de lo más profundo de nuestro ser, esa que no había conocido por amarrarme al amor, un amor que siempre pensé, podría llenar los vacíos que sólo puedo llenar yo.