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La obra que la iglesia censuró y provocó el arresto de todos los que la vieran






19 noviembre, 2017

Cultura Colectiva

Para liberarse de la represión, muchos autores están decididos a plasmar en su obra una denuncia en la cual puedan gritar y logren escupir todo el odio que tienen dentro. Uno de los escritores que más coraje tenía dentro de sí era Víctor Hugo, quien en su papel de narrador de historias sólo podía ver que las anécdotas reales eran mucho más impactantes que las que él maquinaba en su cabeza. Así que decidió usar ese recurso y plasmar todo su enojo haciendo de Los Miserables, no sólo su obra más popular e importante, sino la más criticada. En ella describe a un gobierno opresor, resaltando la miseria de la sociedad, así como los abusos que la gente más desfavorecida sufría.

Como era de esperarse, el gobierno le dictó sentencia sacándola del ámbito comercial. Victor Hugo se juró a sí mismo que no volvería a escribir algo así; no obstante, cuando ya había pasado la euforia de Los Miserables, se decidió a escribir otro libro que le daría el mismo dolor de cabeza: Nuestra Señora de París. Aquí escribe sobre un hombre atormentado cuyo rostro deforme y joroba en la espalda le daba el mote de demonio horrendo, o eso le decía la gente. Para entonces, el único demonio real era, según la sociedad de la época, el propio Victor Hugo. Sus libros tenían escenas explícitas que eran consideradas sexuales y de mal gusto, además de denunciar desigualdad social, injusticias y malos infortunios para la gente vulnerable que protagonizaba sus libros. La iglesia lo tachó de loco y los fervientes religiosos lo tacharon de demonio. Aún con ello, logró posicionarse en el gusto del público y ahora es uno de lo cánones literarios.

Pero él no es el único demonio en la Tierra, también está Molière, quien al igual que Victor Hugo, no se tentó el corazón y escribió todo lo que él opinaba respecto a la religión. Así nació Tartufo, una obra teatral que fue censurada por todo un país que defendía a capa y espada sus creencias religiosas. Esta obra está plasmada en metáforas, por lo que no fue fácil descifrarla. Ese es el primer mérito de Molière, quien hizo critica social de modo que pasara casi desapercibida. La obra fue pensada para que se presentara frente a Luis XIV de Francia antes de su estreno comercial.

Para no propiciar los rumores ni que se filtrara el contenido total, se hizo una presentación de sólo tres actos. El Rey parecía complacido conforme la veía; sin embargo, fue el partido del clérigo el que le encontró algunos detalles inconsistentes que obligaron Molière a retrasar el estreno. Así estuvo durante un tiempo, guardada en el escritorio hasta que no hubo más remedio que censurarla porque arremetía contra las leyes de la Iglesia y la religión. Molière aseguró que en realidad su obra criticaba la hipocresía; no obstante, el clérigo mantenía la idea de que esa crítica estaba encaminada a sus creencias y que el escritor era un falso religioso.

Molière no se detuvo e intentó a toda costa representarla, así que le cambió el nombre a Parnulfo o El impostor. En esta ocasión, no fue vista por nadie, sino hasta el día del estreno en donde la policía les prohibió representarla nuevamente, pues era un ataque evangélico. De igual manera, el Arzobispo de París prohibió su exhibición y posteriormente, amenazó con excomulgar a todo aquél que la representara o la viera, puesto que era un ataque a las creencias de los demás. Comenzó entonces una batalla legal en la que el autor defendía su obra y externaba que no era que estuviera en contra de la religión, sino que simplemente estaba explicando las injusticias que él veía y por supuesto, como es que nadie era capaz de decirlo. Fue Luis XIV quien autorizó a Molière mostrar su obra, pero bajo la condición de que al principio, diera una pequeña advertencia en la que explicaba que podía ser ofensiva para audiencias sensibles.

La obra cuenta la historia de Orgón que cae bajo la influencia de Tartufo, que hace referencia a un hongo escondido bajo la tierra. Tartufo es un falso devoto religioso que trata de quedarse con los bienes de Orgón. Todos se dan cuenta de las intenciones de Tartufo menos el protagonista quien vive hipnotizado por el falso predicador. Éste logra meterse tan profundamente en la mente de Orgón que se convierte en la persona que le indica poco a poco lo que debe hacer; sin embargo, el falso predicador es descubierto y acusado de la estafa que estaba cometiendo, que incluía sacar a Orgón de su propia casa y quedarse con la hija y esposa del mismo. Rápidamente es detenido y sentenciado. Molière pretendía únicamente mostrar cómo es que algunas personas estafaban a través de la hipocresía, no sólo iba en contra de la religión y la Iglesia. En cualquier caso, lo más cercano a la religión que él criticaba era a los falsos devotos, mas no a la autoridad.

Bajo este argumento y por supuesto, gracias a la grandeza de Moliére, el Rey levantó el castigo a la obra; sin embargo, para cuando eso pasó, algunas personas ya habían sido detenidas y condenadas por haberla representado o leído. La censura casi elimina del camino a Moliére y a su metáfora sobre la falsa devoción, pero también le dio fama y reconocimiento, puesto que el morbo de querer leer su historia lo convirtió en un artista de culto, que al igual que Victor Hugo, se les mira como autoridades. Así que reconozcamos las adversidades que tuvieron que pasar y al igual que ello, no callemos nuestra voz.