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FERIADOS QUE NO CAEN MAL






2 noviembre, 2017

 


La verdad es que nos hemos descuidado tanto que cada vez debemos ir más lejos para poder estar en sitios tranquilos, limpios y sin tantas consecuencias por la presencia humana. Los que visitábamos hace 10 o15 años atrás están descuidados, sucios, los ríos casi secos o con aguas estancadas y multicolores, llenos de envases y bolsas plásticas, es como si todo lo que pisamos a nuestro paso se fuera secando al mejor estilo de Atila,  líder de los Hunos.

Hay feriados y feriados, unos en los que sólo se piensa en diversión y otros en reflexión, los primeros dan como para reunirse con la familia y los amigos y preparar una buena comida, tal vez buenos vinos pero seguro mucha diversión, sin excesos, claro que eso depende de la alegría del momento, aunque siempre sugeriremos que sea así. En otras ocasiones, en especial en el verano, el día sin trabajo se lo puede pasar en el campo, en tantos hermosos lugares que tiene nuestra campiña, al aire libre, cerca del agua, de un río, rodeados por una vegetación de sauces y molles que enamora, aunque con pocas condiciones como para evitar algunos contra tiempos como son la falta de baños, espacios donde lavarse y basureros para conservar el lugar. En si, siempre esperamos que el feriado sirva para “recargar pilas”, no siempre sucede así, en algunos casos volvemos al trabajo más cansados de lo que lo dejamos. Lo importante es que nuestra forma de ver la vida, nuestra realidad, nuestros problemas, se limpie, se lave, que encaremos ese nuevo pequeño comienzo con buenas energías y ánimos renovados. Agradeciendo, siempre agradeciendo, porque el tener la vida ya es un preciado regalo que debemos valorar, ni que decir si tenemos a los que amamos a nuestro lado.

Existen otros feriados en los que reflexionamos, hacemos una introspección, evaluamos y si podemos… aprendemos. Esos días no invitan a la fiesta ni a la pachanga, por el contrario, nos llaman los recuerdos y vivencias con quienes más quisimos o queremos, los podemos pasar solos o con la familia, en casa o en algún lugar más tranquilo, a veces buscamos eso, refugiarnos en el silencio del campo, de la montaña, sentir esa cercanía con nuestro origen, la tierra, los elementos de la naturaleza… Dios.