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La gestión y el símbolo





19 octubre, 2017

Gonzalo Lema

 

La insuficiente economía que, pese a todo, caracteriza a nuestro país, debe ser compensada con lo mejor de nuestros recursos humanos. El saber y la experiencia en el manejo de las instituciones y empresas nacionales, podrían substituir, en buena medida, la falta de dinero. Entiendo que buena parte de Europa se reconstruyó así después de la segunda guerra mundial cuando su continente se convirtió en un aterrador páramo. Es decir: con los sobrevivientes más destacados.

Los recursos humanos formados están en la clase media, se sabe. Las universidades los educan en medio de sus mezquindades y tropezones, con más defectos que virtudes, pero algo del “saber superior” les transmiten. La gente de valía continúa aprendiendo y acumulando experiencia y gran parte del país se sorprende, de pronto, con sus logros y éxitos. No son muchos, ni alcanzan para todo lo que necesitamos, pero es una aberración que no estén a cargo del desarrollo nacional por lo menos una gestión de cinco años.

Los partidos políticos son responsables directos de esta ausencia. La difícil tarea de mantener contentos a sus militantes imposibilita que nuestra gente experta ocupe su lugar. A cambio tenemos la improvisación ridícula. ¿Hace falta recordar dónde? Sin embargo, se debe comentar que, en más de un caso y en más de una oportunidad célebres, llegó la invitación puntual del gobierno y el profesional dijo que no. ¿Qué es lo que consideró para dar esa respuesta? Quizás, el estigma inmediato que la opinión pública cuelga al funcionario público como lo hace, indiscriminadamente, con los políticos serios. ¡Es tan fácil hacerlo! Es una costumbre, una maldad tan mecanizada como irresponsable. No sólo eso: el profesional también se niega porque el salario es bajo frente a su expectativa en la vida privada. Y aún hay otra razón: el autoritarismo del político que, injustificadamente, se piensa dueño del país y no se siente un ciudadano de paso por el despacho. El profesional percibe que muchísimas decisiones, contrarias al bien común, han de serle impuestas. Por todo eso, y por otras más, no acepta la vital invitación.

Pero es primordial que el gobernante se dé modos para trabajar con la gente idónea en el desarrollo del país. Su resignación achata el horizonte y la expectativa de los bolivianos. Desanima, desmoraliza. Gobernar junto a políticos, únicamente, no ha dado buenos resultados en ningún tiempo ni en ningún lugar. ¿Qué es lo que sabe, o debería saber, el político? Cuando es sensible y sensato, interpretar a su pueblo. Los pueblos quieren trabajar y progresar de forma paulatina pero firme. Los pueblos quieren saberse en el rumbo correcto, bien conducidos. Los pueblos quieren sentirse ceñidos a los principios y valores de nuestra cultura e irradiar decencia y esperanza. Para lograr ese noble conjunto de aspiraciones, el político necesita contar, sí o sí, con grandes recursos humanos y trabajar por áreas respondiendo a un plan que nos llene de orgullo. Quiero decir: el político no es un técnico.

Por lo dicho, me parece esencial que el gobierno de turno tenga firme alianza con la clase media. Allí moran los recursos profesionales que, con mucha urgencia, necesitamos. Esa alianza se logra respetando sus valores y sus costumbres. Sus principios. Su educación. Nada del otro mundo, por lo tanto. Se debe comprender que la clase media tiende a ser conservadora y, salvo el cuento interesado, escasamente revolucionaria. Que su apuesta es el cambio progresivo, no traumático. Que su visión de vida no está, esto es muy importante, ideologizada por los credos doctrinarios. La democracia es el centro donde confluye el espectro de las pasiones. El profesional que se requiere para el desarrollo nacional tiene esa mentalidad. Todos debemos ir a su encuentro porque lo necesitamos con urgencia.

¿Por qué no nos duele el tiempo que pasa sin pena ni gloria? ¿Acaso no pensamos que debemos superarnos cada día? El gobierno y la sociedad deben desarrollar juntos, y cuanto antes mejor, una conciencia al respecto. Si la actual gestión de gobierno, pasado ya con creces el tiempo del primer período, aún busca el símbolo que lo caracterice, queda claro que este debe ser, ineludiblemente, el de la alta eficiencia general (no solamente parcial o esporádica) que origine resultados sólidos y perecederos. La eficiencia es la mejor de las políticas que cualquier gobierno puede implementar.

 

Cochabamba, abril de 2017.

 

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