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Gloria Ardaya Salinas: La Bolivia de ayer y la Bolivia de hoy






10 octubre, 2017

 

Mercedes Bluske y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta/octubre 2017) A 36 años de la última dictadura que vivió el país, la socióloga y analista, Gloria Ardaya Salinas, ofrece su visión sobre las dos Bolivias. La de hoy y la de ayer.

El ayer

La primera diferencia que ella ve, es obvia. “Ya no tenemos que andar con el testamento bajo el brazo”, asegura mientras recuerda los duros momentos que le tocó vivir en el tan lejano, y tan cercano, 1982, haciendo referencia a la frase del ministro de Interior de esa época, Luis Arce Gómez del Gobierno de Luis García Meza.

Gracias a esas libertades conquistadas y arrancadas de la dictadura, lo gobernantes, “para bien o para mal, son fruto de la voluntad popular”, por lo que Ardaya, también espera que las autoridades,  respeten la voluntad del pueblo expresada en el referéndum  del 21 de febrero de 2016, en el que los ciudadanos se negaron a una nueva reelección.

De una u otra forma, respetar la democracia es respetar la memoria de quienes dieron su vida para lograr un verdadero proceso de cambio. Pues, en los ochentas, la democracia llegó en medio de una izquierda fragmentada entre el socialismo y el liberalismo, costándole la vida a cientos de personas, como los masacrados de la calle Harrington: Marcelo Quiroga Santa Cruz, Gualberto Vega y  Carlos Flores, entre otros.

Pese a las muertes y los sacrificios, ajenos y propios, Ardaya asegura con orgullo y convicción: “el logro más importante de mi generación, es la democracia”.

En la Bolivia del pasado, la democracia no fue el único proceso de revolución. Por aquellos tiempos, las reivindicaciones de los derechos de las mujeres se hacían más fuertes y populares. Los movimientos feministas cobraban fuerzas, buscando la igualdad de las mujeres ante los hombres, una lucha que continúa hasta la actualidad en distintas esferas.

“Mi abuela no tuvo cédula de identidad, no pudo estudiar más que la primaria y no pudo disponer de su herencia, pese a que era la genuina heredera”, cuenta Ardaya, respecto a la situación de este sector en los años treinta.

La reivindicación de aquellos tiempos respecto a la condición de la mujer, era tener una cédula, algo inimaginable en la Bolivia de hoy.

Gloria es la única sobreviviente a la masacre de la calle Harrington en la ciudad de La Paz, hecho ocurrido el 15 de enero de 1981.

En aquella oportunidad, efectivos paramilitares de la dictadura de Luis García Meza Tejada, torturaron y terminaron con la vida de ocho dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), en la calle Harrington de la zona de Sopocachi en la ciudad de La Paz, siendo Gloria, la única sobreviviente quien se escondió debajo de una cama.

Ardaya al ver la sangría, subió a uno de los cuartos y se escondió debajo de una cama, ahí permaneció en silencio con el corazón latiendo de forma incesante, las lágrimas cayendo por su rostro y la respiración acelerada… pero no gritó.

La masacre ocurrió cerca de las 17.00 y ella fue encontrada por un segundo grupo paramilitar a las 21.00. La joven en ese entonces fue encarcelada y torturada, para ser posteriormente expulsada del país tras la presión internacional.

Tras superar el trauma con la ayuda de psicólogos internacionales, volvió al país en octubre de 1982, con la democracia naciente, aquella por la que había luchado, ya era una realidad.

 

El hoy

El desafío de la política en la actualidad,  es pensar en los nuevos actores sociales y en la necesidad de institucionalizar al Estado, lo que según Ardaya, se dará con la creación y consolidación de políticas públicas.

Desde su punto de vista, las instituciones tienen que volver a estar al servicio de los ciudadanos y no de un partido político.

“El país ha cambiado, por lo tanto, tenemos que pensar en ese nuevo país que ha emergido para bien o para mal. Hay un nuevo país y nuevos actores”.

“En la época de la transición a la democracia”, continúa la socióloga, “los cocaleros no existían, los cooperativistas mineros no existían y el contrabando o el narcotráfico  eran, si se quiere, actores emergentes”.

En la actualidad, la carencia de políticas públicas o su temporalidad, es uno de los puntos débiles del país, puesto que con el gobierno de turno, cambian las denominadas políticas públicas.

Según los expertos que fueron consultados por Ardaya, la política pública más arraigada en el país, es la Ley de Participación Popular; la que entre otras cosas, articula a las comunidades indígenas, campesinas y urbanas, en la vida jurídica, política como económica del país.

“No hablaríamos de Evo presidente sin considerar esa ley”. Paradójicamente dicha ley, fue promovida por el “neoliberal”,  Gonzalo Sánchez de Lozada.

Desde su perspectiva, crear políticas públicas que disminuyan la desigualdad, debería ser el centro del nuevo debate político, debido a las nuevas necesidades y escenarios que van surgiendo, porque ha disminuido la pobreza, pero aumentó la desigualdad.

La Bolivia de hoy es fruto de la Bolivia de ayer. Para construir la Bolivia del futuro, hay que trabajar en la Bolivia del presente.