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Ishiguro, el novelista: viaje al interior del Nobel 2017






5 octubre, 2017

INFOBAE

Se encaminó. Para muchos, la elección de Bob Dylan al Premio Nobel de Literatura en 2016 marcó un momento de incertidumbre con respecto al rumbo que había tomado la Academia Sueca. Sin embargo, aquellas nubes negras quedaron disipadas ahora por un sol radiante y esperanzador: el Premio Nobel de Literatura 2017 fue otorgado al escritor Kazuo Ishiguro.

Nacido en Nagasaki, Japón, en 1954 vive en Inglaterra desde los 6 años. En la ceremonia de anuncio se destacaron sus novelas, “de gran fuerza emocional”, que han “develado el abismo debajo de nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo”.

“Los restos del día”, de Kazuo Ishiguro

“Los restos del día”, de Kazuo Ishiguro

La obra de Kazuo Ishiguro se enmarca en un estilo original que supo crear una marca personal. Su nombre saltó a la fama con la novela Los restos del día (también conocida como Lo que queda del día), escrita en 1989 y ganadora del prestigioso Man Booker Prize. La prosa de Ishiguro, particularmente en esta novela, devela una capacidad para describir los mundos interiores de sus personajes, las miserias y bondades expresadas en primera persona en soliloquios que muchas veces recuerdan a un fluir de la conciencia ordenado y revelador. Hay mucho de la emoción contenida de la sociedad británica. La historia se cuenta en primera persona por un mayordomo dispuesto a sacrificar sus sentimientos para mantener la estructura de una casa que no le pertenece pero que le da una seguridad y una sentido de existencia tal, que excede el amor por una mujer que ha conquistado su corazón. Así vemos desfilar todas las posibles facetas de la condición humana: el miedo, el reconocimiento del otro, el sentido de pertenencia, las condiciones que la sociedad impone.

Pero Los restos del día es, sobre todo, una novela de amor; de amor contenido, de amor imposible, de fidelidad a un sentimiento más que a una persona. El tono y la cadencia de esta novela son absolutamente ingleses, idiosincráticos; claramente Ishiguro usa su origen diverso para poner la lupa sobre la sociedad que lo recibió de pequeño. Es una postal, un corte en un tiempo fuera del tiempo, una novela para leer y releer muchas veces.

“Los inconsolables”, de Kazuo Ishiguro

“Los inconsolables”, de Kazuo Ishiguro

El flamante ganador del Nobel de Literatura 2017 ha escrito relatos, novelas y guiones que siempre han dado mucho que hablar y que lo han colocado en un lugar de prestigio internacional. En Los inconsolables (1995) vuelve sobre las mismas formas de escritura: una especie de monólogo interior o sueño freudiano en el que el personaje principal, Ryder, un pianista a punto de dar un concierto en un país extranjero, entra en una especie de trance emocional llevado por sus miedos e inseguridades a un grado de ansiedad y disconfort que sume al lector en una angustia particular. El miedo a fallar, el miedo a no estar a la altura de las circunstancias. Una novela psicológica, muy bien construida. Una montaña rusa de emociones conocidas y temidas por todos.

“Nunca me abandones”, de Kazuo Ishiguro

“Nunca me abandones”, de Kazuo Ishiguro

Con Nunca me abandones (2005) entra en el terreno de la distopía y la ciencia ficción. No pierde, sin embargo, ese estilo tan particular de la construcción psicológica de los personajes. En este caso, y muy al estilo atwoodiano, la distopía no ocurre en un tiempo demasiado lejano sino a finales del siglo XX en una Inglaterra devastada por las guerras donde los clones, la donación de órganos y la imposibilidad de vivir en libertad vuelven la vida insostenible. Es una novela agobiante, lejana a la vez que profundamente inmersa en los miedos que dejó un siglo de extrema violencia y avances tecnológicos que por un lado han aportado mejoras, pero no han cesado de generar cuestionamientos bioéticos. Sigue Ishiguro, en su sexta novela, apostando al monólogo interior, a los edificios que somos los seres humanos, con sus puertas, sus escaleras, sus escondites y sus ventanas luminosas. Con ecos de Camus, o Kafka, Nunca me abandones fue nominada a varios premios literarios y está considerada como una de sus mejores novelas. Existencialista, oscura y atrapante.

Donde todo comenzó

Tras varios relatos en colecciones colectivas, la primera novela de Kazuo Ishiguro fue Pálida luz en las colinas (1982). Es la semilla de toda su obra. Comienza con la descripción de su protagonista, una mujer japonesa llamada Etsuko, que vive hace muchos años en Inglaterra. Este relato nos encuentra presenciando la conversación entre esta mujer y su hija menor, Niki. La conversación gira en torno a los recuerdos que Etsuko tiene de Japón y al suicidio de su hija mayor, Keiko. Parece ser que Ishiguro necesita narrar todo el bagaje cultural de su familia, lo desmenuza, se exorciza para poder ser un autor inglés y no un autor japonés que vive en Inglaterra.

“Pálida luz en las colinas”, de Kazuo Ishiguro

“Pálida luz en las colinas”, de Kazuo Ishiguro

Hoy ganó el Premio Nobel de literatura por “su gran fuerza emocional”, que está dada por una profunda exploración de la condición humana, sus claroscuros, sus miedos. Sobre todo sus miedos. Y claramente “devela el abismo debajo de nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo”, ese sentido del que nos asimos para dar respuesta a esas inseguridades, a ese vacío existencial que la mayoría de las veces necesitamos obviar para poder seguir adelante con nuestras vidas. Los personajes de Ishiguro saben esto, y nos lo enrostran. No tenemos más opción que mirar y caer para descubrir que no estamos tan solos.

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